Andrés Trapiello y los empachos

19 Mar

Desde hace tiempo me cuento entre los lectores de los diarios con los que Andrés Trapiello recopila lo que le va pasando a lo largo de cada año, y lo edita y novela antes de presentarlo para hacer las delicias de un número cada vez mayor de seguidores. Este que he terminado ahora, Troppo Vero, recoge los aconteceres correspondientes a 2002. No es el más reciente de los publicados, pero sí de los que he leído y, aunque la idea y la estructura no hayan variado, se aprecian diferencias respecto a los tomos iniciales.

Primero, por la extensión, que en este caso se acerca a las 800 páginas, y segundo, por la propia evolución del autor, que a medida que transcurren los años va asentando su posición y su fama como escritor e intelectual, y por tanto, multiplicando su presencia en bolos, actos públicos y medios de comunicación. Lo cual le proporciona mucha más munición a lo que siempre ha sido para algunos uno de los mayores atractivos de estos diarios: sus ataques a colegas y contemporáneos, con unas identidades lo suficientemente poco disfrazadas como para publicarlos haciéndose la ilusión de que se queda con la conciencia tranquila. Como aún no he leído los tomos posteriores, no puedo afirmar si la artillería va in crescendo, pero abundan los motivos para sospechar que sí.

Claro que Trapiello también puede aducir que él tampoco tiene la culpa de que a lo largo del año reseñado en Troppo Vero haya muerto Cela, que a los pocos meses Umbral le haya dedicado un libro envenenado a su antiguo amigo y maestro, que García Márquez publique sus memorias, que fallezca Chillida o que Javier Marías saque libro y se meta con él. Si es que van provocando. Así que las descalificaciones, los cotilleos y las burlas ocupan páginas y páginas, y se complementan con otras víctimas, como Antonio López o José Hierro, cuyo único pecado consiste en haberse cruzado en un desafortunado día con el autor, bien sea de palabra o de obra.

El problema es que al final ya te sabes lo que va a venir, y supongo que los espíritus más genuinamente españoles en el peor sentido de la palabra, se relamerán anticipando la próxima andanada. Otros podríamos pensar que este señor está cada vez más inaguantable, a lo mejor porque nuestro apetito de maledicencia se queda satisfecho con un par de tapas, y lo de Trapiello es ya un menú de degustación de quince platos. No se escapa tampoco el entramado público cultural, con su política de subvenciones que el autor crítica en unas páginas, para retratarse en otras presentando, sustancioso cheque mediante, una edición del Quijote a cargo del Ayuntamiento de Madrid que califica sin complejos de “horrible” (la edición, no el ayuntamiento) y recibiendo a renglón seguido el Premio de la Comunidad de Madrid que, como él mismo indica, “viene acompañado”.

Lo que tenía gracia en otros tomos, aquí llega a empachar. Se agradecería alguna sugerencia constructiva sobre cosas o gentes que de verdad le gustan al autor, como ese sorbete de apio que te dan en algunos restaurantes, entre plato y plato, para que el estómago descanse. Y las hay: Arcadi Espada, Ramón Gaya, Sánchez Ferlosio, Jiménez Lozano. Bienvenidos sean, sobre todo en el caso de los dos últimos, pero ni siquiera los elogios aparecen sin mácula, y utiliza las páginas que comparte con Sánchez Ferlosio para lanzarle un par de puñaladas extra a Marías, con quien mantiene un enfrentamiento que se va aproximando tomo tras tomo al odio africano (y mutuo) .

