Libros inconclusos y lecturas de verano

26 Ago
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Sólo son ladrillos si los consideramos ladrillos

Ningún aficionado a la lectura, a la lectura en serio, debería perderse el artículo que Carmen Mañana publicó el sábado pasado en Babelia. El club de los libros interminables tiene como tema las obras literarias que más víctimas se han cobrado en su intento por conquistarlas; los libros que más gente ha abandonado a media lectura, vaya. No voy a destripar aquí el artículo, pero sí destacar una curiosidad: junto a los clásicos previsibles –Moby Dick, Ulises– se menciona también a algunos bestia sellers de esos que han sido diseñados, precisamente, para atrapar al lector desde la primera página, como Los hombres que no amaban a las mujeres o las Cincuenta sombras de las narices, y que a pesar de ello han fracasado en captar la atención de un porcentaje significativo de víctimas potenciales.

Creo que todos lectores entusiastas tenemos nuestra lista de deserciones. Ulises y El Rodaballo de Gunter Grass, están entre las de este que les bloguea. Pero las preferencias y experiencias de lectura son tan personales como el ADN, y lo que a uno se le hace indigesto, o simplemente insípido, otro lo devora en tres bocados, y aún pide más. De todos modos, volviendo al artículo de Mañana, quisiera introducir una breve precisión: si abandonamos la lectura de determinados libros, ello puede deberse a que no los hemos cogido en el momento adecuado.

¿Y cuál es el momento adecuado para enfrentarse a un libro largo, arduo y difícil, que requiere de una atención y dedicación especiales para sacarle todo el jugo?

Muy probablemente, las vacaciones.

A lo mejor este post había que haberlo publicado a principios de verano y no ahora, cuando eso que los cursis llaman la canícula está entrando en sus postrimerías, pero bueno. Insisto: las vacaciones. Que es precisamente cuando mucha gente hace todo lo contrario. Se asume que los días libres son los mejores para relajarse leyendo narrativa intrascendente, del mismo modo en que se va al cine con una dieta exclusiva de blockbusters palomiteros. Y ello a pesar de que probablemente en ningún otro momento del año estaremos en tan buena disposición de tiempo y de ánimo para sumergirnos en obras de mayor densidad intelectual.

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El verano en que conquistamos a Joyce… ¿por qué no?

Aquí todo el mundo tiene su lista particular de bestia sellers. Y de verdad que no se trata de personalizar demasiado el post, pero estaba yo pensando que prácticamente todos los que me he tragado –Código DaVinci incluído, lo confieso- han caído en tiempos en los que estaba especialmente estresado, o hasta arriba de trabajo y de preocupaciones. Y cuando se está así, hay que tener muchas conchas como lector para tragarse un Tolstoi. En contraste, abundaron las vacaciones donde dediqué las horas suficientes a autores de peso: En busca del tiempo perdido cayó en siete veranos, a tomo por año; Benet y Herrumbrosas Lanzas, Vargas Llosa y Conversación en La Catedral, Thomas Mann con José y sus Hermanos y Los Buddenbrook, Mújica Láinez con Bomarzo, Kundera con La Insoportable Levedad del Ser y La Inmortalidad, Dickens con Bleak House, Philip Roth con My Life as a Man y The Professor of Desire, Steinbeck con The Winter of Our Discontent; la lectura de todos ellos está asociada en mi memoria a días largos y vacíos. La vuelta al trabajo y a la rutina no tardó en empujarme hacia textos más asequibles. Y aún así, Moby Dick cayó durante un periodo laboral bastante intenso. Ya he dicho que aquí cada uno…

Todos tenemos en las estanterías de la biblioteca algún clásico que hemos abandonado por considerarlo invencible. Aún queda verano por delante. Si se animan a abrirlo, puede que descubran que lo que consideraron a priori un ladrillo se convierte en una magnífica experiencia lectora que recordaran durante muchos años. No siempre es la obra; muchas veces es el entorno. Con decirles que en cuanto cuelgue este post estoy pensando en retomar Ulises

3 comentarios to “Libros inconclusos y lecturas de verano”

  1. Francisco Jódar 2013/08/26 a 12:31 pm #

    Al final todo depende de los gustos. El ‘Ulises’ me costó el verano pasado, pero menos de lo que me temía. Sin embargo, he leído unas páginas del primero de la famosa anatomía de Grey y creo que no podría terminármelo ni en Guantánamo.

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/08/26 a 12:36 pm #

      Bueno, pero cayó en verano, que es de lo que hablábamos ¿no? Las cincuenta sombras creo que forman parte del programa de torturas de Guantánamo, aunque no te lo podría asegurar… Por cierto, me gusta mucho el nombre de tu blog, y el blog en sí. Con tu permiso, lo añado a mi lista.

      • Francisco Jódar 2013/08/27 a 8:50 pm #

        Gracias por lo del blog, aunque lo tengo algo descuidado últimamente… Saludos.

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