Nokiastalgias

3 Sep

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La compra de la división de móviles de Nokia por parte de Microsoft supone, de facto, su desaparición como marca en un plazo no demasiado largo. Supone también el final de una época en la siempre cambiante historia de la tecnología de consumo. Ha sido el último bastión. Motorola, la otra empresa que definió los cimientos de la primera oleada de telefonía móvil, ha caído hace tiempo en manos de Google. En otros campos, IBM, creadora del concepto comercial de Ordenador Personal, se deshizo hace años de su linea ThinkPad vendiéndola a la china Lenovo. Y Philips, que tanto tuvo que decir en el mundo audiovisual, vendió primero en 2011 su división de televisores y, a principios de años, hizo lo propio con la de audio y vídeo.

Quedaba Nokia, la que siempre pareció que no podía caer, o por lo menos lo pareció hasta que hace unos años tuvo sus primeros tropiezos, en un ámbito donde no abundan las oportunidades de levantarse. Dentro de cinco años costará encontrar a algún veinteañero que tenga una idea de lo que la compañía finlandesa llegó a significar en el mundo de la telefonía móvil. Culpa del ritmo endiablado de los surgimientos y caídas en el mundo tecnológico, y de unos medios de comunicación obsesionados con lo último, y sin tiempo ni ganas para la memoria inmediata.

Quienes escribíamos sobre tecnología en los felices noventa conocimos en primera fila el fenómeno Nokia. Otra gente lo ha contado, y muy bien, en sus blogs, y baste indicar aquí que, si Motorola fue quien tomó la delantera en la línea de salida, Nokia se puso en poco tiempo a la cabeza del pelotón gracias a un sistema operativo mucho más completo y sencillo de usar que los de la competencia (cuesta creerlo, pero en otros tiempos cada marca tenía su propio SO), y una gama de teléfonos asequible a todos los bolsillos, que abarcaba desde objetos de deseo como los codiciados Communicator hasta móviles más democráticos (las mismas armas básicas que ha empleado Samsung para arrebatarle el cetro muchos años después). Y siempre con la misma musiquita de fondo.

 

Nokia no solo tuvo una impresionante oferta tecnológica, sino que además, supo comunicarla a los medios mejor que muchos de sus competidores. Antes de que algún lector empiece a llamarme gorrón y a preguntarme cuántos móviles me regalaron (alguno cayó, desde luego), aclaremos que las cosas no van por ahí. Los noventa fueron una mina de oro para todas las multinacionales de tecnología de consumo, que competían en presentaciones, viajes, ferias y eventos de todo tipo. Como me comentó en una ocasión una chica holandesa que trabajó en el departamento de publicidad de una de las marcas “¡No sabía qué hacer con todo el presupuesto que me daban!”. Pero comunicar bien no siempre tiene que ver con contar con un presupuesto millonario, o con untar a los plumillas con un generoso flujo de gadgets de última generación.

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Cuando te parodian, es que lo has conseguido.

La comunicación de una gran marca no está exenta de altibajos. Puede cambiar de dircom, puede cambiar (y de hecho, cambia) de agencia, y esos cambios bastan para que de la noche a la mañana, esa empresa que te tenía puntualmente informado de todo lo que sacaba, desaparezca. Los correos dejan de llegar, no hay llamadas. Si el periodista tiene tiempo (o simplemente, si se acuerda), intentará localizar a los nuevos responsables para hacerles saber que él y su medio, con perdón, existen. Si no, dedicará su atención a los competidores que le siguen haciendo llegar sus novedades. Que tardan dos llamadas de teléfono en conseguir un portavoz autorizado. Que pueden enviarte fotografías, informes o artículos de sus expertos internacionales en lo que se tarda en hacer clic en un correo electrónico. Esto suena a algo tan obvio como decir que un coche para andar tiene que tener un volante y cuatro ruedas; y sin embargo, no me hagan dar nombres.

Nokia nunca bajó la guardia. Ni la empresa, ni las sucesivas agencias que se ocuparon de sus relaciones con la prensa. Su trabajo a través de los años fue tan sobresaliente como (casi siempre) la tecnología de los teléfonos que presentaban. Fue la clave de su presencia continua en los medios de comunicación verticales y generalistas, y una labor de la que todavía nos acordamos muchos profesionales de los medios, a uno y otro lado.

Las cosas no serán iguales en el mundo de la telefonía móvil, porque nunca lo son. Los cambios son continuos, los jugadores también. Una pena escribir este post, tan centrado en el pasado. No me cabe duda de que llegará otra época dorada de la tecnología móvil; pero no será igual que la primera, de la que Nokia fue protagonista indudable. Por eso me parecía feo dejar que emprendiera la travesía del horizonte sin por lo menos un intento de decirle adiós como es debido.

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