Ya no hay maricones como los de antes

20 May

Próximo reestreno en todas sus pantallas, cortesía del señor Ministro.

Durante mi infancia y buena parte de mi adolescencia, tuve perfectamente claro que los maricas eran gente anormal. Ya de entrada, por sus pintas: se vestían rarísimo, andaban con la mano así, ponían voz de pito, decían “oig” todo el rato, en fin, eran entre cómicos y patéticos. O por lo menos, esta era la idea que uno tenía, ya que aunque no conociera a ningún maricón, este era el retrato robot aceptado y difundido por la sociedad y los escasos –pero poderosos- medios de comunicación de entonces. Maricón. No homosexual, ni mucho menos gay, que esas palabras llegaron mucho después, cuando los imbéciles como un servidor comenzamos a estar un poco mejor informados, y a descubrir que ni oig, ni voz de pito, ni mano así ni asá, a medida que íbamos conociendo a homosexuales de ambos sexos entre nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos y nuestra familia.

Lo cual no quiere decir que haya que ponerse aquí en plan Walt Disney. Por cada gay que es una bellísima persona, habrá otro no muy lejos que sea un auténtico hijo de mala madre… Igual que con los héteros. Pero me estaba refiriendo aquí a la imagen. A lo que se nos vendía, todavía hasta bastante entrada laTransición, como el retrato robot. En la radio. En la televisión. En el humor cotidiano. En los chistes que te contaban por la calle. En los que se publicaban en la prensa (a veces por humoristas que posteriormente se convirtieron en paradigma de la corrección política). Si había un estereotipo puesto a propósito para que todos nos riéramos de él, ese era el mariquita.

La situación de los homosexuales en esos tiempos tuvo también aspectos más siniestros, derivados de la ilegalidad de su condición. Pero sólo con un tema tan frívolo como el de su reputación, ya iban bien servidos. A ver qué persona –ni hablemos ya de un colectivo- se atreve a protestar, a proclamar su completa normalidad y a exigir los derechos legales y sociales que le aseguren su lugar en el mundo cuando la sociedad que le rodea lleva años mirándolo bajo un prisma humillante. Pues unos cuantos lo hicieron, y al principio, como no podía ser de otro modo, fueron víctimas de la rechifla general: ya era para partirse que, de repente, los maricones formaran partido político y exigieran sus derechos.

Me ha parecido hoy un buen día para recordar estas cosas, que sospecho le sonarán a marciano a muchos lectores de treinta años, o menos (aunque sean gays). Después de que el ministro Jose Ignacio Wert haya decidido eliminar de la asignatura de Educación de la Ciudadanía –o futura “Educación Cívica y Constitucional”; de la anterior, que no quede ni el nombre– los pasajes que hablan de la discriminación por homofobia, es para temerse que algunos consideren que se ha abierto una vez más la veda del maricón. En ese caso, me temo que las nuevas generaciones de gays no necesitarán ningún blog para enterarse de cómo eran las cosas en los tiempos de Arévalo y Pajares. Lo van a volver a vivir en directo. Verán qué risa.

Una respuesta to “Ya no hay maricones como los de antes”

  1. Luis Algorri 2012/05/21 a 4:00 pm #

    Si todo el mundo escribiera cosas así, otro gallo nos cantaría y doña Botella no impartiría doctrina sobre la reproducción en cautividad de peras y manzanas. Enhorabuena.

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