Iker Jiménez y la patraña del Titanic

9 Abr

Lo malo de las supercherías es su resistencia al tiempo y los desmentidos. Sobre todo cuando en los medios sigue habiendo programas que contribuyen a su difusión. Resulta mucho más emocionante contar que el naufragio del Titanic fue predicho en una novela publicada antes de que tuviera lugar, que explicar claramente lo que pasó de verdad. Pero no le vamos a pedir peras al olmo ni contraste de los datos a Iker Jiménez y su Cuarto Milenio, que anoche nos deleitó con un especial dedicado a los sui dessus misterios del hundimiento del Titanic.

La historia sobre el libro que describía el naufragio es (lógicamente) casi tan vieja como el naufragio en sí, y lleva décadas rebotando por periódicos, revistas y programas de radio y TV, inmune a análisis o a busquedas de material que pueda contribuir a clarificarla. Así la resumieron anoche en Cuatro: Morgan Robertson era un escritor fracasado que, acosado por unas pesadillas en las que moría ahogado en un mar rodeado de témpanos, escribió una novela titulada Futility donde describía el naufragio del trasatlántico más grande del mundo (“el barco de mayor tamaño a flote y una de las obras más grandes creadas por el hombre”), que se hundía en su viaje inaugural tras chocar con un iceberg. Lo estremecedor es que el barco de su novela no sólo coincidía de manera asombrosa con las dimensiones y características del Titanic, sino que el escritor lo bautizó como Titan. En un libro publicado en 1898, es decir, catorce años antes del primer y último viaje del trasatlántico real.

La historia era demasiado rocambolesca para no terminar analizada por el ojo implacable de Martin Gardner, científico, divulgador y celoso perseguidor del gremio paranormal. En su libro Extravagancias y disparates dedica un par de artículos al tema, partiendo de la base de que la White Star, una de las principales navieras del mundo, pudo muy bien haber anunciado la construcción de su trasatlántico Titanic incluso antes de que Robertson comenzara a escribir su libro. Robertson no era en modo alguno el escritor fracasado que describieron ayer, sino el autor de unos relatos “de enorme popularidad”, ambientados todos en el medio marino. El barco de pasajeros más grande del mundo era, por lo tanto un escenario natural para una de sus novelas. Y que cualquier persona tenía conocimiento de su futura construcción lo prueba esta noticia, aparecida en The New York Times en 1892, seis años antes de la publicación de Futility, y que tanto Iker como el resto de predicadores de lo oculto tienden a olvidar cuando hablan del tema:

“La White Star Company ha encargado a los grandes constructores de buques Harland y Wolff, de Belfast, la construcción de un trasatlántico que batirá el récord en tamaño y velocidad. La nave tiene por nombre Gigantic, y sus medidas serán 200 metros de eslora por 20 metros de manga, con una potencia de 45.000 caballos (…) Tendrá tres hélices, dos colocadas como las del Majestic y a tercera en el centro. Estará listo para zarpar en marzo de 1894”.

Los parecidos del Gigantic con el Titan de la novela de Robertson son notables, pero es que además la White Star ya tenía una larga lista de buques colosales a sus espaldas, todos ellos con nombres acabados en “ic”: Oceanic, Britannic, Teutonic, Majestic. Aunque el Gigantic nunca llegó a construirse, resulta bastante probable que Robertson buscara un nombre similar para el enorme trasatlántico de su novela, eliminando el prefijo para evitar alusiones directas a la White Star. Titan aparece así no como una premonición, sino como una de las posibilidades más sólidas.

Añadamos eso a una ruta de navegación tan frecuentada entonces como era la del Atlántico Norte, y un desencadenante de la tragedia tan oportuno como un iceberg, y todos los presuntos elementos premonitores de la novela de Robertson se difuminan en favor de un escritor bien informado –de cuyas pesadillas premonitorias, por cierto, no existe una evidencia que vaya más allá del folklore publicitario– , que vio en el anuncio de una compañía naviera un magnífico tema para su próxima novela. Todo lo demás son sólo agujas de marear. Y en la novela de Robertson ni siquiera sale Leonardo Di Caprio…

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2 comentarios to “Iker Jiménez y la patraña del Titanic”

  1. Martín Gomez Baltazar 2013/01/22 a 6:31 pm #

    Muy buen articulo. Hace algunos dias pude ver el programa en cuestion y, lo que comenzó siendo un tanto interesante, terminó siendo (al menos para mi) un circo.
    Saludos desde Buenos Aires, Argentina.

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/01/22 a 8:58 pm #

      Gracias, Martín. La verdad es que mucha gente está leyendo este post. Me alegra mucho haber contribuido en la medida de lo posible a despejar tanta boludez, aunque el mérito, la verdad, es de Gardner 😉

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