Columnismo y ombliguismo ¿son periodismo?

9 Ene

AGP02

Se celebran estos días en la Universidad de Málaga las jornadas sobre Periodismo de Opinión que han reunido a lo mejor y más florido de la columnería de nuestra prensa. Si es una paradoja que el silencio de la escritura pueda provocar ruido, estas son las firmas dentro del gremio que mejor dominan este arte. Y por ello han incendiado Twitter (si seguimos utilizando este símil tan a menudo, habrá que ir pensando en instalar en la red social su propio parque de bomberos) con la etiqueta #columnismofma cubriendo las sesiones de hoy, en las que han tocado temas como Columnismo, tradición y renovación del género; El protagonismo de la columna en la cobertura política, hecho diferencial español, o La columna perecedera como género de antologías. Para mañana, el programa ofrece El artículo, de Larra al 2.0, La ‘anómala’ centralidad del columnismo en el periodismo español y, como culminación ¿La columna en el Parnaso de la Literatura?

La Universidad está ofreciendo las jornadas en directo, y es de esperar que posteriormente las dejen colgadas en la web. Son, como mínimo, un buen ejemplo no ya de las mejores piezas (tómense la palabra como prefieran) del columnismo de hoy, sino de la visión que los columnistas tienen de sí mismos. Quizá en ningún otro acto público entre periodistas especializados haya tanto compadreo, tanto ombliguismo mutuo, y tanta palmadita en la espalda, ocultando por un día, las formas obligan, el puñal cachicuerno que las suele acompañar. Claro que el periodismo de opinión no sólo es defendible, sino imprescindible, y ningún periodista con dos dedos de frente pondrá en duda el valor del homenajeado maestro Manuel Alcántara. Pero Alcantará no hay más que uno. Y de los demás, cabría decir que hay demasiados.

Por supuesto que este post está escrito desde la envidia. ¿Qué somos los blogueros sino columnistas frustrados? Es cierto que los periodistas miden el éxito de un trabajo no en felicitaciones, sino en callos pisados. Pero siempre que se juntan los opinólogos para hablar de sí mismos, acaba cansando un poco el autoretrato colectivo donde tantos participantes gustan de presentarse como moscas cojoneras cuyo zumbido es temido por igual por las parcelas del poder, y por sus propios jefes, quienes tiemblan ante la posibilidad de que la última columna lanzada desde la irrenunciable independencia de estas plumas imparables les vaya a costar recibir en el móvil la llamada furiosa de algún presidente de empresa, de algún ministro, o quizás incluso de…

Llaman la atención dentro de las jornadas algunas ausencias. Dejando aparte a Almudena Grandes y marido (o a Luis García Montero y señora), no abundan los escritores, cuando es sabido que literatos como Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte o Antonio Muñoz Molina se cuentan entre los columnistas más leídos del país. Y se echa sobre todo en falta la completa ausencia de humoristas, cuando la habilidad de muchos de ellos, con El Roto a la cabeza, para crear opinión provocando al mismo tiempo la risa y el escalofrío, les haría merecedores por sí solos de protagonizar alguna rimbombante sesión.

Igualmente, es poco probable que dentro de las jornadas se toque el tema de que el éxito de los columnistas de hoy se debe en buena parte a la eliminación. A la eliminación de los demás factores que justifican la compra y lectura de un periódico, entre las que destaca el periodismo de plantilla, realizado por redactores de base, que pueden pasar días, semanas o –en los buenos tiempos- meses preparando trabajos sólidos y profundos, investigaciones apuntaladas y exclusivas que el diario presentaba en su primera página con el orgullo de un ejército ondeando la bandera. Pero ese periodismo, el buen periodismo, es caro, y hoy las cosas no están para gastos. Los medios, además, están entrampados con bancos y demás entidades del poder financiero, y dependen como nunca de la publicidad que pueden atrapar. No están los tiempos para molestar a según quien.

Así que las plantillas de reporteros se adelgazan, pero los columnistas permanecen. Incluso se multiplican, con lo que el periodismo en España es lo más parecido a la Mezquita de Córdoba: se sustenta sobre multitud de columnas, cuyos autores salen mucho más rentables que los periodistas del montón. Con unos párrafos consiguen el triple de repercusión que antes conseguía una primicia de varias páginas, y saben de qué temas deben hablar y de cuáles no. Porque la actualidad ofrece demasiados temas vitales como para dedicar una columna al ERE que está viviendo ese mismo periódico para el que se colabora, o para dar nombres y apellidos a los responsables de la precariedad laboral del gremio, que se escudan en la crisis para vaciar las redacciones de veteranos con sueldos decentes. Gracias al correo electrónico, muchos ni siquiera tienen que aparecer en persona por la redacción para entregar su columna, con lo que es comprensible que no puedan enterarse de lo que pasa en ella. Ni siquiera un maestro del estilo puede estar en todo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: