Maruja Torres como síntoma

17 May

Maruja_TorresHay un aspecto, secundario si quieren aunque a lo mejor no tanto, del despido de Maruja Torres, que no quisiera dejar de señalar en el blog. No he encontrado manera de encajarlo en el post anterior, pero no lo voy a pasar por alto. La protagonista hoy es Maruja, pero hoy o mañana lo será cualquier otra figura pública que se haya significado políticamente hasta entrar en la categoría de bestia negra de determinados medios.

La figura de Maruja Torres se presta a la polémica, eso lo sabemos todos. Ella misma no habría querido que fuera de otro modo. Todos los medios que se han hecho eco de su despido, incluso los más enfrentados ideológicamente a ella, lo han hecho con un respeto cercano a la asepsia, lo cual a) es muy de agradecer y b) no debería ni ser noticia. Otra cosa son los comentarios de los lectores. Tras pensármelo un poco, he decidido no citar a los autores ni a los medios que han autorizado su publicación, pero les doy mi palabra de honor de que no me he inventado nada. Aquí tienen una cuidada selección de los más expresivos:

“La de pajas que le habrá hecho esta golfa a toda la cúpula sociata del PSOE”

“Hija de la gran puta”

“Ahora el pendejo pro musulmán se irá a publico aquel libelo pro mierda maruja que te den cacho zorra”

“Está bien que El País deje de tener en nómina a personas que sólo se dedican a escribir gilipolleces”

“Rata”

“Se lo merece por envenenada y rencorosa. Sus artículos destilaban odio y sectarismo”

“Ya era hora de extirpar ese forúnculo de pus”

“¡ QUE LE DEN POR EL CULO A ESA FEA BORRACHA !”

“Mala persona, peor política, mentirosa, ladrona, indecente, roja asquerosa, analfabeta…”

¿Fuertecillo? Eso no es nada, esperen a que (dentro de muchos años) se muera Pilar Bardem. O Aznar, que esto no es patrimonio de un frente ideológico. Lo preocupante no es que esta bazofia se haya convertido en moneda común; ha existido siempre, y su destino tradicional cuando llegaban estas cosas a una redacción era la papelera (real o virtual). Ahora, lo hemos comentado aquí en una ocasión, los medios no sólo la publican sino que la fomentan, sabiendo que así obtienen más visitas y más audiencia.

Escudarse en la libertad de expresión para permitir la impunidad de difamación es uno de los peores síntomas del estado actual del periodismo en este país. Luego pediremos respeto a la audiencia, cuando, al autorizar estos comentarios, ni siquiera nos respetamos nosotros como medio. Ni respetamos a los lectores, pensando que lo que les lleva a visitar una web es poder leer e incluir insultos sin tasa (aunque sea cierto en algunos casos). Hace unos días, fue Constantino Romero (mejor ni repito aquí lo que algunos escribieron de él). Hoy, Maruja. Y mañana, quien sea. Lo que antes se llamaba la opinión de los lectores, desde luego, ha cambiado mucho. Sigamos cubriéndonos de gloria, hasta que no quede nadie limpio en este gran retrete virtual.

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12 comentarios to “Maruja Torres como síntoma”

  1. José Luis Palacios A. 2013/05/17 a 4:00 pm #

    Totalmente de acuerdo con lo que dices. Todo esto resta dignidad al periodismo. Menudo retrete virtual estamos generando.

  2. Carmen 2013/05/17 a 4:44 pm #

    Como lectora del El País, me siento desolada por no leer a Maruja los domingos, me produce desazón, creo que me voy a convertir en una ex lectora de El país.

  3. Francisco Reina 2013/05/17 a 5:55 pm #

    Muy de acuerdo con el post. El anonimato y la distancia que genera Internet es caldo de cultivo para trolls. El periodismo no puede rebajarse a hacer negocio del insulto y la desvergüenza: los medios digitales deberían filtrar comentarios injuriosos o que atenten contra el honor en sus websites. Un saludo.

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/05/18 a 10:30 am #

      Hay una cuestión aquí que nunca se ha quierido aclarar, Francisco: ¿quién es el responsable? Si un periódico publicara una Carta al Director con injurias de ese tipo, el aludido tendría todo el derecho de querellarse contra el medio por autorizar su aparición. Pero no se dan muchos casos, y los que se dan no están muy claros. personalmente, tengo claro que la responsabilidad recae sobre el medio y sobre su director. Gracias por el comentario.