Bueno, y entonces usted ¿por qué narices se los sigue leyendo?, se podría preguntar. Pues porque lo mejor de estos diarios sigue ahí: una prosa irreprochable, que engancha y hace imposible soltar el libro, haciendo brillar además el vocabulario español como pocos escritores pueden, la narración de situaciones cotidianas, la descripción de las calles y las gentes, los aforismos, las crónicas de Las Viñas, el Rastro, los libros de viejo, su amor por los clásicos –mucho Cernuda y Juan Ramón Jiménez en este tomo- y párrafos que justifican seguir visitando el Salón: “”Hablabla mucho. Y la errata de hoy, más que errata, parecía un ratoncito de biblioteca, muy simpático, tan silente, entre mis libros, mirándome con sus ojillos maliciosos”. Lástima que todo esto aparezca cada vez más enmarañado entre lo otro, oculto entre el ruído y el humo de las descargas de fusilería, que ya no se sabe ni si son sinceras o si las incluye para no defraudar al público expectante.

Anuncios

4 comentarios to “Andrés Trapiello y los empachos”

  1. X. Ll. 2012/03/19 a 3:55 pm #

    En los diarios de AT, inigualables, no se “fallece”; se muere.

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/03/19 a 4:41 pm #

      Bueno, pero en este blog se puede fallecer también, e incluso fenecer o pasar a mejor vida… Y no se confunda, estoy tan enganchado a ellos como usted.

  2. Nieves 2012/04/15 a 4:40 pm #

    Sería cosa de contar las páginas pero yo diría que las cargas de fusilería ocupan más bien poco espacio en la totalidad del Salón. Otra cosa es que se acabe hablando más de ellas que de otros pasajes que no son peores. Después de muchos años leyendo a AT tampoco tengo la sensación de que los personajes, digamos zaheridos, lo sean porque pasaban por allí. A mi modo de ver AT tiene una gran capacidad de admiración (por las personas, los lugares, las cosas…) y ninguna de idolatría. Estamos un poco acostumbrados a que las cosas sean al revés: unos jugadores de futbol ganan un campeonato y todos se ponen a hablar de su bondad(en el sentido moral) , a un escritor le dan un premio(el que sea) y se convierte en baluarte de lo que se dice la cultura… Y entonces llega Trapiello, que es antes que nada un grandísimo lector y tiene el talento de ver lo que vale cada cosa y nos hace ver que Alberti no es mejor poeta (y probablemente tampoco mejor persona) que el preterido Rosales. Y al principio todo el mundo se hace lenguas de la malevolencia de AT, y van pasando los años y la verdad se va haciendo sitio y todos venga a sumarse a lo que dice AT,pero por lo bajines.
    Disculpe la extensión, pero solo quería decir que a AT lo veo magnánimo y benevolente, siempre dispuesto a salvar y a valorar lo que merece ser admirado(en la literatura, en los lugares, en las cosas) Piense en la cantidad de escritores de los que habla maravillas (de Juan Ramón a Vicente Risco o Carlos Pujol) Si ningunease a Pujol y adulase a Marías, estas discusiones no se plantearían: pero nadie haya leído a Pujol tragará por ejemplo nada de Marías.

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/04/16 a 9:09 am #

      Hola, Nieves. Ningún problema con la extensión, por favor, aquí el único motivo por el cual un comentario no entra es más bien por el tono, usted ya me entiende. No se trata de contar las páginas, sino de la sensación que uno ha ido teniendo con la lectura de estos diarios en orden cronológico. En este último caso, me he quedado un poco abrumado.
      Precisamente lo que más me ha gustado siempre de los diarios de Trapiello ha sido todo lo que no se refería a la polémica con otros escritores. El Rastro, Madrid, Las Viñas, Italia, los libros de viejo y las cosas que le iban pasando en general. Es el primer tomo que me leo donde he encontrado todo eso más o menos ensombrecido por lo otro. Claro que uno está de acuerdo con muchas de sus opiniones, pero otras le pueden parecer ofensas casi gratuitas en alguna ocasión.
      En fin, de todos modos he visto que ha salido en bolsillo “Siete moderno” (los diarios me los compro en la edición de Destinolibro, que es una colección que siempre me ha encantado), así que qué quiere que le diga, caerá en breve… No tenemos remedio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: