¿46.000 firmas por la ciencia? Muchas son…

27 Mar

Hace unos días, metí aquí un post donde, parodiando a una gente que no tiene nada de divertido, comentaba las iniciativas del colectivo científico para protestar contra la política de recortes en I + D, entre las que se contaba la recogida de firmas para una Carta Abierta por la Ciencia en España. Hoy una delegación de científicos encabezada por Juan Luis Arsuaga ha presentado esa carta en el Congreso de los Diputados, informándose además del número de firmas que la apoyan: 46.000.

La verdad es que la cifra varía según el medio que se consulte: algunos hablan de 42.000 y otros de 43.000… el récord a la incongruencia puede que lo tenga El País –arriba les he dejado el link- que habla de 46.000 en el titular y de 42.000 en el cuerpo de la noticia. Da igual. Sigue siendo una cifra ridícula, cuando la comparamos con la importancia del tema que estas firmas pretenden respaldar.

Quiero creer que esta cifra se debe a que la recogida de firmas se ha limitado en buena parte a los colectivos académicos y profesionales relacionados de un modo o de otro con la ciencia y la investigación, y que en ningún momento se ha intentado expandirla al grueso de la población. Quiero creer eso, porque si no estaríamos hablando de que sólo un 0,1 por ciento de los españoles estaban dispuestos a apoyar a la ciencia y quienes trabajan en ella. Y es un porcentaje demoledor. Cualquier manifestación, incluso las convocadas por los motivos más absurdos, consigue más seguidores. Pero me temo que si se intentara pasar esta iniciativa de las firmas a una concentración en la calle, el resultado sería un completo fracaso. Y un cheque en blanco al Gobierno y al señor Wert para que terminaran de cortar las pocas cuerdas que aún sustentan a la ciencia en nuestro país.

Este desinterés puede explicarse no sólo por la falta de tradición científica en España, sino también por la carencia de una educación científica elemental. O, mejor dicho, de un interés por conocer, si no los vericuetos de una disciplina, sí al menos los campos en los que investiga y todo lo que esa disciplina puede darnos. En el bienestar de nuestra sociedad, en la ampliación de nuestro conocimiento, y en aplicaciones prácticas que –siempre- tardan en llegar, pero en las que se basan las patentes y líneas de trabajo sobre las que se termina asentando una economía digna de tal nombre.

Tenemos bocazas que intentan destruir la Teoría de la Evolución o la investigación con células madre basándose en argumentos apoyados en un oscurantismo propio de tiempos que deberían estar ya olvidados. Conocidos que han recibido una buena formación académica, pero que defienden que eso del viaje a la Luna fue una invención de los americanos. Ignorantes que corrigen con petulancia a catedráticos de astrofísica en la sección de comentarios de los periódicos. Y gente como Iker Jiménez con programa propio en la Cadena Ser. Con estos mimbres predominando, queremos que en España hagamos por la ciencia algo que no sea ignorarla y despreciarla, con un desprecio que se apoya precisamente en la ignorancia consentida, e incluso fomentada, por una clase política preocupada sólo por los resultados a corto plazo, que contempla la labor de un colectivo de trabajo paciente, silencioso y necesariamente lento, a pesar de todo lo que tiene que ofrecer a la sociedad que dicen gobernar.

Cuarenta y seis mil firmas. Ahora que lo pienso, demasiadas han sido.

 

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