La Roja, y a mucha honra

19 Jun

Hasta los menos aficionados al fútbol se enteraron en el último Mundial de que aquella Selección imparable estaba siendo cada vez más conocida por un apodo que, al parecer, salió del entonces entrenador Luis Aragonés: La Roja. No hacía falta ser un genio para entender que el motivo era el color predominante en sus camisetas. Al ser un nombre corto, pegadizo (hasta para los extranjeros) y coincidir con una sucesión de victorias que terminaron dándole la copa a España, no es de extrañar que haya quedado ya como el sobrenombre oficial (aunque suene a contradicción de términos) de la Selección en ámbitos sociales, mediáticos y, muy especialmente, comerciales.

Y si embargo, ya entonces aparecieron algunas voces disidentes. Curiosamente –o no tanto- bastante próximas en el espectro ideológico. Cristina López Schlichting soltó en la COPE que ella jamás usaría eso de “La Roja” “porque se lo ha inventado Zapatero” (estaba mintiendo, o estaba equivocada, pero en todo caso ya estaba dejando claro que para ella del anterior presidente del Gobierno debía rechazarse cualquier cosa, por nimia que resultara), y Carlos Dávila se descolgó en la entonces su Gaceta con una portada de la selección y un titular cuyo enorme cuerpo no consiguió que cuajara más que entre una fracción de sus predispuestos lectores: LA ROJIGUALDA.

Ahora, con la Eurocopa, parece que estamos en las mismas. Trabajadores de Telemadrid han denunciado que desde la dirección de informativos les han vetado el uso del término, y en la prensa escrita, dos de los tipos más malhablados que han tenido jamás columna propia, Alfonso Ussía y Antonio Burgos, ya han publicado sus artículos respectivos donde proclaman su aversión hacia el apodo. Ussía, fiel a una tradición de cursilería grosera que ya le dura varios lustros, opta por llamarla “La Colorada”, y Antonio Burgos no se anda con chiquitas y sólo se refiere a ella como “La Selección Nacional”.

¿Pero a esta gente qué le pasa?

No le cabe a uno en la cabeza tanto cerrilismo, sobre todo cuando se da una vueltecita por un Madrid inundado de Eurocopa y descubre que la denominación de La Roja está lo que se dice por todas partes: camisetas, carteles, pancartas, mochilas, banderas, radio, televisión y todas las redes sociales que se quieran. Cuesta creer que si ese nombre fuera considerado ofensivo por una parte importante de la población hubiera llegado tan lejos. Incluso dentro de la misma Selección. Uno no tiene ni idea de la ideología de sus jugadores, pero cabe sospechar que, como en cualquier parte, habrá de todo. Y ni uno solo ha abierto la boca para quejarse, protestar o pedir que delante de él no se hable de La Roja, que él con quien juega de verdad es con la Colorada o con la Selección Nacional.

¿Propaganda comunista de la peor especie?

Todavía en 2012, parece que todavía hay algunos que se niegan a ver el rojo sólo como un color. Lo encontramos en el 60 por ciento de nuestra bandera, y calculo que en el 35% de la de Estados Unidos (¿quiere esto decir que un tercio de los yanquis son comunistas?), aparte de en el cien por cien del coche de Fernando Alonso, sin que haya aparecido ningún hortera que intente denominarlo como “Colorado Ferrari”. Pero sí, es verdad que hubo otros tiempos en los que la palabra se usaba con más precaución. Los años de la posguerra inmediata, y aún los posteriores, estuvieron repletos de eufemismos para evitar utilizar “rojo” aún en los ámbitos más inocentes. “Colorado” se convirtió en el sinónimo más común, y se dieron situaciones tan absurdas como que Caperucita fuera durante años “Encarnada” para no ir provocando, del mismo modo en que la ensaladilla rusa pasó a llamarse durante un tiempo “ensaladilla nacional”.

Es como si algunos echaran en falta esos tiempos, o hubieran encontrado otra excusa para azuzar enfrentamientos –de eso viven-, no respetando ni siquiera el deporte más popular del país que, tal y como están las cosas, debería servir para unirnos a todos y aliviarnos un poco de la que está cayendo. ¿qué más da el nombre, por Dios? Anoche jugaron de azul, y creo que el sentimiento nacional no sufrió ni mucho ni poco. A ver si crecemos de una vez. Aprovechar temas sin importancia para agitar de nuevo a las dos Españas sí que es para ponerse rojo; pero de vergüenza.

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