Queremos tanto a Drácula (y a su autor)

22 Abr

Si todos los homenajes a escritores centenarios son como el dedicado a Bram Stoker que publicó antes de ayer El País, que Drácula nos coja confesados. Gregorio Belinchón, autor del artículo, deja ya bien claro en el segundo párrafo (ese que Walter Burns ya nos avisó que no se leía nadie) que “el irlandés Bram Stoker (…) no será recordado como un gran escritor” y basa su afirmación en tres fuentes: Rodrigo Fresán, autor del prólogo a la edición del libro que Mondadori publicó en 2001, para quién “Stoker es muy mal escritor; un ejemplo clásico de creador flojo” (cabe preguntarse cómo en la editorial eligen un prologuista con semejante opinión sobre el prologado), Enrique Vila-Matas, con una declaración más bien neutra, y Gonzalo Suárez, quien confiesa que “empecé a leerlo (suponemos que se refiere a Drácula) y lo dejé (…) El libro no desarrolla un carácter ontológico, juega más con el sadismo y la sangre”.

Lo gracioso del asunto es que el antetítulo reza “los escritores le rinden homenaje”. Homenaje a la española, sí señor, que en este caso debería ser recibido por el homenajeado con la protección que siempre brinda una buena ristra de ajos. ¿Stoker mal escritor? Por lo menos, tan malo como algunos contemporáneos y sucesores como Arthur Conan Doyle, Edgar Rice Burroughs, Agatha Christie o Ian Fleming. ¿O es que hay algo peor escrito que una novela de Hercules Poirot? Pero todos ellos contaron con un estilo lo bastante eficaz como para servir de soporte a unos personajes que les sobrevivieron, enterraron y, en no pocas ocasiones, eclipsaron.

Stoker no inventó el mito del vampiro; es un mito que se inventó solo y que tiene sus raíces en mitologías tan antiguas como la china o la griega, como pueden comprobar si encuentran algún ejemplar de Historia natural de los vampiros, de Anthony Masters, que publicó hace ya algunos lustros Editorial Bruguera en su colección Libro Amigo. Tampoco se le puede atribuir la creación del vampiro literario; ahí se le adelantaron John William Polidori con su narración El vampiro (1816), Sheridan Le Fanu con su turbadora Carmilla (1872) o E. T. A. Hoffmann con Vampirismo (1819, aprox.) de la cual existe una preciosa y asequible edición a cargo de mis amigos de Reino de Cordelia. Pero desde luego, supo ponerlo de largo con Drácula, una obra que, por lo menos en los reducidos ámbitos de este blog, se considera una novela descomunal, en sus ambiciones y resultados. ¿Una de las mejores del siglo XIX? Tengamos en cuenta que la competencia incluye maravillas incontestables: Crimen y Castigo, Guerra y Paz, Madame Bovary, Moby Dick, El Conde de Montecristo, Rojo y Negro y algunas docenas más. ¿Se merece el Conde ocupar un lugar junto a tan ilustre compañía?

Valdemar y Mondadori han sacado (por fin) ediciones cuidadas de la obra de Stoker, muy lejos de las chapuzas de los años 70 y 80.

Lo habitual, digamos, es incluir a Drácula dentro de eso que se ha llamado “novela victoriana” (muy respetable, por otra parte) y centrarse en los pasajes con las descripciones más morbosas de la sangre y los ataques vampíricos. Una lectura un poco más atenta nos revelará abundantes páginas donde Stoker muestra un sorprendente romanticismo, no por parte del Conde, que se prodiga poco en sus páginas y cuando aparece es como una fuerza inhumana a la que solo cabe temer y destruir, sino más bien en sus otros protagonistas (pienso siempre en la delicadeza de las cartas iniciales entre Lucy y Mina). Drácula no tendría mucho que hacer si no se enfrentara a personajes cuidadosamente descritos y construídos, por los que su autor se ha preocupado profundamente a la hora de crearlos. Algún otro lector de Drácula me ha confesado tras acabar el libro que es una de las novelas más hermosas que se ha leído en su vida.

Drácula se puede disfrutar, criticar o menospreciar. Pero una sola de sus páginas contiene mucha más calidad e intensidad que toda la papelería que nos llegó después con la saga de Crepúsculo y sus vampiritos Lacoste. Lástima que estemos viviendo malos tiempos para los clásicos, aunque el Conde nos ha demostrado muchas veces –sobre todo en el cine- su capacidad para sobrevivir.

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2 comentarios to “Queremos tanto a Drácula (y a su autor)”

  1. Fernando Martínez 2012/05/02 a 10:24 am #

    Interesante entrada.
    Te dejo enlace a una ilustración que hice hace algún tiempo sobre el personaje de Drácula.
    Ya me dirás que te parece.
    http://espiralesdetinta.blogspot.com.es/2011/03/dracula-de-bram-stoker.html

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/05/02 a 12:02 pm #

      Pues te digo que me gusta mucho, Fernando. Muy original y con un estilo que creo que encaja perfectamente con el ambiente de Stoker. Enhorabuena.

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