Videojuegos y cultura, mundos separados (pero no enfrentados)

28 Sep

Una buena manera de asegurarse la polémica en los medios, es opinar sobre videojuegos. No sobre un videojuego en general, sino sobre el sector en particular. Lo hemos vuelto a ver hace poco con el caso de Destiny, la mayor superproducción jamás llegada a una consola, de cuya historia ya les supongo enterados:

1. Toda la prenda mundial se hace eco del lanzamiento de Destiny, haciendo hincapié en la monstruosa inversión que ha supuesto su desarrollo: se habla de 380 millones de euros, lo cual le convierte en “el producto cultural más caro jamás fabricado”, muy por encima de la película de mayor presupuesto de la historia del cine, la cuarta entrega de la serie Piratas del Caribe, que costó 175 millones de dólares.

2. Al día siguiente, Forges publica en El País el chiste que pueden ver más abajo, donde reflexiona sobre la categoría de “producto cultural” de un videojuego de la categoría “matamuch”.

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3. Al instante, el humorista comienza a recibir aceradas críticas por su chiste… procedentes en su totalidad del mundo de los videojuegos. El mundo ajeno a los videojuegos, pues… sigue siendo eso, ajeno, y pasa tres kilos del asunto. Y algunos periodistas con bastante menos repercusión mediática que Forges, caso de un servidor, cuando opinamos sobre el asunto en una radio local donde nos dejan hablar una vez a la semana… Tampoco nos libramos de ser contestados, si bien a mucha menor escala y, de momento, con cortesía y educación.

Con la que está cayendo en el mundo de la cultura, suena a masoquismo que los aficionados a los videojuegos estén tan ansiosos porque su afición obtenga esta categoría. Quizá es porque piensan que estar dándole al mando todo el día les otorga una imagen de incultos, cuando no de lobotomizados y, considerando las décadas que las consolas llevan entre nosotros, y que muchos de los primeros jugadores ya son orgullosos padres de familia que juegan con sus hijos, uno pensaría que este tópico idiota (mantenido sobre todo por quienes no han jugado en su vida) debería estar ya más que superado. Pero vamos por partes:

Antes que nada, la noticia lo que me parece es un caso lacerante de periodismo de corta y pega. Los creadores de Destiny, su departamento de comunicación, o su agencia, tuvieron la idea de colocar en la nota de prensa la definición de “producto cultural”, sabiendo que muchos redactores la reproducirían sin pararse a pensar. Lo mismo pasa con la comparación con Piratas del Caribe, que puede o no ser la película más cara de la historia (depende de la fuente que se consulte, porque calcular con precisión el presupuesto de una superproducción es complicado) pero lo que no es es un producto cultural; como no lo es Destiny. ¿Algún espectador de las cuatro películas de la saga aprenderá algo sobre la historia y el mundo real de los piratas siguiendo las aventuras de Jack Sparrow? ¿O sólo pasará un buen rato disfrutando de los efectos especiales y las gansadas de Johnny Depp? La aportación que esas películas y Destiny realizan a nuestro bagaje cultural es, sencillamente, cero. Lo que proporcionan no es cultura, sino entretenimiento. Que también es algo sin lo cual no podríamos vivir.

El argumento habitual de quienes defienden el carácter cultural de los videojuegos es que, si los libros, el cine o la música son cultura ¿Por qué no pueden serlo también estos? Hay que huir del peligro de generalizar, porque muchos libros, películas y música tampoco son cultura. ¿Y quién tiene derecho a definir cuáles lo son? Hombre, los intelectuales, maestros, académicos y divulgadores están para algo más que para lucirse en las tertulias, y algunos pensamos que deberían convertirse en fuente de referencia a la hora de señalar las creaciones del ámbito artístico que nos harán crecer en conocimiento, amplitud de perspectivas, puntos de vista. Las que nos harán seres humanos más completos. Pero en todo caso, es mucho más sencillo eliminar todo aquello que, claramente, no es cultura. Siempre se puede empezar por ahí y sacar de la ecuación a las cincuenta sombras de las narices, a las películas de Los Mercenarios o a Paulina Rubio; por algo se empieza.

