Rolling Stone, atacar sin leer

21 Jul

rolling-stone-tsarnaev-fullHace ahora 20 años que Rolling Stone editó un libro –publicado en España por Ediciones B- donde recopilaba los 37 mejores artículos de su historia. Entre ellos se contaban algunas piezas que habían sentado cátedra en la revista y en el periodismo en general, como los trabajos de Tom Wolfe y Hunter S. Thompson. También había cine y, desde luego, música (Michael Jackson, Aerosmith y, lógicamente, los Rolling Stones), pero llamaba la atención lo variado de la temática del resto de la selección: los efectos de la marea negra provocada por el vertido del Exxon Valdez, la vida cotidiana en Rusia en los últimos días del comunismo, la misteriosa muerte de Karen Silkwood, trabajadora en una planta nuclear, la experiencia de cruzar el Valle de la Muerte a pie, la devastación de los primeros años del sida.

La clave no estaba tanto en los temas elegidos como en su tratamiento. Todos y cada uno de los artículos eran obras maestras, textos que nadie con aspiraciones de periodista debería perderse. Se apuntalaban sobre datos y declaraciones sólidos, y se desarrollaban con un estilo que hacía imposible interrumpir la lectura, a pesar de la considerable extensión de muchos. Confieso que he repasado el libro para la redacción de este post, y por eso la publicación se ha retrasado en unas cuantas horas. Porque cada vez que metía la nariz en un texto, tardaba un buen rato en sacarla.

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Pocos libros son tan obligatorios como este en la biblioteca de un periodista.

Nunca he tenido la menor duda de que Rolling Stone ha sido mucho más que una revista de música y celebridades. Desde sus inicios ha sido un pilar del mejor periodismo, el que cuenta cosas que no conocíamos, el que profundiza y engancha, y por lo tanto, el que perdura.

Ahora parece que hay quienes lo están poniendo en duda. El motivo es la publicación en el último número de un reportaje sobre Dzhokhar Tsarnaev, el autor del atentado en la maratón de Boston que dejó tres muertos y casi dos centenares de heridos. No sólo dedican once páginas a contar su historia, sino que lo sacan en portada, con una fotografía extraída de las redes sociales donde aparece sonriente y luciendo camiseta de Armani. Y tanto despliegue les parece a algunos un exceso injustificable, mientras que otros les acusan directamente de glorificar a un criminal.

¿Hay para tanto? En este enlace tienen el artículo. Si saben inglés, pueden comprobarlo con un clic. Si no, busquen a un amigo que se lo traduzca y juzguen ustedes mismos. Ya les voy yo traduciendo, si les parece bien, el párrafo que los editores han colocado al principio:

“Nuestros corazones están con las víctimas de las bombas de la Maratón de Boston, y nuestros pensamiento siempre estarán con ellos y con sus familias. El reportaje de portada que publicamos esta semana entra en la tradición del periodismo y del compromiso de Rolling Stone de prestar cobertura seria y reflexiva sobre los acontecimientos políticos y culturales más importantes de nuestro tiempo. El hecho de que Dzhokhar Tsarnaev sea joven, y se encuentre en el mismo grupo de edad que muchos de nuestros lectores, hace todavía más importante para nosotros examinar las complejidades de este suceso y obtener una comprensión más completa de cómo puede ocurrir una tragedia como esta”.

Y hay un pequeño detalle más: el artículo es irreprochable, una pieza periodística de primer orden, tal y cómo exigía la gravedad del tema a tratar. Son más de 10.000 palabras, una extensión propia de los grandes trabajos, de los temas que no pueden explicarse en un titular ni en un Twitter. Se tarda un buen rato en leerlo (¿cuánto tiempo hace que no se publica en la prensa española un artículo de esta extensión que merezca la pena?), lo que lleva a pensar que muchas de las críticas, las más encendidas y feroces, se originaron solamente por la visión de la portada, sin molestarse en profundizar en lo que había dentro.

Terroristas y asesinos en serie no son ajenos a la prensa norteamericana. Timothy McVeigh, el autor del atentado de Oklahoma que dejó 168 muertos, fue portada de Time y protagonista de un extenso reportaje en Vanity Fair. O. J. Simpson (todo lo “no culpable” que quieran) apareció en las portadas de Time y Newsweek en la misma semana. Los asesinos de Columbine también fueron portada de Time, igual que Lee Harvey Oswald, y la propia Rolling Stone llevó a la suya, hace muchos años, a Charles Manson, sin que en ninguno de estos casos se levantara la polvareda de hoy.

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En otros tiempos no había escándalo; sólo temas de interés.

Pero entonces, claro, no había redes sociales. Las estructuras actuales de comunicación han creado una sociedad hipersensible que utiliza estas herramientas para declararse indignada a cada minuto, lanzar campañas sin sentido y, en último término, llamar la atención. Y en este caso se da la paradoja de que la sociedad del Twitter ha escogido como blanco a un ejemplo del periodismo clásico, que ha publicado un magnífico trabajo, sin morbo, sin carroñería y sin ofensa a las víctimas; llevado sólo por la necesidad de abordar de forma rigurosa un tema de interés indudable: Conocer la personalidad de un criminal, averiguar qué proceso siguió su mente a lo largo de años hasta desembocar en la preparación de un atentado.

Con Internet convertido en un hervidero de polémicas que vienen y van, pocas sobreviven más allá de 24 horas. Así que, cuando todo esto haya pasado, el excelente artículo de Janet Reitman seguirá disponible para aquellos que quieran conocer el valor del periodismo de calidad. Algo que no nos vendría mal en un país como España, donde el periodismo se confunde con montar programas especiales en TV para sacarle el jugo a casos truculentos como el de José Bretón o Marta del Castillo. No es el tema lo que convierte hace de un periodista un carroñero: es su tratamiento.

2 comentarios to “Rolling Stone, atacar sin leer”

  1. anacadenas 2013/07/22 a 9:38 am #

    Estoy de acuerdo contigo, de principio a fin. Lo que ha ocurrido con esto es que no estamos acostumbrados a este tipo periodismo. Ahora las exclusivas periodísticas surgen del chivatazo post- arreglos de cuentas y las grandes coberturas informativas se hacen en las puertas de los juzgados con entrevistas pactadas por lista de espera (como en el médico) y comentarios de “expertos”. Por cierto, lo de los expertos merece capítulo aparte…deseando leer tu opinión al respecto.

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/07/22 a 9:42 am #

      Ana, gracias por tu comentario. Otro problema, creo, es que en España los temas largos y trabajados dejaron de interesar hace tiempo. Ningún medio tiene dinero ni interés para encargarlos. Sobre mi opinión de los “expertos”, creo que deberías echarle un vistazo al post anterior, aunque el tema da para bastante más…

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