Maruja Torres nunca se estará quieta

17 May

maruja_torres_beirut

Su marcha de El País tras 32 años en el periódico sería la excusa perfecta para incensar aquí a Maruja Torres en un post muy apañadito, de esos que salen como de Primera Comunión, en el que fueran desfilando calificativos sobre lo afilado de su pluma, su sobresaliente trayectoria como reportera, su figura como feminista y mujer luchadora y tal. Y, si se diera el caso de que la interesada llegara a leerlo, seguro que echaba hasta la primera papilla. Algunas personas no están hechas para los elogios de compromiso. Ni para leerlos, ni para escribirlos. Pero es que, en el caso de Maruja Torres, estos tópicos tendrían mucho de compromiso y poco de sincero, por lo menos en este blog.

Uno diría que Maruja Torres llevaba ya unos cuantos años creyéndose su propio personaje. Es una tendencia que aparece de vez en cuando entre columnistas de fuste, aunque en su caso, y a diferencia de otros muchos, por lo menos puede decirse que tenía un personaje que creerse, y que lo fue desarrollando a lo largo de muchos trabajos brillantes: reportajes internacionales que convirtieron al medio en que trabajaba en una referencia, piezas de opinión certeras y temibles. Pero a medida que pasaba el tiempo, la Maruja que uno leyó de joven comenzaba a difuminarse, y costaba encontrar los artículos que merecieran la pena, aquellas cargas de profundidad que en otro tiempo la liaban parda, que no pasaban desapercibidas en la prensa ni en los lectores. “¿Habéis visto lo que dice hoy Maruja?” es una frase que lleva años sin pronunciarse. Su estilo fue pasando de ágil a desigual, como montado a trompicones, necesitado de una corrección. Pero la seguíamos leyendo, porque una Maruja Torres a medio gas seguía brillando por encima de muchos chapuceros con dedicación plena.

Y la seguíamos leyendo, entre otras cosas, porque fue de las pocas firmas de El País, por no decir la única, que no se privó de dirigir su ferocidad hacia lo que estaba pasando en el propio periódico. Los despidos. Las condiciones laborales. Los privilegios de Cebrían, y su responsabilidad en el desastre. Demasiado para un periódico que hace tiempo ya que perdió los dientes, y que no estaba dispuesto a que las pocas mordeduras que aún daba se dirigieran contra sus propias canillas.

El resultado era el previsible; fuera de la sección de opinión, que a su edad es lo mismo que decirle fuera del periódico. Uno se acuerda de columnistas como Jaime Campmany o Eduardo Haro Tecglen (siempre me gusta recordar el aprecio personal que se tenían), que escribieron su columna, literalmente, hasta el final. Habría sido impensable que se les echara del periódico porque pisaran más o menos callos. Pero hoy parece que los periodistas ya no mueren al pie del cañón. Los tiempos cambian. Para peor.

Como no se trata de terminar el post en plan depresivo, y menos con el tiempo que hace hoy, hay indicios de que Maruja Torres podría haber encontrado acomodo en otro sitio, lo cual es muy de celebrar. Este bloguero la conoció brevemente hace muchos tiempo, en casa de unos amigos comunes. Había empezado su etapa de reportajes internacionales en El País Semanal, y le hice algún comentario sobre lo mucho que se estaba moviendo. “Y más que me voy a mover, cariño”, me dijo. Tantos años han pasado, y sigue sin estarse quieta.

Una respuesta to “Maruja Torres nunca se estará quieta”

  1. Elvira 2013/05/17 a 2:01 pm #

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