Se buscan políticos -y ciudadanos- que entiendan de ciencia

1 Jun

pchenique

No sé si les ha pasado, pero a veces uno se encuentra en un espacio de tiempo muy breve con varias señales que apuntan en la misma dirección. Por ejemplo:

Uno: El viernes los chicos de Materia, una muy recomendable web dedicada al periodismo científico, publicaban una entrevista con Pablo Echenique-Robba, doctor en Física y desde el domingo pasado europarlamentario por Podemos. Parece que en ella, este investigador titular del CSIC sorprendió a más de uno cuando expresó su punto de vista sobre temas como los transgénicos, la experimentación con animales y sobre los propios prejuicios de la izquierda a la hora de considerar el trabajo de los científicos.

La cosa llevó a un interesante minidebate en Facebook, donde uno de los participantes apuntó que en efecto, la política nos vuelve anticientíficos. A izquierda y derecha. Los primeros están por definición en contra de los transgénicos y la energía nuclear, y los segundos contra el cambio climático y (sólo en algunos casos, por suerte), la Teoría de la Evolución. En ambos casos, se opina en base a prejuicios y a las ideas que corren por los medios, redes sociales y grupos de opinión que uno está acostumbrado a frecuentar y que son, faltaría más, los que más coinciden con su ideología. Poca información imparcial y documentada se va a encontrar ahí.

Dos: El sábado por la mañana, gracias a Javier Armentia –astrofísico, director del Planetario de Pamplona, divulgador y autor, entre otras muchas cosas, de un blog de lo más recomendable-, llegué a este magnífico post de Almudena M. Castro en su blog Enchufa2, donde pesca un vídeo del cómico inglés John Oliver para abrirnos los ojos con mucho humor y mejor puntería sobre cómo ciencia y pseudociencia cuentan con igualdad de oportunidades en los medios de comunicación, lo que provoca que se abran debates en temas que deberían ser incontestables.

Les dejo aquí también el vídeo, con subtítulos en español gracias a los amigos de Naukas. En resumen, y hablando del cambio climático (de nuevo) expone cómo los medios tratan por igual a defensores y detractores del mismo, a pesar de que es un hecho que ya no puede cuestionarse, y que los segundos, por mucho que determinados grupos de presión se empeñen en convencernos de lo contrario, son una minoría.

Tres: Ese mismo día, leo en El País un excelente artículo del catedrático Mariano Marzo, “Lo políticamente correcto mina el conocimiento” donde explica las dificultades de comprimir las distintas contribuciones que los especialistas pueden hacer sobre un tema científico en particular –no se van a creer el ejemplo: sí, el cambio climático – en un resumen consensuado e inevitablemente descafeinado: “Con demasiada frecuencia, los desacuerdos en el seno del panel de expertos se zanjan, no con la búsqueda de las respuestas más acertadas, sino intentando lograr un equilibrio o acuerdo político (…) Las ideas nuevas y controvertidas suelen quedar fuera de toda consideración”.

En resumen, tres magníficas piezas de información, cada una en su soporte, sobre las dificultades de acercar el conocimiento científico a eso que se llama el ciudadano de a pie. Y también, cosa aún más seria, al político de a pie o al periodista de a pie. No sólo por la propia falta de interés, sino por los prejuicios e ideas preconcebidas que ya nos marcan por dónde tenemos que ir, e incluso qué debemos y no debemos escuchar. A algunos les habrán sorprendido las declaraciones de Pablo Echenique-Robba, cuando lo cierto es que los científicos tienden a coincidir en muchas de sus opiniones profesionales por encima de la ideología de cada uno. Porque esas opiniones están basadas en hechos y experiencia.

Si los 80 fueron malos tiempos para la lírica, las primeras décadas del siglo XXI están siendo malos tiempos para la ciencia. No puede ser de otra manera, metidos como estamos en la cultura del tuit, cuando nadie tiene tiempo ni ganas de leer o profundizar en nada, aunque sólo sea para tener un mínimo conocimiento de algunas cosas. Y menos que nadie, los políticos que deberían conocer la ciencia un poco más, ya que van a tomar decisiones sobre ella que nos afectaran a todos. En Materia, el periodista pregunta a Echenique-Robba por su condición de discapacitado, y sobre si hay más como él en el Parlamento Europeo. Quizá la pregunta debería haber sido cuántos eurodiputados tienen formación científica. Entonces a lo mejor sí comenzaban a cambiar un poco las cosas.

P.D: Como no hay tres sin cuatro, no me resisto a dejarles un enlace a este post donde el biólogo Fernando Cervera opina sobre las declaraciones de Echenique-Robba concernientes a los transgénicos y pone un poco las cosas en su sitio. Por cierto, el aludido contesta en la sección de comentarios.

P.D. 2: Para más información sobre cómo se trata la ciencia en el Parlamento Europeo, pueden leer este artículo de la profesora Anne Glover, Asesora Científica Jefe de la Comisión Europea.

P.D. 3: Sobre el último punto de post, tiro alguna piedra sobre mi propio tejado dejándoles este post de Democratic Audit UK donde cuenta cómo, al menos en el Reino Unido, da igual tener más o menos científicos entre sus diputados, porque a la hora de votar siempre harán lo que les diga el partido. ¿Les suena de algo?

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