      • Francisco Reina 2013/05/18 a 11:37 am #

        Si no me equivoco el sistema jurídico español recoge la responsabilidad penal del director o responsable del medio en este caso. No conozco datos sobre las denuncias interpuestas al año por injurias en medios de comunicación, ni de cuántas prosperan y llegan a sentencia. Otro de los problemas en la actualidad se refiere a los grandes medios, en los que una noticia impactante puede recibir cientos de comentarios en sus primeros minutos de vida. O en los foros, en los que se vuelve muy difícil controlar los comentarios vertidos.
        Como todos sabemos la Justicia no se ha adaptado al entorno digital tan rápido como hubiese sido deseable, y todavía quedan puntos por cerrar (derechos de autor en Internet, por ejemplo, con la controvertida ley Sinde-Wert).
        Un saludo.

  4. arantxaherranz 2013/05/17 a 6:02 pm #

    Vicente, tienes mucha razón en lo que dices. Sin embargo, y sin querer justificar en modo alguno lo ocurrido pero metiéndome un poco en asuntos técnicos, el problema es que los periódicos deben permitir que se hagan comentarios en las noticias de sus páginas web pero no pueden hacer una buena gestión de los mismos porque no tienen recursos suficientes para ello. Es posible que, como mínimo, necesitasen a una persona a tiempo completo para hacer de moderador de todos estos comentarios. Y ya sabemos cómo está el patio
    Algunos lo han intentado con el registro previo de los usuarios, pero esto ya sabemos que resta posibilidad de comentarios por parte de los lectores.
    Y la tecnología puede ayudar a prevenir algunos de estos comentarios, pero no todos.
    En más de una redacción se plantea esa pregunta: dejar o no dejar comentarios por parte de los lectores. Se debe, sí, pero lo que ocurre no se puede permitir. Y ahí está la dicotomía

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/05/18 a 10:26 am #

      Gracias por el comentario, Arantxa. Sin embargo, no estoy exactamente de acuerdo en que un diario digital deba permitir los comentarios de sus lectores. Algunos no lo hacen, y otros los han terminado cerrando por no poder aguantar el bomardeo de los trolls. Otra posibilidad es exigir identificación, con los datos completos, como antes se hacía con las Cartas al Director.
      En todo caso, aquí estamos hablando, creo, de medios que no sólo no intentan detener esos comentarios, sino que los fomentan y viven de ellos. Casualmente, o no, suelen ser también los que tienen los titulares más tendenciosos y más groseros. Y ese es el verdadero problema. No podemos detenerlos, pero sí denunciarlos.

      • Francisco Reina 2013/05/18 a 11:42 am #

        Y sin embargo, al solicitar identificación, pierdes lectores y feedback en una Internet donde la rapidez y el instante son la premisa. Personalmente he leído comentarios despectivos e insultantes en todos aquellos medios que permitían el libre comentario de los usuarios, pese a la alta calidad informativa de la noticia.
        Como comenté arriba, lo que de ninguna forma puede permitirse y debemos denunciar es que los medios hagan negocio con el vituperio.
        Un saludo.

      • Vicente F. de Bobadilla 2013/05/18 a 1:25 pm #

        Es que ese es el quid de la cuestión. ¿Qué estás dispuesto a hacer para ganar lectores? Aunque según lo que hagas, te entrará un tipo de lector u otro…

  5. Lali 2013/05/17 a 6:19 pm #

    Mucha mala leche es lo que tiene la gente!!

  6. Begoña Cabaleiro 2013/05/18 a 7:21 am #

    ¿Qué fue del País que nos ponían como ejemplo en la Facultad de Ciencias de la Información? De una España de pandereta estamos pasando a una España friki. Al menos lo de la pandereta era autóctono. Lo del casposismo es general. Parece tener algo que ver con la comunicación jibarizada. Malos tiempos para la lírica, para el periodismo,….

  7. Inés Erice 2013/05/18 a 5:53 pm #

    Desgraciadamente hemos llegado a confundir la libertad de expresión con el insulto grosero y la falta de educación. Cuando los adjetivos faltones superan a los argumentos es que algo va mal. Y, desde luego, no hay colores ideológicos en este aspecto. Aprendamos a respetar a los que no piensan como nosotros.

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