El último error del Community Manager

17 Sep

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El ambiente en la taberna era sombrío. Las jarras de cerveza consumidas a velocidad de achique eran incapaces de levantar el ánimo de los allí reunidos para llorar al compañero caído. Flotaba en el aire, así para entendernos, un espíritu a lo Pérez Reverte, mientras cada CM presente intentaba buscar algo qué decir con lo que suavizar el drama.

– Angelico… – Comentó uno, enjugándose una lágrima furtiva, porque los CM también lloran (de hecho, lloran mucho).

– Siempre se van los mejores… – Dijo otro.

– No semos naide… – apuntó un tercero.

– … Y menos en pelotas. – Corroboró otro más.

No podían explicarse cómo un profesional tan respetado podía haber cometido semejante error de juicio.

En el mundo de los Community Manager siempre se está en la cuerda floja. Aún así, todos somos humanos (incluso ellos) y hay meteduras de pata de las que siempre se puede salir. Por ejemplo, mezclar los TL que uno gestiona (@ultramarinospaco ¡esta semana presentamos nuestro disco duro de 13 terabytes! @tecnotecno ¡A partir de mañana gran oferta en yogures desnatados y alubias de Tolosa!); cosas de exceso de trabajo, ya saben, y entonces te toca a) borrar tuits b) esperar que el cliente no se haya dado cuenta c) suplicar al cliente cuando te enteras de que SÍ que se ha dado cuenta. O no percatarte de que estás tuiteando desde la cuenta de un cliente y no desde la tuya personal (@Centrobudistazen Cualquier día salgo de casa con la Uzi y no dejo un político vivo. Tal cual). Ya les digo, fallos humanos. Pero aquello…

No podía haber previsto que el cliente entraría en su TL. Y no sólo eso, sino que se molestaría en echar un vistazo a las cuentas que seguía su CM. Y allí estaba. Podía haber seguido a Tim Cook, a Jaron Lanier, a Negroponte (¿sigue vivo Negroponte?). Pero no: Lucy Liu.

– La verdad es que a quién se le ocurre. – Reflexionó uno de los reunidos, entrando el morro en la sexta jarra de la noche.

– Y no sólo eso; le mandaba tuits declarándole su amor incondicional. – Comentó otro.

– Ella nunca le contestó ninguno, claro. – Apunto otro, pensando en la insensibilidad de los famosos.

– Bueno, por lo menos ha quedado claro que hablaba buen inglés – Defendió el primero.

– Cosa que no se puede decir de todos nosotros – Reconoció otro.

– Creo que también se descubrió que seguía a Máximo Pradera

– Hombre, no te pases.

Ah, las debilidades de Twitter, pensaron todos. Intentas dar a tu cliente una imagen sin fisuras, de profesional dedicado en un ciento diez por cien a su trabajo, que utiliza su cuenta personal para estar al día de todas las novedades de su campo. Para aprender, para informarse, para influir. Y un día el cliente se da cuenta de que te pasas el tiempo embobado con la protagonista de Elementary. Y acabas desterrado de las redes sociales, y teniendo que trabajar, y gracias, como dependiente en la sección de lencería del Zara. Con lo fácil que hubiera sido abrirse una cuenta anónima y seguir desde allí sus instintos más inconfesables. Separar lo profesional de lo personal, sobre todo cuando lo personal puede dar una imagen de ti muy distinta de la que estás intentando vender.

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