El primer reducto del machismo

25 Nov

MACHISMOMATA

En el año 2006, pasé unos meses sumergido en mensajes machistas. Tuve que hacerlo, porque me estaba documentando para la redacción de mi libro Es cosa de hombres, donde repasaba la presencia del machismo en la publicidad española entre los años 1939 y 1975. Me hice con una buena colección, en soporte impreso y audiovisual, de ejemplos donde se consideraba a la hembra de la especie poco menos que retrasada mental, absolutamente incapaz de ponerse a la altura del varón en cuando a responsabilidades profesionales, nivel de inteligencia, y no digamos capacidad profesional.

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En los anuncios, la violencia contra la mujer aparecía sólo esporádicamente, aunque hay algunos casos bastante conocidos (sí, el que aparece a la izquierda es de verdad). En otros campos fue más abundante, por ejemplo en la música: recuerdo una canción que sonaba por la radio en mi infancia, cuyo estribillo era “mala muhé, no tiene corasón / mala muhé, no tiene corasón”, con los lolailos del fondo haciendo los coros “mátala, mátala, mátala, mátala”. Pero aquello no era sólo cosa de lolailos: en los años de la mal llamada Movida, Loquillo incorporaba a su repertorio la canción La mataré (“a punta de navaja / besándola una vez más”), Los Ronaldos soltaban que “tendría que besarte, desnudarte / pegarte y luego violarte / hasta que digas sí”, y Los Ilegales, en Lavadora Blues nos recomendaban “Te daré un consejo / por si te sirve alguna vez / compra una lavadora Philips / o corta el cuello a tu mujer”. Y, como colofón, echen un vistazo al vídeo emitido en plena Nochevieja de 1993, cuando ya presumíamos ante el mundo entero de país moderno y tal, y verán las risas que se echa el respetable ante un Andrés Pajares desatado cantando su famoso hit “yo maté a Magdalena”.

Estas canciones hoy no suenan demasiado (Loquillo ya ha dicho que hace años que ha eliminado La mataré de su repertorio), pero lo que intentaba contar aquí hoy es cómo mi generación y las anteriores crecieron en un entorno donde la inferioridad de la mujer, y su sumisión hacia el hombre, era un mensaje omnipresente y cotidiano. Cuando parecía que años de campañas y esfuerzo social, por no hablar de una presencia cada vez mayor de la mujer en el entorno profesional, habían conseguido cambiar las tornas, los últimos (y penúltimos; recuerdo otros anteriores) informes publicados hablan de un retorno al machismo, a la violencia contra la mujer y a la sumisión de ésta, en las generaciones más jóvenes.

Tampoco puede uno decir que le sorprenda. Sí, los mensajes machistas como los expuestos al principio del post se han reducido en los últimos años, y cuando aparece alguno, llama la atención por innatural. Arrecian las críticas y las denuncias contra la publicidad machista, los libros machistas, las películas machistas, las obras machistas –hay quien ha sugerido incluso que se deje de representar el Tenorio la noche de difuntos, pero a esa memez ya ha contestado el amigo Ernesto Filardi con bastante más puntería de lo que yo podría hacerlo-; estamos no protegidos, sino blindados contra el machismo. En todas partes, menos quizá en una. Nuestro entorno, nuestro círculo social. Nuestras influencias más directas cuando no estamos todavía formados. Lo que vemos en casa.

Al machismo se le puede rechazar, del mismo modo en que no dejamos entrar en nuestro hogar a un invitado indeseable; o se le puede dejar pasar como a esa visita a la que consideramos un poco bruta, pero en el fondo nos da igual, porque nos reímos mucho con las cosas que dice. De la opción que se esté eligiendo dentro de muchas casas dependerá lo que vayamos a encontrarnos después en la calle. Las campañas, está visto, siguen siendo necesarias, y la concienciación nunca será suficiente. Pero es la buena educación la que desnuda al machismo en toda su repugnancia, la que hace que los anuncios sexistas parezcan ridículos, los casos de violencia, indignantes, y las ideas de que la mujer es inferior, propias de tiempos afortunadamente pasados.

3 comentarios to “El primer reducto del machismo”

  1. Francisco Reina 2013/11/25 a 7:51 pm #

    No comparto su relativismo temporal, este cuestionar la moral de determinadas canciones o anuncios desde nuestra perspectiva en el año 2013. ‘La mataré’ supone un valor histórico en lo musical en España, más allá de su mensaje: comenzar a censurar la Historia supone olvidarnos de nuestros orígenes, de lo que fuimos (lo digo porque parece que aplaude que Loquillo haya renegado de ella).
    Conozco canciones actuales que hablan sobre mujeres que matan a sus maridos, o que ejercen violencia contra varones (puedo darle más de un nombre, se lo aseguro). ¿Supone ésto una futura vergüenza para nuestros días, un punto de crítica implacable de quienes vendrán?¿Hasta qué punto la libertad de expresión y artística debe quedar limitada por la moral colectiva (siempre, o casi, por las leyes vigentes)? Un saludo.

    • Vicente F. de Bobadilla 2013/11/25 a 8:03 pm #

      No, no, Francisco, me temo que no me he sabido expresar bien. De ninguna manera estoy sugiriendo que se prohiba ninguna canción, libro, película u obra teatral por su contenido machista, político, religioso… Vamos, por ninguno. Si esa es la impresión que le ha dado el post, lo siento mucho. Nada más lejos de mi intención.

      Más que alegrarme que Loquillo haya dejado de cantar La Mataré, me gustan las razones que ha dado para dejar de hacerlo. Pero podría seguir cantándola si así lo deseara, igual que las otras canciones que nombro. Abogo más bien por una formación que permita reconocer mensajes negativos y valorarlos en su justa medida. Por lo demás, le recomiendo el artículo de Ernesto Filardi que he enlazado.Lo deja todo clarísimo; claro que Ernesto es un genio, y uno en cambio… Gracias por comentar, como siempre.

      • Francisco Reina 2013/11/25 a 8:11 pm #

        De acuerdo, entonces me he excedido al interpretar sus palabras. Un saludo.

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