Café para todos, o cómo los pijos se cargaron Saimaza

30 Abr

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Si hace tiempo que le tengo manía –que reconozco puramente personal- a esta moda del café en capsulitas, la noticia de la desaparición de Saimaza ha incrementado la temperatura de esa manía en unos cuantos grados.

Justo es reconocer que ya hace mucho que Saimaza no era Saimaza, del mismo modo en que Cruzcampo no es Cruzcampo; empresas andaluzas señeras, como las que hay y ha habido en otras partes de España, van cayendo en manos de multinacionales, y tampoco hay que rasgarse las vestiduras por ello, sobre todo cuando esas multinacionales dejan a las empresas que adquieren seguir en la tierra donde nacieron, conscientes de la importancia que ello puede tener en la identidad de una marca. Pero ahora, Kraft Foods se lleva la marca y la producción a Italia, cerrando la fábrica de Dos Hermanas (Sevilla) y poniendo en la calle a 45 trabajadores, otra gota de agua en un océano que la semana pasada sobrepasó de largo los seis millones de gotas.

Lo curioso es que toda esta historia parece tener poco que ver con la crisis, y mucho con la manía de las capsulitas. El café en dosis individuales se ha impuesto de tal manera entre los consumidores de medio mundo como para dar en plena línea de flotación –se habla de un 30% menos- en el consumo de café molido, ese que todos aprendimos a preparar en nuestros años de estudiante, en pocillo o en cafetera, italiana o americana. Una de las estrategias de marketing más brillantes que se han puesto en marcha en los últimos años ha arramblado con todo eso, y ha implantado en los consumidores de alto standing (o que quieren pasar por tales, tanto da) una única manera de tomar café, o mejor dicho café limited edition, con unos nombres que han dejado en el Mesozoico las tradicionales opciones de natural y torrefacto para sustituirlas por sabores como Vivalto, Linizio, Volluto, Dulsao, Arpeggio, que suenan más bien a reparto de una nueva versión de La Traviata.

Un marketing genial, analizado por expertos de todo el mundo. Pero también tecnología. Y diseño, claro. Pero, sobre todo, pijerío. A punta pala. Aunque no hay estadísticas al respecto, uno se barrunta que existe una alta coincidencia de compradores de iPhones y de estas cafeteras; a fin de cuentas, ambos artículos se adquieren en el mismo sitio. Donde también, por cierto, podemos comprar café. Es el único alimento que se ha colado en las estanterías de los hipermercados de tecnología, sin que a nadie parezca extrañarle demasiado encontrar cajitas de cafeína de sabores exóticos no demasiado lejos del pasillo con los cartuchos de tinta para impresora.

Esta manera de consumir café marca no pocas diferencias con el tradicional. Por ejemplo, sale bastante más caro. Por ejemplo, cada vez que preparamos una taza de café utilizamos un envase individual de aluminio, que se une a la montaña de desperdicios que producimos cada día en los países industrializados. Por ejemplo, si nos atenemos únicamente a las cifras de venta de Nespresso, creador del concepto y rey indiscutible del mercado, encontramos que en septiembre de 2012 alcanzaron los 28.000 millones de cápsulas, cuatro por cada habitante del planeta. Y esto es sólo lo que vende el líder del sector, dueño del 35% del mercado mundial. Son unas cifras que traen a la mente la imagen de una montaña inabarcable formada por cápsulas vacías, a un tris de derrumbarse y repartirse por vertederos de todo el mundo.

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No fastidie, hombre. ¿Cómo va a ser malo algo que nos vende George Clooney? Además de que, permítame que le diga, esas cápsulas se reciclan. Sí, claro. Sobre todo en España, donde nuestros índices de reciclaje dan risa si se comparan con los de otros países del entorno. Pero es que además las cifras de reciclado de estas empresas cafeteras podrían tener más de buenas intenciones que de resultados reales. Me permito recomendarles la lectura de este artículo del portal especializado Coffee Habitat -tiene algunos años, pero merece la pena- donde analizan cuidadosamente la letra pequeña de la autoproclamada política medioambiental de Nespresso. Pero no se trata de echarle todas las culpas a Nestlé. De hecho, la introducción de las palabras “coffee” “capsule” y “environment” en Google ofrece como resultado, junto con páginas dedicadas al punto de vista de los fabricantes, otras que sugieren que la puesta en marcha de un negocio basado en una invasión de millones y millones de capsulitas metálicas teóricamente reciclables podría no ser tan inocuo como han querido hacernos creer.

