La vida después de Megaupload

22 Ene

Cuando todavía no ha terminado de posarse el polvo del ataque, el cierre por las bravas de Megaupload está siendo el tema principal de numerosas batallas secundarias en la red, entre quienes lo condenan apelando a su dudosa legalidad –la mayoría- y quienes lo justifican argumentando que la sangría de dinero que estaba sufriendo la industria de contenidos justificaba tomar medidas drásticas. No es raro encontrar en el primer grupo defensores acérrimos de esas descargas que llevan “la cultura” a todos los ciudadanos (con grandes aportaciones como la quinta entrega de The Fast and The Furious, la película más descargada de 2011) y son completamente legales, además de que “no hacen mal a nadie”. En el segundo grupo abundan, como era de esperar, los que las consideran un delito puro y simple.

Quizá no sería el momento adecuado para volver a entrar en esa ya vieja polémica, porque el raid contra Megaupload no es una buena noticia para nadie: no lo es para quienes defienden las descargas –por motivos obvios-, pero tampoco para los que siempre nos hemos opuesto a este uso y abuso del todo gratis. Y por varias razones.

Que una cosa así se veía venir estaba claro cuando se unía el volumen de dinero que las descargas arrebataban a la industria con la capacidad de presión de los grupos empresariales que basan su modelo comercial en la explotación de esos contenidos. Pero quisiera aclarar que cuando digo que se esperaba “una cosa así” pensaba más bien en una iniciativa legal, como las que estaban en marcha en varios países europeos, por no hablar de la controvertida, y bastante abusiva, ley SOPA, no en una intervención de película –ya que de películas va la cosa, al menos en muchos casos- con detenciones, solicitudes de extradición, cierre de páginas y acusaciones criminales, que ha abandonado el terreno de Veredicto Final a favor de los métodos de The Expendables.

Esta operación, que se ha llevado por delante tanto a justos como a pecadores –Megaupload también tenía usos sin ninguna relación con la descarga de contenidos culturales, y necesarios para muchos consumidores- le ha dado la vuelta al procedimiento habitual: en lugar de intentar frenar las descargas mediante la instauración de leyes, que pasan años en el limbo demoradas por recursos, apelaciones y veredictos mientras las páginas siguen tranquilamente abiertas, ahora son los detenidos los que tendrán que iniciar un proceso judicial que se adivina prolongado para recuperar su página, y durante el cual su empresa permanecerá cerrada. Esta temporada sin poder operar puede ser letal para cualquier empresa que desarrolle su actividad de forma principal en la red. El tiempo y la incertidumbre corren a partir ahora a favor de la industria de contenidos, no al revés.

Y esta es la clave de otro problema al que nos podemos enfrentar en el futuro: si algo bueno han tenido las páginas de intercambio y descarga de archivos, es que han obligado a la industria de contenidos a modificar su política, siempre conservadora y nunca dirigida al consumidor –tendremos que hacer otro día un poco de historia y hablar del vídeo, los CDs, los DVDs, etc-, y han forzado a sus empresas a ofrecer música, películas y series en Internet, a reducir los precios y aumentar las ofertas en soportes físicos, y a disminuir el plazo en el que estos contenidos quedaban disponibles en la red.

Si el FBI elimina a patadas al digamos, mercado alternativo ¿podemos esperar que sigan en esta dirección? Una industria sin piratas ¿ocupará el hueco dejado por estos y pondrá en marcha servicios de visionado y descarga legales, inmediatos y a precios razonables… o aprovechará para dar marcha atrás, y volveremos a ver estrenos en Blu-ray a 24 euros porque sus dueños saben que ha desaparecido cualquier otra alternativa de conseguirlos?

Después de los abusos de los usuarios, y del abuso de gobiernos y legisladores, un futuro sin Megaupload y equivalentes podría llevarnos ante un tercer abuso: el de unos dueños de contenidos que sólo tendrían que competir entre ellos mismos… y actuaran en consecuencia pensando sólo en ellos mismos. Como ocurrió antes de la llegada de Internet, y como podría volver a ocurrir después. El futuro sin descargas podría ser muy bien un retorno al pasado.

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Una respuesta to “La vida después de Megaupload”

  1. Alicia 2012/01/22 a 9:07 pm #

    totalmente de acuerdo, además de ser una maravillosa excusa para meter un control en la red. Lo que pasa es que tampoco se puede aguantar el ‘todo gratis’ que ocurre en España más que en ningún sitio casi del globo. También estas personas que se descargan indiscriminadamente todo lo que les apetece tienen su responsabilidad en todo lo que está ocurriendo.

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