Ya sé tuitear yo solito, gracias

1 Mar

El nuevo mejor amigo de los programadores

Es un poco difícil precisar cuándo comenzó el ataque, quizá hace un par de semanas, pero ya es, sin lugar a dudas, una invasión en toda regla. ¿Se han asomado a la tele en algún momento de estos últimos días? Habrán visto entonces que no importa el tipo de programa, desde un debate político o los sucedáneos que intentan pasar como tales, al último espacio de cotilleos, pasando por las nuevas series, o por remedos de magazines que no consiguen ni un 0,1% de audiencia en el canal más negruzco de la TDT: todos se han apuntado a la moda de Twitter, anunciando a pie de pantalla los respectivos hashtags que han creado para animar a la gente a utilizarlos mientras comenta el programa en directo en la red social de moda, con permiso de Pinterest.

Tanto esfuerzo por atraer la atención da, en el caso de los programas más desconocidos y desamparados, un poco de pena. Es también el último ejemplo de cómo Internet se ha creado gracias a iniciativas particulares que la industria ha intentado adoptar y dirigir una vez que han alcanzado dimensiones dignas de atención. La afición a criticar la televisión a golpe de tuit comenzó, me parece, con los espacios del corazón, que llevan en su propio ADN un afán de polémica que se proyectó de modo natural, sin el menor esfuerzo, hacia las redes. Los grandes eventos deportivos también se prestan bastante a esta práctica. Pero ahora parece que las cadenas necesitan ardientemente que la gente tuitée sin parar sobre todo lo que emitan, no se sabe muy bien si para analizar la impresión que el programa está dejando en el público, o para dejar en las redes sociales una muestra de su éxito. Y ello a pesar de que, como han indicado los responsables de algunos programas más comentados, alcanzar la categoría de Trending Topic no es sinónimo, ni mucho menos, de éxito de audiencia.

Comentar los programas de televisión es divertido. De hecho, la posibilidad de comentarlos es lo único que hace soportables a muchos de ellos. Pero no toda la televisión debe verse del mismo modo, y considerar que la programación entera es susceptible de entrar en esta moda, acaba siendo molesto. La concentración siempre ha sido –por lo menos hasta ahora- una ayuda imprescindible para disfrutar de ciertas creaciones, culturales o no, desde una buena película a un concierto o un libro, pasando incluso por una exposición , donde no por nada se ruega un silencio que hoy ya pocos respetan. Pero la fiebre de Twitter nos ha disparado la afición por el comentario permanente. Continuo. Cansino.

¿Podemos imaginarlo aplicado a otros ámbitos? No veo porque no, ya que quien más, quien menos lleva encima en todo momento su smartphone. Cuando hayamos olvidado el placer que nos proporcionaba el disfrute sosegado y silencioso, es cuando podremos sacar todo el partido a esta tendencia. En el cine desaparecerá la petición progresivamente inútil de que desconectemos los móviles y nos invitarán a sacarlos para tuitear en directo el desarrollo de las películas, por supuesto añadiendo el hashtag que nos indiquen. Lo mismo vale para el teatro: el hashtag estará indicado en el programa de mano, y ello nos permitirá lanzar minicríticas sobre la trama (“estaba claro que el asesino era el cuñado #laratonera”), los actores (“fulanita siempre ha sido mala actriz, pero aquí está para tirarla al pilón #cincohorasconmario”) o incluso el local (a ver cuándo ponen unas butacas decentes en el #teatroespañol”). Y no nos olvidemos de los conciertos, desde los macroeventos veraniegos (“vaya pedo lleva hoy el Keith Richards #rollingstones70aniversario”) a la nueva temporada de ópera en el Teatro Real (“¡qué expresión, qué delicadeza y qué sentimiento con O soave fanciulla! #laboheme”).

La red está ya demasiado llena de pesados como para que se les una ahora una nueva generación, impulsada por el inabarcable mundo de la TDT. No nos molesten, muchas gracias, que ya somos mayorcitos como para tuitear sin sus sugerencias. Además de que si lo comentamos todo en el mismo momento en que lo estamos viendo ¿qué nos va a quedar para el día siguiente en la oficina?

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