Facebook es para siempre; los amigos, no

4 Feb

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La red social Facebook ha cumplido hoy diez años. Lo cual es un tiempo de vida muy superior al de cualquiera de los aparatos que se utilizan para acceder a ella. Desde que Mark Zuckerberg la lanzó, sus usuarios habremos cambiado al menos un par de veces de portátil, cuatro o cinco de móvil –el dispositivo por el que más entramos en la red: un 78% de los usuarios, según el Daily Star– y contaremos con un nuevo aparato –el tablet- que no existía en los inicios de la red social… Pero que probablemente también habremos reemplazado ya, o estaremos a punto de hacerlo, por otro modelo más reciente. El hardware tiene tiempos de vida cada vez más breve; la red azul está disfrutando de una larga vida que contradice las noticias que aparecen aquí y allá anunciando su inminente caída en picado. Los más de 1.200 millones de usuarios activos que proclama la compañía podrían ser el desmentido definitivo, aunque personalmente creo que es una cifra que se debe coger con pinzas.

Cuando Facebook comenzó a despuntar, incluso en 2009 había especialistas que lo citaban al mismo nivel de otras redes entonces en auge como MySpace, Friendster, Hi5, Second Life. Cuatro años después, lo que queda de ellos se arrastra por las zonas más oscuras de la web, pero Facebook continúa. En 2010, el 57% de los usuarios entraban en él a diario; hoy el porcentaje ha subido al 64%. Lo llevamos con nosotros a todas horas, por lo que siempre hay algún momento muerto en el que nos entretenemos viendo qué se cuentan los demás, o compartiendo esa foto que acabamos de hacer con el móvil. ¡Incluso han mejorado el chat!

En este día de cumpleaños, la web rebosa de noticias y datos sobre Facebook, así que aquí poco nuevo podemos añadir. Continúan las quejas sobre sus numerosos y confusos cambios en la política de privacidad (si quieren una recomendación personal, ahí va: TODO lo que metan en la web, sea donde sea, es susceptible de acabar haciéndose público. Cuanto antes tengan esto claro, menos anginas de pecho sufrirán en el futuro), y la presencia de las marcas comerciales es hace tiempo una interferencia constante. No es la única cosa que ha cambiado en esta red desde sus inicios; de hecho, los cambios entre el Facebook de antes y el de ahora es lo que me lleva a recomendar que consideremos muy seriamente cómo lo estamos utilizando, para qué fines y, muy especialmente, con quién.

“No queremos que la gente haga nuevos amigos online. Solamente queremos ayudarla a localizar digitalmente las relaciones que ya tiene”, declaró Zuckerberg en sus primeros días, orgulloso de que la gente usara su red para contactar con los amigos que ya tenía en el mundo real. Y, en efecto, eso es lo que ofrecen los pasos iniciales en Facebook: Conectas con amigos y familiares. Poco a poco, vas incluyendo a antiguos compañeros de trabajo. Localizas a los amigos del cole y de la Universidad. Hasta aquí, bien. Es exactamente lo que prometió Zuckerberg; en tu perfil hay sólo contactos de confianza, un pequeño grupo muy cercano a ti con el que piensas que puedes compartirlo todo.

Entonces empiezas a meter la pata. Amigos de amigos te piden contactar, y aceptas. Tus compañeros actuales de trabajo te piden contactar, aunque sólo haga unos meses que os conocéis, y aceptas. Tus jefes te lo piden ¡y aceptas! (¿Se puede hacer una estupidez mayor? Sí: que seas tú el que les pidas contactar). Cuando te quieres dar cuenta, el porcentaje de amigos que han salido de no sabe dónde y que pueden acceder a todo lo que publicas en tu muro ha crecido más de lo que esperabas en un principio. Eres el centro de un número de miradas cuyo origen desconoces. Aunque te lo hayas buscado tú.

Hay gente a la que esto no le importa (bastantes periodistas, por ejemplo), e incluso lo fomentan, porque usan Facebook como una proyección de su trabajo y cuanto más gente les siga, mejor. Pero para los usuarios normales (no, nunca he considerado que los periodistas lo seamos ¿OK?), me permito darles un consejo para celebrar el décimo cumpleaños: poden su Facebook. Ya. Examinen su lista de amigos y empiecen a eliminar a 1) aquellos que no conocen fuera del ámbito digital 2) aquellos con los que llevan años sin tener trato directo 3) aquellos cuya relación con ustedes es casual o, como mínimo, vaga 4) aquellos que no publican jamás. (¿Ellos pueden leer todo lo que usted quiera contar de su día a día, pero usted no sabe nada de ellos? Vamos, hombre). 5) aquellos que pasaron por su vida en circunstancias puntuales, y se fueron igual que vinieron. Vale que Céspedes, con el que coincidimos en aquella oficina hace años, era un cachondo mental, pero ¿queremos seguir sabiendo cosas de él cinco años después?

Si busca redes abiertas, donde uno se expone a la vista de todos, hay otras muchas, con Twitter a la cabeza. Pero si quiere recuperar la impresión de un Facebook donde sólo habla con la cantidad justa de amigos y conocidos, comience a cortar cabezas. ¿Tiene 300 amigos? (Nadie tiene 300 amigos) A ver si puede dejarlos en 200. O en cien. Y a ver si el vigésimo aniversario de Facebook nos sorprende con un mayor control de nuestro perfil digital… Y de quienes nos siguen.

4 comentarios to “Facebook es para siempre; los amigos, no”

  1. Paula 2014/02/04 a 7:40 pm #

    Me ha gustado el post! al hilo de estos temas escribí algo pero nunca tuvo salida… sobre todo el tema de que las redes sociales no nos permiten cerrar capítulos, estamos enterados de todos y de todo tipo de detalles, muchas veces innecesarios, y al final se convierten en un patio de vecinos muy peligroso…

    • Vicente F. de Bobadilla 2014/02/04 a 7:49 pm #

      Gracias, Paula. Ahora tengo que confesarte que poner en práctica lo que recomiendo es algo que siempre he dejado para mañana, pero tengo toda la intención de ir reduciendo mi Facebook, y aumentando mi Twitter y mi Linkedin. De todos modos, cada vez soy más cuidadoso con las solicitudes de amistad que acepto. Acepto MUY pocas.

      • Escucha crecer la hierba 2014/02/04 a 11:58 pm #

        Otra opción que yo práctico es dar categorías a los amigos de Facebook. De esta manera las publicaciones habituales solo llegarán a los etiquetados como amigos y cundo te interese que algo llegue a todos metes también a conocidos. Es laborioso la primera vez q lo haces. Después es fácil porque cada vez que aceptas a alguien le das su “credencial” que le dará derecho al contenido deseado por ti.

        Pero muy de acuerdo con las podas en los equinoccios… Jejeje

  2. Vicente F. de Bobadilla 2014/02/05 a 10:06 am #

    En efecto, esa es una buena opción. El problema es que, como tú dices, establecer esas categorías es un poco, digamos… laborioso. Tanto como la declaración de la renta de Botín, o algo así. Vamos, si se tiene paciencia seguro que da resultado, pero creo que se puede combinar con las limpias periódicas.

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