El inoportuno

11 Oct

Bride and groom gold and white gold wedding rings. Image shot 2012. Exact date unknown.

Hay gente con habilidad para meter la pata. Para decir las cosas que no deben decirse, en el momento menos adecuado. Y luego estaba Paco.

Lo suyo era predisposición natural. Cuando estábamos sólo los de la pandilla de toda la vida no pasaba nada; ya nos conocíamos. En cambio, los extraños eran para él un disparador de situaciones comprometidas. Su intención era buena; quería ser simpático. Pero cuando abría la boca desataba la alarma, y cuando terminaba de hablar, el aire solía quedar viciado por un silencio de vergüenza ajena hasta que alguien lo despejaba cambiando de tema apuradamente.

No voy a recordar aquella tarde que conoció al inspector de Hacienda que iba con muletas, la cena con la abogada feminista o sus bromas cuando Isabel trajo a su novio marroquí. Su condición de bonachón inocente siempre le disculpaba ante nosotros; además, habíamos crecido juntos y a los compañeros de colegio se les perdona todo.

Hasta que llegó la boda de Rafa.

Fue aquella tarde de agosto, en la ermita de Torrelodones. Un calor de muerte, todavía me acuerdo. Julia estaba exprimiendo al límite su prerrogativa de llegar tarde, y allí esperábamos el novio y los testigos, fumando en la placita y hablando de todo y de nada. Entonces llegó Paco, con su traje azul eléctrico y su amplia sonrisa. Le dio un abrazo a Rafa, y a continuación le puso en la mano las llaves de su BMW.

– Toma: está aparcado en la esquina. En un minuto te plantas en la autopista. Por si quieres pensártelo, ahora que todavía estás a tiempo.

Todos nos echamos a reír. Por fin Paco había tenido una buena ocurrencia. Paco se reía con nosotros. Cuando dejamos de reírnos, vimos que Rafa ya no estaba.

Manolo me comentó después que tuvo una breve visión de los faldones de su chaqué volando en dirección al coche. Desde entonces, nadie ha vuelto a ver a Rafa. A Paco tampoco, claro, porque hay cosas que ya no se pueden olvidar, y cuando uno se ha pasado, se ha pasado. Pero yo todavía sé algo de él, por conocidos comunes. Y me han dicho que, desde que pasó aquello, en Navidad, con puntualidad impecable, le llega por correo una botella de whisky de malta enviada cada año desde un lugar diferente del mundo.

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