El segundo éxodo de la ciencia española

19 Feb

Si necesitábamos más evidencias sobre el carácter tercermundista que poco a poco estamos recuperando como país, aquí tenemos una: científicos españoles se preparan para trasladarse a Argentina, que se muestra dispuesta a cambiar sus leyes para poderlos acoger. Lo de “tercermundista” no le digo en absoluto por los argentinos, que podrán beneficiarse de las grandes cantidades de talento científico que hay en España, tradicionalmente ignorando, cuando no directamente maltratado o vejado, por nuestra clase política. España nunca ha cuidado a sus científicos, ni ha valorado lo bastante lo que una apuesta decidida por el talento y la investigación pueden suponer para el futuro de un país.

Pero apoyar la ciencia, ya se sabe, es caro. Y, lo que es peor, incierto. Una línea de investigación puede prolongarse durante años sin producir resultados concretos, además de trabajar siempre bajo el riesgo de encontrarse con un callejón sin salida que obligue a volver a empezar. Demasiado para una clase política que sólo tiene la vista fija en lo que puede aportarle réditos en las próximas elecciones, y beneficios bastante más tangibles (muy tangibles, de hecho) en el muy corto plazo. Un auditorio que cueste el triple de lo presupuestado. Un aeropuerto sin aviones que, encima, necesita obras de acondicionamiento. Unos campeonatos de Fórmula 1 en la misma comunidad donde tienen que poner en marcha un ERE sobre sus centros de investigación, por ahorrar unas cantidades ínfimas comparadas con el dinero derrochado.

Tengo encima de la mesa un libro que, sospecho, pocos políticos se han molestado en leerse. Se titula La destrucción de la ciencia en España y resume la exposición organizada en 2006 por la Universidad Complutense sobre la depuración realizada en el franquismo sobre la mayoría de los científicos de la República. Ofrece la lista completa de fusilados, encarcelados y expulsados de sus carreras científicas bajo la acusación (que en ocasiones ni siquiera era cierta) de haber apoyado causas izquierdistas o haber participado en la Junta para Ampliación de Estudios, uno de los pocos intentos serios en la historia de España por salir de su sempiterno atraso en ciencia e investigación.

El éxilio fue la única salida para muchos de los que consiguieron escapar y, entre los países donde terminaron, México figura en un merecido y destacado lugar. Sus autoridades no dudaron en ofrecer refugio a decenas de científicos de diversas especialidades, lo que les permitió beneficiarse de su trabajo y sus conocimientos (sólo en el campo de la medicina, aceptaron a más de quinientos). Jose María López Sánchez, de la Universidad de Tamaulipas, ofrece en el libro un capítulo exhaustivo que provoca en el lector alivio por tantos compatriotas a los que se ofreció la oportunidad de rehacer su vida, y frustración al ver la cantidad de talento que la dictadura consiguió perder para España.

Ahora, por lo que se ve, estamos en las mismas, pero sin Guerra Civil ni Dictadura por delante. Formamos investigadores con un nivel académico lo bastante brillante como para que sea percibido por centros de otros países que están deseando adoptarlos, mientras aquí los responsables públicos no se han quitado las orejeras, y sólo piensan en recortes de todo tipo, antes que en invertir medios y tiempo –incluso en esta situación, y, podríamos decir, precisamente por estar en esta situación- en una de las pocas fuentes de crecimiento que, con el tiempo y la paciencia para organizar una estructura digna de tal nombre, garantizan la evolución económica de una nación.

Esto no es exportar talento, es –una vez más- echarlo del país. Pero no hay que desesperar: no me cabe duda de que, tarde o temprano, un científico español repetirá la ya lejanísima hazaña de Severo Ochoa y volverá a conseguir un Premio Nobel. Falta por ver bajo qué bandera se presentará para recogerlo.

Actualización, 21 de febrero, 20:50 h

Acabo de leer que el señor Wert, flamante Ministro de Educación, Cultura y Deportes, no le ha dado la menor importancia al éxodo de científicos, e incluso ha declarado en el Congreso estar muy satisfecho con él, ya que ello aumentará la preparación de estos investigadores cuando se decidan a volver. Desde luego. Estarán deseando regresar al mismo país que les ha echado recortando hasta lo absurdo los fondos de apoyo a la investigación.

Apenas han pasado tres meses desde las elecciones, y ya vamos obteniendo una buena serie de perlas que indican que este Gobierno parece obsesionado por quitarse los problemas de encima, menospreciando –o despreciando- a quienes los padecen. La intervención del ministro sólo indica prepotencia, chulerá y, en el fondo, un completo reconocimiento de su incapacidad para el cargo. Si así es como ha empezado, creo que podemos esperar que el futuro le brinde muchas oportunidades de superarse. Y que las aproveche todas.

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