¿Quién necesita científicos teniendo a Iker Jiménez?

13 Jun

Cartel i+d-2

Hace un par de semanas, la prensa se puso de lo más esotérica. Por un lado, me encontré con el amigo Luis Miguel Ariza publicando en El País Semanal un reportaje sobre James Randi, el ilusionista profesional que lleva décadas desarrollando, como actividad paralela, la puesta en evidencia de videntes, psíquicos, médiums y demás parajetas, y que ofrece un millón de dólares a cualquier persona capaz de demostrar sin asomo de dudas que posee poderes paranormales, dinero que, no hace falta decirlo, nadie ha sido capaz de recoger. Ni con la crisis.

Lo que son las cosas, ese mismo día, en el periódico, apareció la noticia de que el Ex presidente del Castellón llegó a pagar 165.000 euros a una quiromántica, a la que posteriormente amenazó cuando vio que, por increíble que pudiera parecer, sus conjuros para conseguir que una mujer se enamorara de él no surgieron el menor efecto.

Para rematar la jornada, otro amiguete, el astrofísico y divulgador Javier Armentia, denunció en una entrada de su blog la tendencia de nuestro cuerpo de policía a hacer sin complejos el canelo, recurriendo a la ayuda de videntes para que les ayuden a desentrañar casos como la desaparición de Marta del Castillo. Todo lo que podría comentar uno sobre este tema, ya lo ha hecho Javier, y bastante mejor. Lean el post.

Todo aquello junto fue como regresar a los años 70, cuando la información paranormal convivía en la prensa nacional (de lo más nacional por aquel entonces) con la teóricamente seria. Extraterrestres, fantasmas y yetis campaban por las páginas de los periódicos con la misma frecuencia con que hoy lo hacen los políticos imputados. Y, por cierto, solían ocupar un espacio equivalente –en extensión y en emplazamiento- a las noticias que se publican hoy sobre genética, antropología o astrofísica. Que unos temas fueran desplazados por otros sólo fue posible cuando el periodismo científico comenzó a tomarse en serio en nuestro país. En los años 80 primaba la astrofísica – Stephen Hawking tuvo bastante que ver aquí- en los 90 la genética y en la década siguiente, la tecnología de consumo y el mundo digital. Vale, está recopilado un poco a lo bruto, pero se harán ustedes a la idea. La ciencia y los medios llevaban el suficiente tiempo de convivencia continuada como para pensar que el público habría desarrollado un interés suficiente por estos temas, en detrimento de la ignorancia y las supercherías. Que estábamos todos, al menos, sólo un poco más educados. Que lo paranormal quedaba, por fin, relegado por lo racional.

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O al menos eso pensaba la lumbrera que les bloguea. Miren, en el momento de colgar este post faltan menos de 24 horas para que el colectivo científico de este país se lance de nuevo a la calle, en una protesta masiva convocada en las principales capitales, para denunciar unos recortes que cercenan no ya el futuro y el presente de miles de investigadores, sino el peso específico que España pueda jugar dentro del concierto científico mundial. Una locura impuesta en nombre de una austeridad irracional, que bloquea el desarrollo de una de las más claras vías de salida de la crisis. Los beneficios económicos de una estructura investigadora fuerte ha sido algo que España jamás ha conocido ni conocerá, ya que el desinterés público y privado ha impedido siempre una apuesta clara para que España pueda jugar aquí alguna vez en primera división.

Un desinterés público que incluye el desinterés del público. Las cifras recogidas por Internet para apoyar la iniciativa de mañana apenas pasan de cuarenta mil, bastante menos que lo que se suele obtener en protestas similares. Hay medios que hacen lo que pueden para concienciar al público, pero sus mensajes no calan. No lo tenemos claro. La ciencia es una cosa rara, de la que se ocupan personas con bata blanca en unos laboratorios que tampoco tienen nada de espectacular, haciendo unas cosas lentísimas y aburridísimas. ¿Cómo vamos a darle a la ciencia el apoyo masivo que necesita hoy más que nunca si no hemos conseguido comprender para qué sirve?

Tantos años de trabajo de periodistas y divulgadores, tanto terreno ganado en los medios, libros, conferencias, webs innovadoras, programas de televisión documentales, y aquí seguimos. En las mismas. Con una policía que se fía de los videntes y con altos cargos que creen en los conjuros de amor. Con adivinos ocupando espacios de madrugada en los canales más siniestros de la TDT, y con un Twitter donde cada lunes, sin fallar uno, son Trending Topic las marcianadas que se contaron la noche del domingo en Cuarto Milenio. Eso sí que mola. Todos sabemos que existen poderes de la mente que la ciencia es incapaz de describir –pero Iker y sus invitados, no-, que las pirámides las construyeron los extraterrestres en régimen de cooperativa y que el que no se pega una buena charla con sus parientes muertos y demás espíritus no es porque no pueda, sino porque es espiritualmente antisocial.

¿Qué más da que haga más de sesenta años que un español no gana un premio Nobel relacionado con la ciencia, y que el último que lo consiguió fuera gracias a una línea de trabajo desarrollada íntegramente en Estados Unidos? El mismo país, fíjense, de donde viene el señor Sheldon Adelson. Ese que nos va a dar trabajo, dicen, en lo único para lo que valemos de verdad.

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