Aurelio Arteta: tópicos y decepción parcial

19 May

 La primera noticia de la aparición del libro Tantos tontos tópicos de Aurelio Arteta me llegó a través de un artículo de Fernando Savater en El País, donde lo recomendaba de manera ferviente. Me llamó la atención la temática, y la capacidad que se le atribuía para hacernos reflexionar sobre muchas frases hechas que utilizamos con demasiada relajación. Las apariciones del autor en varios programas radiofónicos y televisivos terminaron de hacérmelo apetecible. Acabada su lectura, el veredicto es algo ambivalente. Porque cuando me ha gustado, me ha gustado mucho. El problema son los ingredientes inesperados que aparecen como parte de la obra, y que en no pocas páginas la llegan a acaparar.

Pero empecemos por lo que interesa: el libro se anuncia como una herramienta de aviso y contraataque contra la presencia de muletillas que emborronan nuestra habla cotidiana. El tópico, nos cuenta su autor en el prólogo, son “frases prefabricadas, ya terminadas y dispuestas para uso de cada cual. Esto es, expresan pensamientos que no hemos pensado o producido nosotros mismos, sino que nos vienen ya aderezados y completos”. Y es cierto que durante buena parte de las páginas del libro, sobre todo en su primera mitad, nos divertimos con el desfile de frases envasadas listas para su uso irreflexivo “es una persona muy normal”, “eso es muy relativo”, “sólo cumplo con mi deber”, “respeto sus ideas, pero no las comparto”-, y nos escocemos al encontrarnos con alguna que no hemos podido esquivar en nuestra conversación. En su eficacia como corrector recuerda no poco a El dardo en la palabra, con la diferencia de que aquí se puede en ocasiones discrepar del autor, sin que por ello disminuya el acicate intelectual.

El problema aparece cuando toma demasiado protagonismo lo que podríamos llamar la subtrama. Aurelio Arteta es Catedrático en la Universidad del País Vasco, y en no pocas ocasiones utiliza el tópico que da pie a cada capítulo para llevar sus razonamientos a un campo que tiene muy poco que ver con el lenguaje y el pensamiento, y bastante más con la política. La política entendida con todos los acontecimientos sucedidos en su tierra en las últimas décadas, con independentismos de la peor clase, terrorismo y amedrentamiento social. La postura que toma Arteta es la de un antinacionalismo radical y una denuncia feroz contra el terrorismo y su entorno, a la que dedica no pocos capítulos. Pero igual podía haber mantenido la postura contraria, y el problema de fondo seguiría siendo el mismo: que este libro no era el lugar adecuado para tocar el tema.

Aquí es donde uno se teme que, pese a los esfuerzos por explicarlo, se le vaya a malinterpretar. ¿Es que Aurelio Arteta no tiene derecho a incluir en sus obras los contenidos que considere más oportunos? Desde luego. ¿Muchas de las cosas que han sucedido en el País Vasco no han debido ser denunciadas por quienes las sufrían, que en muchas ocasiones se han jugado la vida por no querer quedarse callados? Por supuesto. El problema es cuando se piensa que esa denuncia debe hacerse de forma constante, venga o no a cuento, con el pretexto de que la gravedad de lo que se denuncia hace que siempre venga a cuento. Incluso en un libro que, teóricamente, iba a llevar a sus lectores por otros caminos.

La obra está divida en dos partes, tituladas Bajos de moral y Demócratas, pero no tanto, cada una compuesta por 24 capítulos. Si en la primera encontramos algunos apuntes sobre la subtrama, en la segunda es que ya muchos de los tópicos –“con la violencia no se consigue nada”, “todos queremos la paz”, “debemos recuperar nuestra lengua”- han sido claramente escogidos por el autor con la idea de seguir profundizando en el tema que parece importarle más que ninguna otra cosa. Si el lector hubiera estado avisado de lo que le esperaba, habría podido disfrutar o sacar provecho de la lectura. Enfrentado a semejante avalancha, sólo puede acabar sintiéndose hastiado y, en no pocas ocasiones, engañado. Incluso aunque comparta en un ciento por ciento el pensamiento del autor.

¿Significa todo esto que el libro no es recomendable? De ninguna manera. Cuando el autor nos da lo que promete, sus páginas se devoran y se disfrutan. Y eso ocurre durante la mayor parte del libro. Estimula, enseña, aviva el entendimiento. Se agradece que haya llegado a las librerías. La lástima es no encontrar eso en la totalidad de la obra, y tener que convivir con un segundo tema que nadie nos había avisado que iba a estar ahí.

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