Lo que no sale en el anuncio de Campofrío

23 dic

Lo malo de que bloguear no sea la principal actividad de uno, es que en ocasiones la gente se te adelanta cuando quieres publicar sobre un tema determinado. Y además, lo hacen mejor. Es lo que ha pasado cuando estaba intentando escribir sobre el mal gusto que me dejó nada más verlo el anuncio de Campofrío, que queriendo repetir las cinco jotas de la entrega de 2012 –aquella impresionante reunión de humoristas en torno a la tumba de Gila- no han conseguido otra cosa que una paletilla mal curada, criada con pienso rancio de tópicos que le recuerdan a uno a épocas de subdesarrollo y complejo de inferioridad.

Pero ya digo, otros han corrido más. No hace ninguna falta que recomiende el magistral post de Iñigo Saenz de Ugarte publicado en El Diario.es, que bulló en cuestión de minutos a merecidísimo Trending Topic. Lo malo es que el tío ya ha contado de sobras todo lo que yo tenía en cartera, y algunas cosas más. Ante un caso así la opción es envainársela y respetar a los mayores, pero como creo que en breve el spot, si nadie lo remedia, tras su espectacular recorrido por la web comenzará su emisión en las televisiones, quizá aún quede sitio para apuntar un par de cosas.

Y la primera de todas es dejar claro que ni queriendo podrían haber conseguido un anuncio más deprimente.

Tiene, quién lo duda, una realización irreprochable –faltaría más estando a cargo Icíar Bollaín- y el protagonista es, simplemente, perfecto. Un Fofito de nuevo en plena forma secundado por Santiago Segura y Enrique San Francisco, y con la aparición estelar de un buen número de cómicos y actores. Todo con la idea de redactar lo que llaman El Curriculum de Todos, donde se recogen todos los motivos por los cuales, a pesar de la que ha caído y está cayendo, tenemos que sentirnos felices e incluso orgullosos de ser españoles. Que las cosas pueden estar muy mal, pero somos un pueblo cojonudo, que disfruta de logros y privilegios muy notables, que a menudo tendemos a olvidar.

Aquí es donde comienza el desbarre. Ya se ha comentado en otros sitios lo paupérrimo de esos supuestos logros –un país con cuatro idiomas, pero con un nivel sonrojante de dominio de lenguas extranjeras, siete premios Nóbel, que es una cifra ridícula comparada con cualquiera de los países que nos rodean, los recursos fáciles al cine y al deporte, y por Dios, otra vez El Quijote y la Generación del 27, tan citados para quitarnos complejos de encima como poco leídos o frecuentados- pero a mí me llama más la atención todo lo que no se menciona en la lista.

De entrada, llama la atención la ausencia de nombres propios. Un país que, teóricamente, ha conseguido tanto, debería contar con algunas referencias incontestables. Pero no. Se habla de premios Nóbel, de generaciones literarias, de Óscar, quizá sabiendo que en un país tan envenenado como este, si se menciona en concreto a una persona que haya logrado un reconocimiento internacional, nunca faltará gente dispuesta a escupirle en la cara. Sigamos con los premios Nobel y veremos que el último –Cela- se otorgó hace ya 23 años, y que el último (o el segundo, como prefieran) otorgado en el campo de las ciencias, hace 53 y su ganador fue Severo Ochoa, exiliado en Estados Unidos tras la criba en el mundo académico y científico perpetrada por el franquismo.

En el anuncio hay una carencia total de logros en los campos de la ciencia, la investigación, el crecimiento académico, la influencia social o política. Y la hay porque nuestra aportación en esos campos no existe, o no se conoce. ¿No nos hubiera gustado escuchar a alguno de los artistas invitados diciéndole a Fofito cosas como “”Oye, y diez universidades entre las mejores del mundo””, “¡Cinco mil patentes registradas en diez años!”, “Veinte empresas internacionales!” “¡Y los científicos, que vienen de fuera a nuestros laboratorios para trabajar!” “¡Publicamos setenta mil libros al año, y nos los leemos todos!” “¡Eso, porque tenemos el índice de comprensión lectora más alto de Europa!”?

¡Ah! Y el silbo gomero…

Si cerramos los ojos a todo lo que hemos hecho mal, si nos apegamos a un patriotismo blando y unas fórmulas de consolación que ya eran viejas en el franquismo, ocurrirá una cosa: que cuando comencemos a salir de la crisis no habremos aprendido nada de las carencias que han hecho que se haya cebado especialmente con este país. Seguiremos siendo un pueblo atrasado, apto sólo para recibir turistas y megacasinos. Y nadie se preguntará por dónde podríamos empezar a mejorar. ¿Para qué? Es mejor tener claro que lo que ocurre es que en Europa, empezando por la Merkel, nos tienen envidia por este sol tan maravilloso. Y por eso nunca ganamos en Eurovisión.

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