Periodistas, agresiones y huelgas

31 Mar

Ocurrió en una de las huelgas generales anteriores, hace ya bastantes años. Un colega que había estudiado conmigo en la Facultad informaba en directo del desarrollo de los paros para una cadena privada de televisión, cuando de repente se la llevó en toda la boca por parte de un piquetero que no terminaba de estar de acuerdo con su punto de vista. Fue una agresión brutal en toda regla, emitida en directo, que hoy está guardada en los archivos de la cadena. Lo que pasa es que nadie se anima a recuperarla, porque mi colega ha tenido una carrera de mucho éxito –no como la de otros- y hoy ocupa puestazo en la dirección de informativos del susodicho, y no dicho,- canal.

Ahora hemos pasado por otra huelga general, con su correspondiente ración de agresiones a la prensa. En esta ocasión les ha tocado a medios conservadores, como La Vanguardia, o situados muy, muy, muy a la derecha, como es el caso de Intereconomía o Libertad Digital. Algunos de estos medios llevan semanas atacando de frente a los sindicatos, promoviendo trolas que buscan ser dañinas como la del Rolex de Cándido Méndez, o insultando abiertamente a quienes han secundado la huelga. Por no hablar de su cobertura posterior, con deformaciones de la realidad que han comenzado en el mismo tratamiento gráfico, y titulares que ya parecían decididos y escritos hace bastantes días. Y lógicamente, ninguna de estas prácticas sirve para justificar la menor agresión física contra los trabajadores de dichos medios.

Los excesos y manipulaciones son los efectos colaterales que supone disfrutar de libertad de prensa, y como tales hay que aceptarlos. Si una persona o colectivo se siente ofendido o calumniado por lo que de él ha publicado o dicho un medio, tiene los tribunales para defenderse. Pero aquí se trata de otra cosa, porque los agresores ni siquiera tienen tiempo de sentirse ofendidos. Atacan a los periodistas mientras estos están cubriendo la información y, por tanto, no han tenido tiempo de escribir ni de transmitir nada. El logo de su medio es bastante para identificarlos y para presuponer lo que van a publicar. Es puro deseo de callar la boca por la fuerza. De impedir expresarse al que sabes que dirá algo que no te gusta. De reducir la pluralidad y dejar únicamente a aquellos que reflejan tu opinión.

Esta afición creciente a ir a por el periodista guiándose sólo por el medio para el que trabaja no es muy buen síntoma de por dónde vamos. Esta vez les ha tocado a medios de derechas, mañana será a los de enfrente. Y los que son de ideología contraria a los plumillas agredidos estarán felices. A lo mejor algún día maduramos como sociedad y aprendemos a abrirles la puerta también –o incluso con preferencia- a los medios de comunicación enfrentados a nuestro punto de vista. Pero como esa madurez no creo que nos llegue nunca, a lo mejor la solución es hacer como mi colega, e irse a trabajar a un medio que no esté demasiado significado ideológicamente. Para que, por lo menos, no haya nadie que se alegre cuando te sacudan.

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