Primer domingo sin Público

4 Mar

Visitar estos días la web de Público es como pasearse por una casa medio destartalada por razones de mudanza o embargo. Cada vez son más evidentes los espacios vacíos a medida que se han ido retirando los muebles o, en este caso, el equipo humano. Se nota que sus periodistas intentan continuar, y se nota también que apenas tienen fuerzas ni medios (quiero creer que sí ganas y voluntad) para buscar y elaborar los contenidos necesarios con que alimentar de un diario nacional. En cambio, muchos de sus columnistas estrella, precisamente aquellos que viven más desahogadamente gracias a sus tertulias, programas y novelas, parecen haberse esfumado nada más darse cuenta de que se esfumaban también sus emolumentos. Eso sí, director y subdirector siguen activos… en Twitter.

Podría pensarse que una página web que declara 5,5 millones de usuarios únicos tendría ya mucho terreno abonado para convertirse en un negocio rentable tras la desaparición de su equivalente en papel. En cambio, según está denunciando la redacción, el empresario que puso en marcha el proyecto se ha aprovechado de la reforma laboral puesta en marcha por el mismo presidente del gobierno al que no ha parado de criticar para librarse del 84% de la plantilla a precio de saldo. Un magnífico ejemplo de la habilidad de la vida para poner continuamente a prueba nuestra capacidad de sorpresa.

Si no para otra cosa, el cierre de Público ha servido para ver la lozanía de que siguen gozando algunas enfermedades endémicas de este país. Vamos a dejar aparte a miserables como Hermann Terstch, que se llenan de dignidad impostada para declarar su complacencia por la desaparición de “prensa nazi y prensa como Público”, sin querer recordar el entusiasmo con que los verdaderos nazis han recibido siempre el cierre de todos los medios de comunicación que diferían de sus ideas. Casi peor ha sido eso tan repetido por otros muchos de “aunque no compartiéramos la misma ideología, lamento la desaparición de Público…” Que políticos y periodistas sigan recurriendo a esa muletilla de Perogrullo es un síntoma de todo lo que nos falta en España para ser demócratas de algo más que de boquilla. Aunque no compartamos la misma ideología lamento que se haya roto usted una pierna, se le haya quemado la casa, el cartel de Cali haya secuestrado a su mujer y sus cuatro hijos. Apliquemos este soniquete a estas situaciones, o a otras que se nos puedan ocurrir, y veremos nuestros disparates claros.

Hoy es domingo, el día de la semana donde más se puede disfrutar de la prensa. Los lectores de El País, El Mundo, ABC, La Razón, pueden entrar en sus respectivas webs, o mantener la tradición de salir al quiosco y comprar su diario favorito camino del vermú. Los lectores de Público se tienen que conforman con los rescoldos de un fuego que nadie parece interesado en reavivar, ni siquiera como estufa para los tiempos que se avecinan.

Este post no tiene ningún propósito claro. Sólo enviar un saludo.

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