La abdicación de la prensa de papel

2 Jun

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Como muchos otros españoles, me enteré de la abdicación por Twitter. Como muchos otros españoles que saben cómo se las gasta Twitter, busqué confirmación en fuentes externas. Era cierto, el presidente del Gobierno ya lo había anunciado. A partir de ahí, la avalancha, o el tsunami, como se dice ahora. El acabose. El monotema. Declaraciones, tertulias, especulaciones, tertulianos que echan humo, conexiones sin fin, con el colofón a la una de la tarde con el testimonio del protagonista de la noticia. Y lo que queda, lógicamente.

10417683_10152163376186818_7696551465469859858_n La abdicación del Rey es una de esas noticias de dónde-estabas-tu. Por muchos años que pasen, seremos capaces de recordar con precisión que estábamos haciendo, y en qué lugar nos encontrábamos, cuando nos enteramos. Ocurrió con la muerte de Franco, con el golpe del 23F, con la victoria del PSOE en el 82, con la expropiación de Rumasa, con los atentados del 11 de septiembre y del 11 de marzo, con la victoria de España en el Mundial de Fútbol, por citar unos pocos.

En todas esas ocasiones, la prensa de papel estuvo presente con ediciones especiales repartidas a toda prisa por los quioscos. Pero cuanto más próximas están en el tiempo, su peso se ha ido haciendo menos importante. Hubo prensa la noche del 23FEl País fue el primero, en salir, y el único que se posicionó claramente a favor del orden constitucional- pero sobre todo radio: se la sigue llamando, y con razón, la noche de los transistores. La victoria de los socialistas en el 82 llevó a la gente a la calle, que se lanzaron a los quioscos en cuanto las ediciones especiales –aquí ganó, si la memoria no me falla, Diario 16– se fueron descargando de las furgonetas. Años después, cuando cayeron las Torres Gemelas, las cosas ya habían cambiado: la televisión fue el medio de referencia, con los informativos de Antena3 a la cabeza, y los periódicos se consultaban al minuto en sus páginas digitales; importaba el último hecho, la novedad más reciente, y ese día El Mundo le dio un baño a El País.

A medida que se han ido sucediendo las noticias que marcan época, la gente ha ido disponiendo de más medios con los que informarse. Por eso, la idea de que a estas alturas un diario saque una edición especial de tarde –lo han hecho los principales diarios nacionales de Madrid y Barcelona, y supongo que alguno más- me parece una locura. O una heroicidad, según se mire. ¿Qué nos pueden ofrecer que no encontremos ya en el bombardeo de información que nos rodea? ¿Qué, que no se quede viejo en el tiempo que se tarda en imprimir y distribuir?

Precisamente por eso, me he acercado a comprarla. Un intento un poco iluso de recuperar el pasado y revivir la emoción de las ocasiones anteriores, cuando devorabas aquella edición especial, recién salida de máquinas, dejándote la tinta en el olfato y en los dedos. Pero ya no es lo mismo, claro. Y tengo muchas dudas de que se vaya a repetir. Muchas, considerando que encontrar un quiosco me ha costado mucho más trabajo que hace unos años, y que me he enterado de la aparición de estas ediciones especiales en papel… Porque las he visto anunciadas en la web.

Si ustedes también se han comprado una edición de tarde de su periódico, guárdenla. Posiblemente hoy, con el Rey haya abdicado también una manera, que nadie ya va a echar de menos, de hacer periodismo.

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