Insulten a los científicos, por favor

16 Ene

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O bien este país estaba llenito de vagos, aprovechados y matones sindicalistas enchufados sin que el grueso de la población nos diéramos cuenta, o bien cada vez que, en el último año, algún colectivo se ha puesto en marcha para protestar contra recortes, EREs o privatizaciones se ha convertido en la víctima de una campaña de difamación.

Va ser lo segundo. Cautivo y desarmado el ejército de huelguistas de Telemadrid –privilegiados que vivían de la mamandurria y amedrentaban en el más puro estilo Soprano a los pocos trabajadores decentes de la cadena-, el gobierno de la Comunidad se ha vuelto a ocupar de los médicos en huelga, calificando las protestas contra la privatización de la Sanidad como una lucha de poder entre los sindicatos, que han tomado como rehenes a los ciudadanos convalecientes.

Casos muy similares se han producido a escala nacional. No podemos olvidarnos de los maestros, unos indolentes cuyo único problema es que no querían trabajar una hora más, de los mineros que querían seguir viviendo de la subvención, o de los manifestantes del 15M y demás fechas reivindicativas, definidos según el día como borrokos vandálicos, o como pijoprogres (vaya asco de palabrita) hijos de papá que fotografiababan y transmitían sus protestas con sus flamantes iPhones (por eso se manifiestan en la Puerta del Sol: para tener a mano la AppleStore).

Con ser grave este recurso a la manipulación como contraataque –y ser más grave que algunos presuntos medios de información sean los primeros en apuntarse a estas campañas oficiosas-, hay un detalle que es verdaderamente de preocupar: el único colectivo que se ha librado de ser cubierto de inmundicia. ¿O ustedes han leído u oído algo por parte del Gobierno o sus medios de cabecera contra los científicos? Pues no será por falta de provocaciones: protestas, manifestaciones en la calle, recogidas de firmas, denuncias en foros internacionales parecen haber pasado desapercibidos, por lo menos a la hora de preparar alguna campaña de desprestigio con la que detener el mismo derecho a protestar.

Y mira que, si se ponen, hay tema: parásitos que viven del erario público (un clásico), jetas que se meten en líneas de investigación inútiles (hubo quien lo soltó con las células madre embrionarias), vagos que van de congreso en congreso, cobardes que huyen al extranjero, sobrevalorados que han conseguido su puesto por enchufe… Pero nada. Si necesitábamos una prueba definitiva de lo poco que la ciencia importa en España, aquí la tenemos: No es que el gobierno no la considere digna de ser apoyada. Es que ni siquiera la considera digna de ser insultada.

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