¿Hace falta ser escritor para ganar el Planeta?

19 Oct

Gracias a la solidaridad de Twitter, me ha llegado el enlace a este artículo del Diario de Cádiz donde su autor, Francisco Correal, hace un inteligente repaso por la historia de los Premios Planeta y resalta especialmente la gran profusión de escritores de raza que este galardón ha descubierto en los platós televisivos. Ningún otro premio, ningún otro jurado -por supuesto imparcial-, ha mostrado tanta propensión a desvelar el talento literario que se escondía en quienes sólo veíamos como bustos parlantes. Cuán lamentable falta de visión. De no haber sido por don Jose Manuel Lara Bosch -y su siempre imparcial jurado-, habría permanecido ignoto todo lo que tenían que ofrecer al mundo literario gente como Fernando Schwartz, Fernando Delgado, Ángeles Caso o, lo más imperdonable de todo, Boris Izaguirre, a los que se ha añadido en esta edición la pluma de Mara Torres, cuya novela La vida imaginaria ha superado -¿quién puede dudarlo?- en calidad y estilo a los cientos de obras presentadas, hasta hacerse con el merecido puesto de finalista.

La polémica sobre el Planeta es, a estas alturas, una tontería a la que no tiene sentido dedicarle cinco minutos. Mucho se ha escrito sobre este premio –para un servidor, uno de los que mejor lo han hecho ha sido Sergio Vila-SanJuán– que no es sino la mayor operación de marketing que jamás se haya concebido en el mundo editorial español. Ayuda a ello el gigantesco apoyo mediático que constituye su mejor carta de lanzamiento, pero por si no fuera así, don Jose Manuel Lara se ha ido creando su propio imperio de periódicos, radios y canales televisivos que ya saben que deben abrir sus informativos con el fallo del Planeta aunque ese día se confirme la presencia de vida extraterrestre, estalle la Tercera Guerra Mundial y Jose María Aznar se presente a las elecciones como cabeza de lista del PCE.

Lo que ya molesta un poco es la evolución de los premiados. Correal acierta de lleno en su artículo cuando recuerda a escritores de tantos quilates como Alfonso Grosso o Fernando Quiñones, finalistas dos veces y nunca ganadores, aunque en una tarjeta postal mostraran más talento literario que todos sus mediáticos sucesores juntos. O Juan Benet, o Raúl Guerra Garrido. De hecho, era un lugar común considerar que la novela buena del Planeta era siempre la finalista, porque incluso cuando el vencedor era un escritor de talento indudable, se las arreglaba para hacerlo con una de sus obras más flojas, una tradición que se confirmó no hace mucho con Riña de Gatos, del casi siempre excelente Eduardo Mendoza, y que se remonta hasta la época de Juan Marsé y su muchacha de las bragas de oro.

Más o menos flojos, o más o menos afortunados, pero siempre escritores. Eso hace ya un cierto tiempo que ha pasado. Por supuesto que cualquier persona con el tesón necesario para completar una novela tiene todo el derecho no sólo a presentarse al Planeta, sino incluso a ganarlo. Pero llama la atención cómo hace años que los recién llegados al parnaso no surgen del anonimato, sino que disfrutan de un notable reconocimiento mediático. Si te conocen gracias a la radio o la televisión, el Premio o el Finalista puede ser tuyo. ¿Cuándo van a darle Lara y su imparcial jurado una oportunidad a los nuevos soportes? ¿Cuánto falta para que nos descubran el talento literario de Enrique Dans?

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