Lorca y Machado, en el momento justo

18 May

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Supongo que ya estarán enterados de la polémica: la editorial Anaya ha retirado un libro de Lengua pensado para alumnos de Primaria, tras el aluvión de quejas recibidas por “suavizar”, cuando no “ocultar” las circunstancias de la muerte de dos de nuestros principales poetas, Lorca y Machado. Del primero se dice que “murió cerca de su pueblo durante la guerra en España”, y del segundo, que “se fue a Francia con su familia. Allí vivió hasta su muerte”.

Estos textos han sido considerados intolerables por la Dirección General de Memoria Democrática, dependiente de la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, que al parecer fue la que levantó la liebre, y por toda la prensa de izquierdas, sin excepción, que ha llenado páginas, de papel y de Internet, acusando a las autoras del libro de ser poco menos que fundadoras del club de fans de Pío Moa. Consecuencia: los libros, como hemos indicado antes, serán retirados y “destruidos”. Yo no sé a ustedes, pero a mí las noticias sobre libros que acaban en el fuego por presiones externas –de estamentos profundamente democráticos, faltaría más- me recorre como un escalofrío por la espalda. Y no se me va.

Ha sido inútil que en la editorial hayan intentado defenderse argumentando que es un libro pensado para primero de Primaria, es decir, para niños de seis años. Mis seis años transcurrieron en las postrimerías del franquismo, cuando ya la censura había abierto la mano de forma considerable, y mis libros de lectura escolar eran los inolvidables Senda, editados por Santillana (ni les cuento el precio al que se cotizan ahora en eBay), donde uno iba encontrando, junto con versificadores tan temibles como Gloria Fuertes y Amado Nervo, algunas poesías de Lorca, de Machado, de Juan Ramón Jiménez.

Desde luego, que, en ese espacio de mi vida que transcurrió hasta los diez años, no tuve mucha idea de la vida o la muerte de esos señores. Sólo sé que lo que leía de ellos me gustaba. En los años de la preadolescencia, mi generación ya tuvo tiempo de irse enterando de muchas cosas, y a lo que íbamos conociendo de su obra se añadió lo que fuimos aprendiendo sobre su vida, y leyendo, en libros y periódicos, sobre la historia reciente de este país. Creo que fue el momento justo, y que a los seis años no estaba preparado –no creo que ningún niño lo esté- para conocer pormenores trágicos.

Alejémonos un poco de la Guerra Civil –es difícil, ya lo sé, pero vamos a intentarlo- y pensemos en otros clásicos de diferentes artes que los niños empiezan a conocer en esos años. Cuando lean algunas páginas de El principito ¿hay que comentarles la muerte de Saint-Exupéry en accidente de avión? Al enseñarles un cuadro de Van Gogh ¿se les habla de su locura, de su automutilación, de su ruina económica, de su suicidio a los 37 años? Hablando de suicidios, es cierto, Larra no se suele leer a los seis años, pero si se estudia su figura ¿se les explica a los niños que se pegó un tiro por amor? ¿Cuando se les haga escuchar por primera vez a Mozart no hay que olvidar hablarles de su padecimiento y muerte con sólo 35 años? Y no nos olvidemos de Juan Ramón Jiménez. No estaba pensando tanto en su exilio durante la Guerra Civil, sino en sus depresiones y crisis neuróticas que tanto marcaron el devenir de su vida. También murió fusilado Pedro Muñoz Seca ¿hay que contarlo los niños cuando empiecen a reírse con La Venganza de don Mendo? ¿Contarles que Cervantes pasó por la cárcel y jamás consiguió salir de la pobreza, pese a haber escrito el libro más famoso de la historia?

En los últimos años hemos vivido una pequeña oleada de historiadores torticeros que intentan justificar la Guerra Civil como provocada por las izquierdas, negar el carácter dictatorial del franquismo e insultar a los descendientes de los asesinados por el régimen que buscan algo tan elemental como saber dónde están los cuerpos de sus antepasados. Frente a esta oleada de embustes, investigar y recordar la verdad objetiva es algo necesario. Lo malo es cuando se ve el texto de un libro para niños como el inicio de una manipulación de la que no podrán librarse en lo que les queda de vida. Cuando se condena al fuego ese libro por no reflejar la realidad tal y como uno hubiera querido. Cuando se salen las cosas de madre, y se está peligrosamente cerca de convertirse en lo mismo que uno quiere combatir.

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