¿Han visto ustedes por ahí una libreta?

15 Ene

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(Para Patricia Millán -@PatMimo- por preocuparse)

Como muchos de mis contactos en las redes sociales pertenecen al ámbito tecnológico, es frecuente que relaten en ellos las cuitas que sufren con sus gadgets cotidianos. Extravío o robo de iPhone 5C tras una intensa noche de copas; precipitación de Galaxy S4 por la taza del retrete, seguida de apresurado e inconsciente tirón de la cadena; aplastamiento de HTC One por apisonadora guiada por probo obrero durante la última Operación Asfalto; deglución de LG G2 por hipopótamo del Zoo (bueno, vale, esto último no es verdad, al menos, que yo sepa); invasión de malware caníbal e incivilizado que te deja la base de datos mirando para Cuenca. Pero lo más frecuente es extravío, extravío y extravío.

Durante unos días, lo que se me ha perdido a mí ha sido mi libreta de notas. Tiene más o menos el mismo tamaño que mi Smartphone, pero si tuviera que elegir, no sé de cuál de los dos preferiría prescindir. Por supuesto que uso mucho mi móvil, pero todo su contenido está duplicado en la nube o en la copia de seguridad. La libreta, en cambio, es otra cosa, o se ha ido convirtiendo en otra cosa a medida que la utilizaba para meter en ella todo tipo de contenidos; contenidos que, a diferencia de los de un dispositivo electrónico, no pueden transferirse por WiFi. Sólo pueden salir como entraron: escribiéndolos.

Si alguien se pregunta cómo es que algunos seguimos utilizando libretas de papel cuando tenemos también dispositivos que nos permiten escribir, dictar y almacenar contenidos con mayor comodidad, la respuesta –por lo menos, la mía- es que, si no tienen ellos mismos una libreta, es difícil explicárselo. No es el único cuaderno que uso: están mi agenda, mi diario personal, y otros de tamaño y dimensiones variadas que almacenan cuentos, proyectos de libros, o notas profesionales. Cada cosa, siempre dentro de un orden, tiene un cuaderno propio.

Pero la libreta de notas es un mundo aparte. Dentro no hay nada y hay de todo: hay bocetos de posts para este blog, y proyectos de cuentos. Hay ideas anotadas deprisa y corriendo, con el firmísimo propósito de desarrollarlas uno de estos días, cuando haya tiempo. Hay citas y párrafos enteros de escritores que encuentro por ahí, y que copio para tener la seguridad de que así los tendré siempre conmigo. Hay títulos de libros que tengo que comprar, o al menos, que leer. Hay anotados el nombre y el autor de cuadros que me atrajeron especialmente en alguna exposición, de una música que escucho en la radio, de un CD que me recomiendan. Hay frases. Algunas mías, y otras –las mejores- de otros. Y todo eso junto, o mejor dicho, sucediéndose página tras página, es lo que hace que cada una de estas libretas sea tan parecida y tan diferente a las demás.

Cuando acabo una, la guardo en el armario y cojo otra, que desde ese día me acompañará casi siempre allá donde vaya. Al empezarla, no tengo ni idea de qué cosas meteré en ella, ni de cuándo la acabaré. Puedo pasar días o semanas sin usarla, pero un día me recuerda que si está continuamente conmigo es para algo. Entonces a lo mejor lleno páginas, una detrás de otra, hasta que veo que se queda satisfecha y tranquila, como un gato que se enrosca después de comer. Y de vez en cuando la repaso, o me da por repasar alguna de las anteriores, y alterno las desilusiones por las tonterías que pude llegar a meter con la felicidad de volver a encontrar ideas que merecen la pena de ser retomadas. Uno de estos días, cuando haya tiempo.

Me conozco de sobra la teoría que sostiene que el papel es caduco y frágil, frente a la solidez y versatilidad del almacenamiento digital. Sin tener nada contra este último, a veces pienso en fotos o documentos que se han perdido al abandonar dispositivos antiguos por fallos o pereza a la hora de hacer la transmisión de datos. Un dispositivo digital antiguo es poco más que chatarra. Un cuaderno, aunque amarillee y huela, siempre nos atraerá a abrirlo, a ver lo que nosotros, o alguien, puso en él.

Por eso me he alegrado tanto de encontrar la libreta, que llevaba días riéndose de mi escondida en el bolsillo más recóndito de una de mis prendas de abrigo. Pero durante este tiempo me he consolado pensando en que, si no aparecía, siempre podría escribir un post de despedida. Y aquí lo dejo de todos modos, dedicado a los que seguimos contando con las libretas de notas tanto como con las tabletas. Porque apreciamos el tacto y las posibilidades del papel tanto como la velocidad de un procesador.

 

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3 comentarios to “¿Han visto ustedes por ahí una libreta?”

  1. JuanF 2014/01/15 a 8:45 pm #

    Para mi las notas son fundamentales, pero en digital…ya me conoces 😉 Te recomiendo Evernote, que supongo ya conocerás, que hace exactamente todo lo que dices de manera muy sencilla, organizado por cuadernos, te deja copiar párrafos de textos online para ideas, y otras muchas funcionalidades: https://evernote.com/intl/es/

    Sin embargo en iOS (iPhone+iPad) desde que instalé A-note (http://youtu.be/owmJqSGd_5o) ya no me he separado de ella …siendo en teoría menos potente que Evernote…

    Abrazos!

  2. Vicente F. de Bobadilla 2014/01/15 a 8:51 pm #

    Ya… Si yo tengo varias de esas aplicaciones, incluída la de Moleslkine, pero a la hora de la verdad… 😉

    • JuanF 2014/01/15 a 8:57 pm #

      Para escribir más “agusto” el cuaderno, pero para ideas relámpago, avisos, listas… este tipo de apps móviles son tremendas en productividad…

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