Sherlock Holmes ya no fuma

28 Ene

Sherlock Holmes nunca se va del todo. Como todos los grandes personajes de la literatura, es sometido a revisiones periódicas que impiden que pase el tiempo suficiente para echarlo de menos. Como puede ocurrir y ocurre con Drácula o Tarzán, la puntería de esas revisiones es bastante diversa. Ahora mismo, el cine y la televisión se reparten las dos última adaptaciones, el primero con Juego de Sombras, la nueva entrega de la franquicia dirigida por Guy Ritchie, y la segunda con Sherlock, la serie de la BBC que traslada al detective al siglo XXI, y cuya primera temporada acaba de emitir Antena 3.

Poco Holmes y mucho artificio.

Sobre la película de Ritchie, hay poco que decir: casi podría pensarse que lo que han buscado de Robert Downey Jr es que interprete a Tony Stark interpretando a Sherlock Holmes (Jude Law esta mucho más afinado como Watson), y lo han situado en medio de una trama a ritmo de videojuego, sazonada con abundantes explosiones y decorados por ordenador que, como ha apuntado certeramente el crítico Ángel Sala, podría haber estado protagonizada igualmente por Sherlock Holmes que por Jack Sparrow, y que se está convirtiendo en la norma de Hollywood a la hora de “actualizar” para la pantalla a los clásicos de la literatura popular.

La serie de TV tiene bastante más interés. Ya se sabe que el personaje de Holmes puede funcionar perfectamente en nuestra época: lo hemos podido comprobar precisamente en otra serie, House, cuyo creador, David Shore, nunca ha ocultado que su protagonista es una traslación de Holmes al entorno de la medicina moderna, (y cuyo éxito parece haber influido a su vez en la serie de la BBC, pues la interpretación de Benedict Cumberbatch recuerda a la de Hugh Laurie en no pocas escenas). Pero Sherlock ha intentado trasladar al siglo XXI todo el universo holmesiano, incluyendo personajes secundarios, casos clásicos y -esta sería la parte más difícil-, las técnicas de deducción del protagonista.

"¿Twitter? Watson, no sé si es una buena idea..."

Si ver a Sherlock utilizando un smartphone y a Watson narrando los casos de su amigo en un blog puede parecer chocante, conviene recordar que, ya en las historias originales de Conan Doyle, Holmes es un usuario entusiasta de la tecnología más avanzada de su época: lée concienzudamente la prensa del día, confía plenamente en los horarios de trenes, barcos y carruajes cuando se trata de desplazarse o de seguir a un sospechoso, y los telegramas son su medio de comunicación preferido. No es de extrañar que su contrapartida del presente recurra a todo lo que puede ofrecerle el mundo digital. Más dificultad plantea la traslación de la ciencia que emplea Holmes en la época victoriana para resolver sus casos, y que ya fue puesta en duda por autores como Isaac Asimov, que en su artículo Sherlock Holmes Como Químico resaltaba las imprecisiones sobre la materia cometidas por detective y autor. Imprecisiones aparte, no tiene ya mucho sentido ser capaz de identificar cualquier marca de tabaco partiendo de la ceniza, en un mundo donde lo que procede es analizar las colillas de los cigarrillos en busca de muestras de ADN.

La serie es consciente de estas limitaciones; por ello no comete el error de trasladar los casos antiguos –lo que se conoce en terminología holmesiana como “El Canon”- directamente a nuestra época, sino que fabrica sus guiones a partir del material más aprovechable de los mismos, escogiendo los hechos y procesos de más fácil adaptación En ocasiones, empero, confía demasiado en la indulgencia del espectador: en El Signo de los Cuatro, Holmes deduce la existencia de un hermano alcohólico de Watson a partir del reloj de bolsillo que este ha heredado; Estudio en Rosa, el primer episodio de la serie, recrea la escena sustituyendo el reloj por un caro smartphone. En la novela de Conan Doyle, Holmes deduce que el propietario original del reloj era un alcohólico por los numerosos rasguños que hay alrededor del agujero donde se introduce la llave para darle cuerda, consecuencia de llevar a cabo la operación por la noche, cuando está más bebido; en la serie, los arañazos aparecen alrededor del puerto mini USB donde se conecta el cargador, en lo que parece una equiparación de actividades un poco traída por los pelos.

Más que indignarse por los cambios, los sherlockianos puros disfrutarán localizando en la serie las múltiples referencias a las historias originales: la frase de Holmes “yo estoy perdido sin mi Boswell” donde equipara a Watson con el autor de la monumental biografía Vida de Samuel Johnson, se convierte en “yo estoy perdido sin mi blogger”; las cinco semillas de naranja, que constituyen el título de una de las aventuras originales, se mencionan en el tercer episodio, donde también aparecen los planos del Bruce-Partington, que ahora no es un submarino sino un misil, y están guardados en una llave USB. Pero la referencia más notable a los libros probablemente sea la sustitución del tabaco (un Sherlock Holmes que no fuma es como un James Bond célibe) por parches de nicotina, con lo que su célebre frase “un problema de tres pipas” con la que define los casos complicados cuya resolución requiere un consumo elevado de cachimbas, se convierte en “un problema de tres parches”; curiosamente Watson, que no debemos olvidar es médico, le advierte de los peligros del tabaco, pero no del riesgo de recibir de golpe una dosis triple de nicotina en el organismo.

No es de extrañar el éxito de la serie, tanto entre sherlockianos como entre quienes se acerquen por primera vez al detective; se agradece el reducido número de episodios, que impediría un descenso de la calidad. Personalmente, el único fallo que señalaría es la personalidad de Holmes, que incide en unos aspectos desagradables del personaje que no recuerdo haber visto nunca tan marcados en las historias originales: Holmes puede ser huraño, pero no insensible, y sólo es brusco o grosero en contadas ocasiones, disculpándose la mayoría de las veces. Tampoco aparece por aquí su simpatía ni su sentido del humor, perfectamente reflejadas en aquellas traducciones de Amando Lázaro Ros con las que Holmes se dio a conocer al lector español. Watson, en cambio, está, como en la película de Ritchie, mucho mejor utilizado, y muy lejos de la imagen de viejecito alelado con que el cine y la televisión nos lo han presentado en tantas ocasiones.

Puede que este nuevo Holmes ya no fume; pero la serie de la BBC no es, desde luego, baja en nicotina.

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4 comentarios to “Sherlock Holmes ya no fuma”

  1. Helga Solares 2012/01/28 a 8:47 pm #

    Muy interesante y acertado. Es verdad que me ha gustado mucho el personaje de Watson en la película de Ritchie y que RDJr. es como un Stark queriendo ser Sherlock. De todas formas la peli tiene lo suyo y es entretenida 🙂

  2. Vicente F. de Bobadilla 2012/01/28 a 9:35 pm #

    Esa es la cuestión; claro que es entretenida. Ha sido pensada para serlo. Pero su protagonista ¿es Sherlock Holmes o podría ser cualquiera?

  3. Maxim 2012/01/29 a 1:26 pm #

    Buen artículo! Holmes hoy en día seguramente no fumaría aunque no estoy tan seguro de que renunciara a las drogas para combatir su aburriento y melancolía

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/01/29 a 5:05 pm #

      ¡Gracias! Yo creo que sí que fumaría, hay que tener en cuenta que para él el tabaco era una manera más de estimular su actividad cerebral.

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