Con todo este rollo, tampoco pretendo descalificar a los aficionados a los videojuegos. Sobre todo porque mucho de ellos no son pirados que se pasan jugando veinticinco horas diarias, sino gente con intereses en otros muchos campos. De la misma manera, hay videojuegos que sí pueden contribuir a nuestro aporte cultural (se me ocurren los de estrategia situados en periodos históricos o mitológicos donde sus creadores han hecho los deberes… y tienen entre sus jugadores a eruditos en estos campos que disfrutan como críos), ayudar a niños con dificultades de aprendizaje, o incluso colaborar en la educación escolar. Dejando aparte el fenómeno creciente de la gamificación, donde el mecanismo de los videojuegos se traslada al entorno comercial y del marketing, buscando maneras entretenidas de atraer público y clientes.

Pero, aunque los videojuegos serán cada vez mejores, más variados, adaptados a un mayor número de plataformas, y con creaciones que irán más allá del mero del gasto millonario en su desarrollo, no creo que nunca, jamás, vayan a ser cultura. Y no lo serán porque, en ese caso, estarían contradiciendo su propio concepto de asimilación rápida y diversión inmediata. La verdadera cultura da muchas satisfacciones, pero cuesta trabajo; supone dedicación, aprendizaje y, en no pocos casos, estudio. Hay que pisar muchas exposiciones para empezar a hacerse un criterio en pintura, oír mucho jazz y mucha clásica para empezar a diferenciar intérpretes, ver mucho cine para superar a Jerry Bruckheimer y empezar a meterse en Rossellini, y maravillarse con mucha arquitectura, antigua y moderna, para comprender que los “productos culturales” de presupuesto millonario llevan muchos años entre nosotros. El Empire State Building costó 41 millones de dólares en 1931. ¿Cuánto creen que costaría edificarlo ahora? ¿Más o menos que lo que ha costado Destiny?

3 comentarios to “Videojuegos y cultura, mundos separados (pero no enfrentados)”

  1. Art or not art 2014/09/29 a 6:18 pm #

    Muy curioso que esta entrada haya sido publicada casi al mismo tiempo que esta otra, que ejerce como una réplica excelente: https://nullpointerdruid.wordpress.com/2014/09/28/videogames-can-never-be-art/

    • Vicente F. de Bobadilla 2014/09/29 a 6:31 pm #

      Bueno, no es tan curioso si piensas que el tema salió hace unos cuantos días y sigue estando más o menos de actualidad. De hecho, me hubiera gustado publicar antes mi post, pero he andado bastante liado con otras cosas.
      En todo caso, gracias por incluir este post “de réplica” que en efecto es excelente, aunque te imaginarás que no estoy de acuerdo con alguna de las cosas que plantea… Pero por lo menos, estamos usando la sección de comentarios, porque la gente cuenta sus objeciones en Twitter y, la verdad, allí mucho sitio para exponer argumentos no hay.

  2. Art or not art 2014/10/02 a 9:33 am #

    Otros textos interesantes: http://www.gamestribune.com/el-videojuego-dentro-de-la-cultura-humana/ Y para conocer un poco más sobre la fértil investigación académica existente hoy en día en torno a los videojuegos, que la hay, y mucha, en nuestro país, el editorial de la nueva edición de LifePlay: http://www.lifeplay.es/volumen3/Editorial/005_006_editorial.pdf o la revista Bit y Aparte: http://sello.arsgames.net/revista-bit/
    Por desgracia hay dos grandes falacias en las que se basa este artículo: el hecho de que no exista una actividad investigadora intensa y constante, por parte de intelectuales, divulgadores y académicos (la hay, pero una vez más no es la que sale en los periódicos ni la que gana premios), y el argumento de que el videojuego tenga como leit motiv “el disfrute inmediato y la asimilación rápida”. Y el propio texto se rebate a sí mismo con los ejemplos análogos de otras artes que utiliza: claro, existe el cine de aventuras de palomiteo puro y duro, y no se pueden considerar cultura o arte esas películas. Pero el hecho de que formen parte del cine no invalida a éste, como manifestación, como arte y cultura. Piratas del Caribe es “de disfrute inmediato y asimilación rápida”, igual que Destiny, y por tanto los dos caen en el mismo saco; pero no es un saco que restrinja el alcance de cada uno de sus respectivos medios. El hecho de que existan Candy Crush, Destiny, Singstar y FIFA no invalida al videojuego como medio, en toda su amplitud, en su consideración de cultura y arte.

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