Discrepando (educadamente) del Huffington Post

7 Jun

Ahora que tenemos ya al Huffington Post España en plena marcha, quisiera comentar brevemente aquí algunos argumentos que se han repetido bastante en los últimos días entre quienes creen que, después de todo, tampoco pasa nada porque un medio de comunicación se construya sobre la base de unos colaboradores a los que no paga. Estos argumentos se han lanzado bien con el tono de suficiencia insultante tan propio de Internet (y muy especialmente de Twitter) o con una consideración que sería de desear estuviera más presente en los medios digitales. Procuremos ser respetuosos a la hora de contestar.

Si un bloguero quiere colaborar con el Huffington, es un acuerdo privado entre él y el medio. Y por lo tanto, los demás no tenemos derecho a meternos. Esto puede ser verdad, pero hasta cierto punto. Si una persona aceptara trabajar en una empresa sin cobrar un sueldo, o cobrando un sueldo por debajo del salario mínimo, estaría estableciendo un agravio comparativo con los demás trabajadores, que no verían el acuerdo con muy buenos ojos. El trabajador puede argumentar que él está sacando de ese acuerdo otros beneficios no materiales, como aprendizaje o experiencia. Y a eso se le podría objetar que ese tipo de beneficios siempre han formado parte de un puesto de trabajo, sin que ello supusiera un obstáculo para percibir además una retribución económica. Las cosas están mal y hay mucha gente desesperada, pero si uno va a venderse por nada, mejor que lo haga porque no le queda más remedio. Porque estará socavando el valor del trabajo de muchos colegas de profesión.

Los periodistas tampoco cobran por otras actividades online, como tuitear. Esto se ha oído también bastante, y es para preocuparse si es que de verdad hay quien se toma en serio hasta ese punto la equiparación de Twitter con el periodismo (o con la elaboración de un post). Un tuit es un titular, un comentario ingenioso, un cotilleo sin contrastar. Poco más. Es también, para muchos periodistas, un canal de autopromoción en el que cuelgan –colgamos- los enlaces a artículos propios o ajenos, para darles mayor difusión. Enlaces que llevan a trabajos desarrollados con medios, con tiempo y en no pocas ocasiones, con retribución digna. La información en Twitter es siempre externa a Twitter, y equiparar el periodismo y el tuiteo es una idiotez tan grande como compararlo con las llamadas telefónicas que hacen los periodistas.

¿Los periodistas queremos cobrar por todo? No sé. Pregúntele a un fontanero cuántas cañerías arregla gratis. Por supuesto que siempre se hacen cosas mal pagadas (como favores a un amigo) o incluso no pagadas (como favores a un amigo muy cercano). Pero hay que poner un tope en algún momento. Asumir la gratuidad como forma predominante de trabajo puede ser el golpe de gracia para una profesión tan convaleciente como es hoy el periodismo. ¿Queremos recuperarnos? Comencemos por valorar lo que hacemos, y exijamos que los demás –empresas y lectores- lo valoren también. Y, Montse, no seas agarrada y afloja aunque sea diez centimillos por clic. Verás qué contentos que se te ponen todos.

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6 comentarios to “Discrepando (educadamente) del Huffington Post”

  1. Javier Meléndez Martín 2012/06/07 a 9:23 am #

    No me entra en la cabeza cómo hay gente que trabaja gratis para una señora que ganó 227 millones de euros con la venta del medio original. Luego se quejarán algunos blogueros de lo malos que son los bancos y los políticos.

  2. Juan Antonio Guerrero 2012/06/07 a 11:06 am #

    Llevo toda una vida luchando por que los colaboradores tengamos una remuneración no sólo digna, sino adecuada a nuestra valía. En los medios especializados, pongo por ejemplo las revistas de defensa y aviación, ha sido siempre política de muchas empresas aprovecharse de los conocimientos de muchos aficionados convirtiéndolos en escritores/fotógrados/colaboradores mediante la argucia de conseguirles visitas a lugares poco accesibles como bases aéreas y navales y otros establecimientos restringildos. Ellos se pagan los traslados, las estancias y demás gastos y a cambio tienen la pequeña vanidad de ver sus nombres en tinta impresa y sus trabajos publicados. He perdido muchos amigos por discrepar abiertamente, con el argumento de que no sólo muchas veces lo que salía perjudicada era la calidad, sino también que proporcionaban argumentos a los empresarios para minusvalorar el trabajo de quienes pretendíamos vivir de nuestro esfuerzo. Veo con tristeza que he perdido mil batallas y ahora se me (se nos) abren nuevos frentes. La guerra, me temo, querido Vicente, está perdida.

  3. Keka 2012/06/17 a 10:30 am #

    A mi lo que más me ha llamado la atención es que después de leer tantas discrepancias con este “medio” en la red, cuando leo la carta de Arianna Huffington en su Web y me fijo en los comentarios, éstos son todos positivos… ahí hay algo que chirría, aunque a lo mejor me equivoco y a nadie se le ha ocurrido dar una opinión negativa en su página…
    En mi opinión… La culpa es sólo nuestra, siempre tirándonos piedras en nuestro tejado, de momento tengo el lujo de poder ganarme la vida con esta profesión pero me temo que me queda un telediario… y nunca mejor dicho.

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/06/17 a 11:36 am #

      Hombre, Keka, no creo que sea tirarnos piedras sobre nuestro tejado el denunciar situaciones que consideramos abusivas. Peor sería creer sinceramente en que son iniciativas injustas, y callarnos. Dicho lo cual… ¿Sólo comentarios positivos? Mira que eres mal pensada… claro que si no fueras mal pensada no serías periodista. ¡Y gracias por pasarte, eh!

  4. Keka 2012/06/17 a 10:19 pm #

    Noooo, si con lo de tirarnos piedras a nuestro propio tejado me refería a los compañeros que apoyan estas iniciativas de trabajo altruista aprovechándose de nuestra vocación… y las críticas… ¡lo contrario! ya sean buenas o malas… ¡¡¡son todas positivas!!! (siempre y cuando sean educadas… jejeje) Estupendo blog por cierto 😉

  5. Vicente F. de Bobadilla 2012/06/18 a 9:05 am #

    Gracias, Keka, y ánimo, que me ha parecido entender que en tu trabajo también andas un poco de aquella manera… Vendrán tiempos mejores. ¡Seguro!

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