PRensa y PR empiezan igual… y no es casualidad

29 Dic

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Un año más, el Informe Anual de la Profesión Periodística que presenta la Asociación de la Prensa de Madrid ha tenido un amplio recibimiento por el sector. Aunque la verdad es que no necesitamos a nadie que nos diga que estamos hechos polvo, gracias; pero nunca está de más contar con un diagnóstico profesional que certifique con datos y estadísticas que, estando la profesión mal en todas partes, España es el país europeo donde más medios han desaparecido y más puestos de trabajo se han destruido.

El informe ha sido analizado y comentado por muchos colegas de más fuste y preparación que uno, así que aquí quería limitarme a señalar un par de porcentajes que me han llamado la atención. El primero es este:

El 41% de los periodistas encuestados que trabaja por cuenta ajena lo hace en gabinetes de comunicación.  

Según Luis Palacio, director del informe, este porcentaje ha crecido de manera notable, lo que “debería suscitar un debate en nuestra profesión”.

Como quiera. Aunque no puede haber mucho debate sobre un fenómeno lógico. Agencias y gabinetes de comunicación no han acusado tanto la crisis como los medios. Así que muchos colegas (pueden incluirme) hemos iniciado una migración más o menos forzada hacia el otro lado del espejo, buscando alguna manera más sólida de ganarnos las lentejas que intentando sostenernos en redacciones menguantes o sumando lo que se picotea cada mes aquí y allá de unas colaboraciones cada vez más escasas y peor pagadas. No es mal sitio donde aguantar el chaparrón. De hecho, bastantes colegas se encuentran tan a gusto en el lado oscuro que su pasado como periodistas queda borrado con implacabilidad soviética, salvo cuando interesa desenterrarlo fugazmente para seducir a un cliente con el argumento de oye, que yo sé bien cómo funcionan los medios por dentro.

Podemos debatir, bloguear y tuitear sobre ese tema tanto como quieran en la APM, pero para empezar ¿seguro que el porcentaje es del 41%? Habría motivos para pensar que los periodistas que trabajan en comunicación son más. Muchos más. De hecho, casi la práctica totalidad de la profesión en este país está metida en temas de comunicación de un modo u otro. Y ese es uno de los principales motivos de su ruina.

Cuando trabajas en comunicación, eres parcial por obligación. Resaltas la información positiva sobre tu cliente y minimizas la negativa. Esto es así desde que se inventó el oficio, y es absurdo escandalizarse por ello. No es exactamente igual cuando los periodistas comienzan a desarrollar pautas de comportamiento más propias de un PR –y de uno especialmente poco escrupuloso, además- que de un profesional de la información. Y hemos tenido mucho, mucho de esto en España, durante mucho tiempo.

El problema comenzó durante los años 80, cuando la expansión de los grupos de comunicación creados en la Transición traspasó los límites de lo estrictamente periodístico. No fue, desde luego, un caso netamente español, pero en otros países tuvieron la decencia de hacerse algunas preguntas. Cuando en 1990 la revista Time, Inc. se fusionó con Warner Communications para crear el grupo Time Warner, no tardaron en plantearse posibles incompatibilidades: por ejemplo, si Richard Corliss, el reputado crítico de cine de Time, acudiera a ver la última superproducción de la Warner y la encontrara impresentable ¿podría escribir libremente su opinión?

Una crítica de cine puede ser, si quieren, algo bastante nimio. O no, si pensamos que es una manifestación tan válida como otra cualquiera de la independencia de criterio de un periodista. Pero la cosa fue bastante más allá.

Compañías que antes se ceñían a la información en todos sus formatos -diarios, revistas, emisoras de radio- comenzaron a complementarse con libros, producción de películas, incursiones en el mundo discográfico y, cuando llegó el auge de las televisiones privadas, canales propios y productoras. Antes, ya se había descubierto la mina de las revistas corporativas, donde los contenidos se decidían de acuerdo con el cliente, que era quien se encargaría de su distribución. Y eso era solo lo que se veía. Por debajo quedaban las inversiones que los propietarios o responsables de cada grupo decidieran hacer en sectores empresariales de lo más variopinto, o los préstamos que los bancos concedían para emprender alocadas aventuras bursátiles.

