Dejad a los periodistas ser periodistas

12 Mar

La verdad, no sé por qué se ha armado tanto revuelo con las declaraciones de María Dolores de Cospedal donde acusa a los informativos de TVE de falta de parcialidad, o con la negativa de Javier Arenas a acudir a los debates electorales de Canal Sur porque no los considera territorio neutral. En ese sentido, la denuncia de la Federación Andaluza de Asociaciones de la Prensa donde rechazan las acusaciones de manipulación “basadas en el desconocimiento de la clase política del ejercicio diario del trabajo periodístico y utilizadas como excusa para, una vez más, debilitar la imagen de la RTVA ante la ciudadanía como medio de información público e independiente” se agradece, pero llega un poco tarde; de hecho, con un retraso de décadas.

La tarea de demolición del periodismo español lleva muchos años en funcionamiento, y algunos de sus principales instigadores han sido, precisamente, periodistas incapaces de respetar la pluralidad de puntos de vista que es señal de la buena salud democrática de una sociedad. La cosa viene de lejos, desde que en los años 80 la prensa de la derecha acuñó el sambenito de “diario gubernamental” para referirse a El País, e inició después una campaña contra todas las empresas y profesionales del Grupo Prisa, poniendo, quiero pensar que de modo no completamente consciente, el huevo de una serpiente que desde entonces no ha dejado de crecer.

Entrar en detalles sobre la historia sobrepasaría las capacidades de este post, pero a lo largo de todos estos años los intentos de desprestigio de la profesión se han ido haciendo cada vez más frecuentes, tanto por los entusiastas del periodismo de trinchera, como por los políticos dispuestos a tapar sus desmanes con excusas conspirativas (“¡ese artículo donde se me acusa de corrupción se ha publicado por orden directa de Rubalcaba!”), por los directores de boletines digitales donde se hace cualquier cosa menos periodismo y no ven el momento de la desaparición de una competencia profesional y, por último, por una buena parte del público, precisamente la que menos aprecia la pluralidad, la más desinformada, y la más dada a cuestionar la integridad de cualquier organismo o estamento que no se porte como ellos esperan, con ese lloriqueo que tienen siempre a punto: “¡esto no es una democracia!”.

¿Podíamos haber detenido esto en algún momento? ¿Podían haberse hecho oír algunas voces respetadas del gremio –si es que queda alguna después de años de insultos y de estiércol a paletadas- para avisar de que difícilmente podíamos esperar el respeto del público si antes no procurábamos mantener el respeto mutuo? Incluso en la situación actual, donde el desprestigio de los medios y por los medios ya es una costumbre cotidiana, que crece abonada por la falta de medios y la abundancia de intereses creados, quizá aún estemos a tiempo.

El manifiesto de la FAAP no puede quedarse ahí. Las acusaciones a la profesión, vengan de quien vengan, y esto incluye a los propios medios de comunicación, deben ser contestadas, y la necesidad y el prestigio de los periodistas, recuperada. Pero lo más importante es que la profesión trabaje para que los ciudadanos perciban de nuevo la necesidad de una prensa libre a independiente en el funcionamiento de las sociedades democráticas. Sin pretender que nadie tenga la exclusiva de esa independencia. Porque algo vital se rompió en este país cuando algunos periodistas pasaron de buscar la verdad a arrogarse su posesión.

Los periodistas siempre han trabajado mejor sin presión; a lo mejor por eso hay tantos interesados en no dejarles tranquilos.

 

 

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Una respuesta to “Dejad a los periodistas ser periodistas”

  1. Almudena 2012/03/12 a 10:03 pm #

    Me gustaría pensar qe los periodistas somos notarios de la realidad. Pero no es así. Somos contadores de las historias. De las historias que observamos. Y eso implica una opinión. Porque nos puede parecer rosado el cielo cuajado de nubes, o azul con nubes rosadas.
    Sólo aspiro, como periodista, que quien me lo cuente sea honesto. Y lo haga desde el convencimiento de su visión. Para valorar y contrastar tenemos la libertad de prensa. Que su criterio no sea comprado, no reaccione a los señuelos, a los sobornos… Eso es ética. Y se demuestra con el tiempo.

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