SAIMAZAPero el mercado manda, y si millones de consumidores han decidido que esta es, a partir de ahora, su manera favorita de tomar café, este bloguero no es nadie para llevarles la contraria, menos con argumentos tan peregrinos como los que se han expuesto aquí. Pero es como si, de repente, el café tradicional ya no nos sirviera, ni siquiera el que se anunciaba como “el café de los muy cafeteros”. Y lo que ha pasado en Dos Hermanas es una historia mil veces repetida en muchas pequeñas empresas familiares. Siempre nos quedará disfrutar de un Volutto, y soñar con que somos tan guapos como Clooney o, por lo menos, tan interesantes como John Malkovich. Pero la desaparición de Saimaza, me temo, nos deja a los andaluces (y a los españoles) un poco más dormidos.

9 comentarios to “Café para todos, o cómo los pijos se cargaron Saimaza”

  1. Elvira 2013/04/30 a 5:50 pm #

    Pues que en Aguilar pasó lo mismo con Fontaneda, y la ciudad dejó de oler a galleta…menos mal que llegó Siro a llenar, al menos parcialmente, el hueco dejado por “las marias”.

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/04/30 a 5:59 pm #

      Sí, recuerdo el caso de Aguilar de Campoo, y se parece más a este de lo que parece. !Ya no se llevan las galletas maría, ahora la moda son las oreo!

  2. lola 2013/05/09 a 6:55 pm #

    me gusta mucho el analisis sobre la tendencias chic del mercado. las cafeteras antiguas, las de toda la vida, se asocian a cutre, a no cool, a no modern, a no hipster, a no pijo, bla bla… y todo pq es moda. sigo con mi cafetera de siempre, y encantada de toda la liturgia correspondiente.

  3. Laura 2014/02/24 a 10:21 am #

    Yo uso la cafetera de toda la vida con 25 años que tengo, y eso que he probado el café en las dichosas nuevas cafeteras de cápsulas. NI DE COÑA cambio por eso, el café en las cafeteras clásicas saben más a café, me gusta mucho más, además de lo que ya dices de lo que se contamina el planeta con las capsulitas esas. Qué tonta se está volviendo la gente ahora. Aunque el artículo sea antiguo, te felicito por él. Las cosas están ahora peor…

    • Vicente F. de Bobadilla 2014/02/24 a 10:38 am #

      Gracias, Laura. Es verdad que es antiguo… ahora las capsulitas también las anuncia Matt Damon.

      • ANTONIA 2014/04/08 a 12:45 pm #

        Hola hoy tengo un gran disgusto¡¡¡¡ Porque me he tomado mi último café Saimaza en grano que conservaba sabiendo que era el último¡¡¡ Que coraje de tantas modernuras a gente parece que no tiene personalidad¡¡¡ Hoy voy a buscar porque no se donde encontrarlo. No sabia nada de ésto, me indigna tanto, me di cuenta porque en mis tiendas tradicionales donde compraba dejaron de traerlo…….

  4. Vicente F. de Bobadilla 2014/04/08 a 12:55 pm #

    Está difícil, Antonia, pero suerte. Yo me acuerdo de la publicidad de Saimaza que uno encontraba de camino entre Sevilla y Jerez… y de otro, con un nombre precioso: “Catunambú, el café de Andalucía”. No me atrevo ni a preguntarme que habrá sido de ese… Un abrazo.

  5. Cristina Benavent 2015/03/22 a 7:54 pm #

    Llevo tiempo buscando por activa y por pasiva mi café SAIMAZA y he llegado a la conclusión que se lo han cargado,o bien se esconde en alguna marca blanca.Si alguien sabe como puedo conseguirlo se lo agradecería un montòn.Soy cafetera de Oroley de aluminio no de capsulitissssssssssssssssss.Gracias

  6. Pilar 2015/10/01 a 12:25 pm #

    Yo sigo comprando el café Saimaza en el super de mi barrio.Es el que he tomado y visto a lo largo de mis 67 años,

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