Consecuencia de todo esto fue una auténtica maraña de intereses creados, con el plumilla en medio o, si quieren, debajo. La diferencia con Estados Unidos es que aquí nadie se molestó en hacer ninguna objeción, que ya se sabe que estos yanquis se la cogen con papel de fumar. Aquí estuvo todo clarísimo desde el principio. No pasó mucho tiempo sin que cualquier periodista supiera que existían una serie de reglas no escritas a las que tenía que atenerse si quería seguir acumulando trienios, entre ellas:

  • Todos los libros, películas, discos o series producidas por otras compañías de tu grupo recibirán críticas positivas en todos tus medios. Si el libro o la película son malos, no los critiques; ignóralos. Si no puedes ignorarlos porque son lanzamientos importantes, entonces miente. E incluye entrevista elogiosa a los autores. Con fotos.
  • Si tienes periodistas y colaboradores a tu cargo y alguno hace una crítica negativa de alguno de estos lanzamientos, toma las medidas necesarias para que no vuelva a ocurrir.
  • Jamás atacarás a un buen anunciante. Si el anunciante es especialmente bueno, taparás la información comprometida sobre él, hasta que no haya más remedio que sacarla para evitar que la prensa extranjera se te adelante.
  • Nunca publicarás nada negativo sobre ninguna empresa con la que tu grupo tenga acuerdos comerciales o económicos. Y si te dicen desde arriba que elimines de un reportaje la información referente a una empresa con la que en principio el grupo no tiene relación, no hagas preguntas.
  • Hay famosos amigos de la casa, y hay famosos enemigos de la casa. Sobre los primeros jamás se publica nada malo, y sobre los segundos, nada bueno. Pero ten cuidado, porque las cosas cambian y el enemigo de ayer es el amigo de hoy que le va a conseguir al presidente ese contrato tan importante. Mantente actualizado, por la cuenta que te trae.

Todo lo cual nos lleva al segundo dato del informe que quería resaltar: “Tres cuartas partes de los periodistas encuestados declaró haber sufrido presiones en el ejercicio de su profesión y un 14 % se vio obligado a modificar el contenido a menudo”. Luis Palacio señala este dato como “importantísimo”, y señala que “los periodistas se suspenden a sí mismos (4,09) al valorar la independencia con que realizan su labor”.

Importantísimo sí lo es, desde luego. Reciente, no. Ha estado ahí toda la vida, desde que el periodismo en España comenzó a respirar democracia. Un periodismo débil, como es el actual, está desde luego mucho más expuesto a ese tipo de presiones, pero pensar que antes no se daban es ignorar la realidad. Luego nos extraña que tantos lectores, oyentes y espectadores nos hayan mandado al cuerno y, en cuanto han tenido otras fuentes de información disponibles, las hayan preferido. Nos lo hemos buscado nosotros. Nosotros y los dueños y responsables de unos grupos que en algún momento se dejaron por el camino su propósito de informar, para dedicarse sobre todo a incrementar poder e ingresos.

Dicho todo lo cual, o mejor dicho soltado todo este rollo, el futuro podría ser menor negro de lo que muchos piensan. Si aprendemos de nuestros errores y, esta vez, sabemos hacer las cosas bien. Para el próximo post.

 

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5 comentarios to “PRensa y PR empiezan igual… y no es casualidad”

  1. byenrique 2012/12/29 a 8:59 pm #

    Vicente, me parece interesantísima y comparto toda tu reflexión. Espero impaciente el próximo post, porque ese creo que no me lo sé. Un abrazo.

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/12/29 a 9:05 pm #

      Gracias, Enrique. A ver si escribo la segunda parte antes del finde… del findeaño, quiero decir.

  2. José 2012/12/30 a 3:10 pm #

    Buen post, Vince. Feliz 2013 x u & Rose!

    • Vicente F. de Bobadilla 2012/12/30 a 4:25 pm #

      Muchas gracias, Jose , lo mismo para ti y a ver si levantamos cabeza.

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  1. Buenas prácticas en Comunicación: ¿saltarse al periodista? « Byenrique’s Blog - 2013/01/22

    […] se les vuelven tempestades. Como muy bien reflejaba hace poco un buen colega en este artículo Prensa y PR empiezan igual y no es casualidad, La Vida Alrededor, Vicente Bobadilla, las editoriales y los grandes grupos mediáticos han tendido también a convertirse en gabinetes […]

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