El disfraz

13 Mar

TrajeCuando quedamos el otro día para tomar café, mi amigo apareció con su disfraz. El de ese día era azul oscuro con raya diplomática, camisa celeste, corbata de seda. Los movimientos de su mano dejaban entrever el brillo discreto del acero de su reloj suizo. No se disfrazaba siempre, me aclaró –yo ya lo sabía- pero venía de un encuentro (antes los llamaba entrevistas, pero hace ya tiempo que no usa esa palabra) y por la tarde tenía un pequeño evento social por donde pensaba dejarse caer.

A mi amigo, durante mucho tiempo, le fueron muy bien las cosas. Hasta que no pudo correr más que la crisis, y entonces dejaron de irle. Antes de eso, tomó todo lo que sus altos ingresos podían ofrecerle. Buena casa, coche importado, viajes, vacaciones, restaurantes de moda, maltas de dieciocho años o, como le gusta decir a él, “whisky mayor de edad”. Al principio, no pensó que tuviera que renunciar a todo ello, y no lo ha hecho. Del todo no. Aún quedan ahorros con los que mantener la casa y el coche, aunque este lo saca poco desde que tuvo que cambiar el seguro de todo riesgo a terceros. Prefiere el Metro. Va tirando, aunque es más discreto en sus gastos, y cuando saca dinero del cajero no suelen ser más de veinte euros de una vez. Como para no querer molestar demasiado al saldo.

De su buena época le queda un excelente vestuario. Invirtió en ropa de corte clásico, acorde con su puesto y su profesión, con la ventaja añadida de que no pasa de moda. Sostiene, y creo que tiene razón, que un traje oscuro y una camisa de rayas son un traje oscuro y una camisa de rayas hoy y dentro de diez años. Así que los sigue utilizando. Quizá alguien se dé cuenta de que las corbatas van siendo un poco pasadas de moda, pero eso es todo.

Cuando no tiene que salir de casa, va con ropa vieja y zapatillas. Cuando tiene una reunión, cuando va a mostrarse ante sus antiguos colegas, cuando tiene que hacer como si nada le hubiera afectado, saca uno de sus trajes de antes .Y una de sus sonrisas de antes. Y se lanza, a ver qué cae. A ver si ese día alguien le hace una oferta, un comentario, una sugerencia, que le permitan entrever la salida del túnel.

– Todavía no he empeñado el reloj – me comenta, no del todo en broma, no del todo en serio- Pero a veces me vengo abajo. No cuando estoy en mi ambiente, entre mis colegas. Es cuando algún mendigo me pide dinero. A veces le doy, a veces no. Pero con mi aspecto, me ve como un privilegiado, cuando yo sé que todo es mentira, y espero que no me note el miedo que tengo a terminar pidiendo limosna igual que él. Que no vea que estamos más cerca de lo que parece.

Se ha hablado mucho estos días, como es habitual en esta época, de los carnavales. Es lugar común decir que la gente se disfraza para intentar ser otra persona. El caso de mi amigo es un poco más raro; porque él, cuando se disfraza, lo hace para intentar volver a ser la persona que era hace unos años.

3 comentarios to “El disfraz”

  1. Eulalia 2014/03/13 a 8:34 pm #

    Con esta crisis todos nos disfrazamos un poco… Y aunque pensamos que nada volverá a ser como antes -sueldo y fijo-, nos negamos a retroceder más que para tomar impulso.

  2. Elena del Amo 2014/03/18 a 3:19 pm #

    Qué crudo y qué bien contado!

    • Vicente F. de Bobadilla 2014/03/18 a 7:50 pm #

      Gracias, Elena. Son tiempos crudos, sí…

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