El sonotone de Jose Luis Sampedro

9 Abr

LIBROSSAMPEDRO

Hace un tiempo tuve la suerte de coincidir en una comida más o menos familiar (familia y amigos, quiero decir) con un catedrático de Economía, que había comenzado su vida académica teniendo entre sus profesores a Jose Luis Sampedro. No habíamos llegado todavía al café, y ya estaban fluyendo las anécdotas. Algunas las conocía, porque se las había oído a Sampedro en persona durante un coloquio organizado a finales de los 70 en la librería Moriarty, como su costumbre de escribir a mano, sobre una tabla apoyada en los brazos de un sillón, a primeras horas de la mañana. Hubo un par de ellas más.

La primera es la que podríamos llamar la frívola. Como otros muchos escritores, Sampedro miraba la realidad para coger de ella rostros, voces, conversaciones e historias. El problema es que en ocasiones es difícil mirar, y sobre todo estudiar, esa realidad, sin que los observados no se percaten, con las molestias consiguientes. Para evitarlo, recurrió al truco del sonotone:

“Conseguí un audífono de esos enormes a pilas, que había en los años sesenta. Entonces, con él en el bolsillo de la chaqueta, entraba en una cafetería donde estaban las señoras tomando su gin tonic de la tarde, me sentaba cerca, en la barra, sacaba el sonotone y lo dejaba en la mesa bien visible, y le pedía al camarero “¿ME PONE UN CAFÉ, POR FAVOR?”. Las señoras concluían que yo estaba como una tapia, y seguían charlando sin preocuparse por mí”.

Y la segunda anécdota no es tal; es más bien la manera que tenía el profesor Sampedro de comenzar sus cursos. Me interlocutor me confesó que no había podido olvidarla, que pocas clases le habían causado una impresión así. Por que lo primero que hizo el profesor Sampedro fue hablar con sus alumnos.

“Permítanme una pregunta antes de comenzar con la clase. ¿Cuántos de ustedes han pasado hambre alguna vez?”

Se levantaron tímidamente algunas manos.

“No, no, ganas de comer, apetito, eso no. Quiero decir hambre. Hambre de verdad”.

Tras esta precisión, no quedó ninguna mano alzada.

“Pues esa es una de las cosas que deben tener en cuenta. Que todas las leyes económicas que vamos a estudiar en el curso han sido creadas por personas que jamás en su vida han pasado hambre. Y ese es el origen de muchas de las cosas que pasan en el mundo hoy en día”.

Las citas, claro, son aproximadas. Creo que a muchos nos hubiera gustado asistir a esa clase, que no tuvo lugar ayer, como podría pensarse por el contenido, sino hace por lo menos treinta años. Yo recuerdo aún muy bien aquella tertulia en la librería Moriarty, antes de su conversión en galería de arte. Y recuerdo a Sampedro después, tras despedirse, bajando hacia Ópera envuelto en su gabardina, silbando por la calle. Andaba con paso firme y silbaba con paso feliz. “¡hasta luego!”, saludó con esa sonrisa con la que aparece en tantas fotos, propia de una persona que consiguió que las injusticias que veía y denunciaba nunca llegaran a quitarle la alegría. La capacidad, como él contó y recomendó tantas veces, de vivirse por dentro.

Una respuesta to “El sonotone de Jose Luis Sampedro”

  1. Teresa 2013/04/23 a 10:45 am #

    Qué emoción, me encanta todo lo que se cuenta de José Luis Sampedro y estas dos anécdotas me han emocionado. Estupendo prólogo a una clase de economía.
    Me gusta tu blog, voy a enlazarlo con el mío para poder seguirlo.
    Un saludo
    Teresa

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