Truman Capote y la mentira de “A Sangre Fría”

25 Ago

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El otro día metí aquí un post anecdótico sobre Truman Capote, y no me di cuenta de que estos días se celebra el treinta aniversario de su muerte. Va a haber que tocar el tema de nuevo, porque ya estoy viendo aparecer los primeros artículos que inciden en ese error, tan común que ya se está convirtiendo en inevitable, de relacionar la publicación de su obra maestra, A Sangre Fría, con su decadencia como escritor. El libro mató a Capote, dicen, interpretando que la enorme tensión de su elaboración, rematada con la experiencia de contemplar la ejecución de los dos asesinos, con los que llegó a desarrollar cierto afecto mutuo –sobre todo con Perry Smith– le dejó incapacitado para afrontar otra novela durante el resto de su vida.

Pocas veces una biografía, y desde luego una película, han causado un equívoco mayor. La biografía es, desde luego, Capote, de Gerald Clarke, y la película, la que dirigió en 2005 Bennett Miller y protagonizó Philip Seymour Hoffman. Nada que objetar a la cinta en cuanto a valores cinematográficos, pero sí bastante sobre cómo incide en esa teoría, hasta convertirla en su tema central. La frase con la que concluye “Truman Capote jamás escribió otra novela” termina de dar la puntilla.

Y no. La realidad es un poco más compleja. Es cierto que A Sangre Fría terminó con Capote, pero no exactamente por esos motivos. Lo que ocurrió es más bien que le dio todo lo que quería. Ya era famoso; el libro le hizo célebre. Le gustaba vivir bien; el libro le hizo rico. Le gustaba la vida social mucho más que escribir; el libro le convirtió en el centro de más invitaciones de las que un ser humano podía atender. Después de seis años de duro trabajo, prefirió dedicarse a disfrutar de lo recogido antes que embarcarse en otra empresa de esas dimensiones.

Si echamos un vistazo a la obra de Capote, veremos que A Sangre Fría es su libro más extenso. Otras Voces, Otros Ámbitos, El Arpa de Hierba, Desayuno en Tiffany’s, son novelas breves. Abundan los cuentos y las colaboraciones periodísticas. Cuidaba mucho el estilo, pero era un maestro de la distancia corta. A Sangre Fría constituye una excepción porque el libro creció por sí sólo, porque la historia necesitaba de esa extensión, y Capote sabía que tenía entre sus manos algo grande, que marcaría un antes y un después en la literatura norteamericana del siglo XX.

Una vez concluido, el Capote personaje devoró al Capote escritor. Celebró su éxito con la famosa fiesta en el Hotel Plaza de Nueva York (a la que incluso se han dedicado libros enteros), y se entregó a la vida social con sus amigos de la jet set. Pueden encontrarse testimonios de ello en la otra biografía de Capote, Truman Capote: In Which Various Friends, Enemies, Acquaintances and Detractors Recall His Turbulent Career, escrita por George Plimpton, donde se recogen testimonios de más de 200 personas que le conocieron y se incide más en su lado frívolo, de acompañante ideal, de alma de las fiestas y los programas de televisión, y menos en el del hombre torturado por aquella obra acaparadora.

740936El libro que de verdad aniquiló a Capote no fue A Sangre Fría, sino Plegarias Atendidas. Había firmado un contrato con Random House en 1966 por el que recibió 250.000 dólares de adelanto, y diez años después todavía no había visto la luz. Presionado por sus editores, y con su talento mirando progresivamente por el alcohol y las drogas, publicó en Esquire tres capítulos como adelanto de lo que iba a ser, según declaró, un retrato a lo Balzac de las costumbres y los vicios de la alta sociedad del siglo XX. El material fueron historias íntimas y cotilleos que había recogido a lo largo de los años en su relación con sus integrantes, que aparecían apenas camuflados en sus páginas. El terremoto (hoy diríamos “tsunami”) producido por su aparición provocó que, según cuenta su editor Joseph M. Fox, “prácticamente todos los amigos que tenía en este mundo le condenaron al ostracismo por contar, apenas disfrazadas, historias de colegiales, y muchos de esos amigos ni siquiera volvieron a dirigirle la palabra”.

Sin talento y sin amigos; incluso su pareja de (casi) toda la vida, Jack Dumphy, había enfriado su relación con él. Los últimos años de Capote fueron los de una lenta autodestrucción, pero A Sangre Fría quedaba ya, en todos los sentidos, muy atrás. Que aún le quedaba magia en la pluma lo demuestran muchas páginas de Música para Camaleones; que aún le quedaba una lengua vitriólica lo demuestra el libro Conversaciones Íntimas con Truman Capote, de Lawrence Grobel, donde, entre daiquiris y vodkas con hielo (con zumo de pomelo aparte) no deja, literalmente, títere con cabeza. Es un canto del cisne que deja un regusto amargo. La última crónica de una autodestrucción que, paradójicamente, comenzó con el éxito mundial que había estado buscando durante años.

2 comentarios to “Truman Capote y la mentira de “A Sangre Fría””

  1. Patricia Millán 2014/08/25 a 11:25 am #

    No soy conocedora de su biografía, pero sí de su obra. En muchas ocasiones tendemos a no relacionar ambas facetas, que sin embargo van íntimamente ligadas. A sangre fría es una obra excepcional, que espero tener tiempo de releer pronto.

    • Vicente F. de Bobadilla 2014/08/25 a 11:27 am #

      Claro que están ligadas, Patricia. Pero no como tan alegremente están escribiendo otros por ahí. Otro libro suyo muy recomendable es su correspondencia. Un abrazo.

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