Salir en la foto (imagen y marca personal)

10 Oct

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El otro día escribí un post no para este blog, sino para otro, concretamente el de la firma de comunicación y marca personal Elocuent, donde me han sacado de guest star (aquí les dejo el enlace, por si les apetece). La cosa es que antes de publicarlo me pidieron una breve biografía profesional para acompañar al texto, un enlace a este blog…

… Y una foto.

Lo último supuso un pequeño problema. Vivimos en una época donde gracias a los móviles se hacen y comparten millones de fotos a diario (tantas, que hace tiempo que dejó de ser posible calcular la cifra, lean esta interesante entrada del blog de Benedict Evans), pero descubrí que no tenía ninguna reciente que me pareciera adecuada. Quizá no sea el único.

El auge de esto que se llama marca personal ha complicado un poco el tema de las fotos. En los tiempos del papel, todos teníamos a mano algunas tomadas en el fotomatón para cuando se exigían en el curriculum. En esos casos, la pegábamos o sujetábamos con una grapa a la primera página, lo mandábamos todo por correo (certificado) y a otra cosa. En el caso de los hombres, se optaba por llevar chaqueta, corbata y sonrisa de circunstancias, que confiábamos fuera suficiente para llevarnos hasta la entrevista donde por fin podríamos desplegar todo nuestro encanto personal.

Supongo que esta vestimenta tradicional sigue siendo válida para puestos tradicionales: director de ventas, jefe de recursos humanos, consejero delegado… Pero en otros campos la cosa se complica. El traje y la corbata cada vez se usan menos; por ejemplo, no todos los directores de comunicación la llevan. Ni los de marketing, si vamos a eso. De los periodistas, mejor ni hablamos, aunque hay algunos campos, como el económico, donde aún tiene bastante presencia. Y los blogueros, escribidores o creadores de contenidos, son el definitivo verso suelto: aquí hay tal variedad de indumentarias que aparecer en la foto con traje y corbata podría dar a muchos de ellos lo que Juan Marsé definió como “el complejo de elegante a destiempo que caracteriza a los endomingados”.

Según cuál sea tu ámbito profesional, el traje y la corbata pueden potenciar tu marca personal… o pueden ocultarla. No se trata tampoco de salir en Linkedin como si fueras a un concierto de Extremoduro con barra libre, pero quizá podríamos poner un poco de imaginación a la hora de atender este aspecto. ¿Mi foto me representa?¿Refleja lo que soy capaz de hacer, lo que hago y cómo lo hago? ¿Animaría a un cliente o empleador de mi ramo a contratarme, o le impulsaría a tirar mi currículum a la basura (física o digital)?

Al final, les envié una foto medio de compromiso, que me hice en una exposición de carteles de cine. A falta de otra cosa. No es que la foto sea mala, pero siempre queda la duda: ¿esa foto en esa página ayuda a mi marca personal, o la perjudica? ¿Funcionaría mejor en otro ámbito? Hay muchas preguntas. Quizá esa tira del fotomatón de mi juventud haya que irla cambiando hoy por una colección con distinta vestimenta y expresiones. Y colocar la que nos parezca que se ajusta más no a cómo somos, sino a cómo quien vernos en ese ámbito concreto. A mostrar en cada imagen sólo un poco de nuestra marca personal.

 (P.D. reconozco que este post ha quedado un poco machista, pero está basado en mi experiencia personal. Todas las mujeres que quieran aportar su punto de vista al respecto tienen a su disposición, faltaría más, la sección de comentarios).

 

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