David Niven, el mejor escritor de Hollywood

19 Oct

9788494175404En un mundo editorial donde las novedades se atropellan unas a otras en las mesas de las escasas librerías que van quedando, es un milagro que alguien tenga el valor de atreverse a lanzar de nuevo libros del pasado. Es lo que ha hecho la editorial Torres de Papel con el segundo tomo de las memorias de David Niven, reimpreso en numerosas ocasiones en Inglaterra y Estados Unidos, e inencontrable en nuestro país desde hace décadas.

Niven fue un actor apreciable, pero también fue uno de esos tipos expertos en usar su encanto personal para abrirse paso en su carrera (A. Scott Berg, biógrafo de Samuel Goldwyn, el productor que tuvo a Niven bajo contrato durante años, le llama directamente “sinvergüenza”), y parte de ese encanto radicaba en su capacidad para amenizar cualquier velada contando un sinfín de anécdotas, a cual más hilarante. Cuando su carrera atravesó un bache, probó suerte como escritor, y aunque su primer libro, la novela Round the rugged rocks, fue un éxito discreto, con los dos siguientes descubrió que tenía un talento aún mayor para pasar sus historias al papel. Al contrario que muchos colegas suyos, no necesitó negro; ninguno hubiera estado a su altura como narrador.

Frente al libro anterior del actor The Moon’s a Balloon, que sigue el esquema clásico de una autobiografía, Mis años locos en Hollywood es un mosaico de recuerdos sin excesivo orden, pero enclavados todos ellos entre el principio de los años 30, cuando Niven apareció por la Meca del Cine en busca de fama y fortuna, y finales de los 50, cuando, convertido en una estrella, abandonó un mundo que ya no reconocía para establecerse entre Suiza y la Riviera francesa. En esos años tuvo tiempo de recopilar vivencias suficientes con las que alimentar uno de los libros más encantadores que se hayan escrito jamás sobre ese “Hollywood clásico” que tanta gente cita y tan poca se ha molestado en conocer más allá del tópico, visto desde los ojos, vivencias y convivencias de Clark Gable, Vivien Leigh, Greta Garbo, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Noel Coward, Charles Chaplin, Fred Astaire, Errol Flynn, Cary Grant, además del restaurador Mike Romanoff, o el magnate William Randolph Hearst, entre otros muchos.

Un par de avisos a quienes estén interesados. Primero, no se vayan a creer todo lo que lean. Niven era un magnífico narrador de historias, pero nunca dejaba que la verdad se interpusiera si eso significaba sacrificar atractivo, sorpresa, humor o relevancia de sus protagonistas. Casi todo lo que se cuenta en él es cierto, pero muchas veces en la realidad las fechas, lugares o protagonistas de las anécdotas fueron otros. Cuando este libro apareció en Estados Unidos, una revista de cine organizó un concurso entre sus lectores en busca de los errores que contenían sus páginas, y el ganador descubrió más de treinta.

Y, segundo, tampoco piensen que el libro es una fiesta continua. Sorprenden capítulos como Our Little girl, verdadera película de horror donde Niven narra el fin de semana que pasó a solas cuidando a una estrella de cine completamente desquiciada (cuyo nombre, caballerosamente, omite), hasta que pudo conseguir ayuda psiquiátrica. O Degrees of friendliness, donde confiesa sin adornos el pánico que se apoderó de la industria del cine durante la Caza de Brujas, y cómo el miedo a perder los privilegios de la vida de estrella frenó a muchos actores, él incluido, de oponerse a aquella Inquisición en busca de presuntos agentes comunistas (¡en una industria dominada por los empresarios más conservadores que pueda imaginarse!), que se cobró numerosas carreras profesionales, y alguna vida humana.

Así que enhorabuena a Torres de Papel por atreverse con la reedición de una obra imprescindible. Y, eso sí, una sonora bronca a Torres de Papel por buscar un título tan horroroso para la edición española. De acuerdo en que el original (“¡Traigan los caballos vacíos!”) no se entiende mucho, pero es que tampoco se entiende en el idioma original… hasta que el lector llega al capítulo dedicado a Errol Flynn y se entera del peculiar conocimiento del inglés que tenía el húngaro Michael Curtiz, director de La Carga de la Brigada Ligera.

No se lo pierdan.

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