Farsantes e influyentes

20 Oct

fran-nicolas-rey580A veces la vida tiene estas pequeñas casualidades. El otro día alquilé en el maltrecho videoclub de mi pueblo una película que se me escapó en su día: La gran estafa (The Hoax), dirigida por Lasse Hallström, director capaz de lo mejor y, en excesivas ocasiones, de lo peor. Pero me interesaba el tema: trataba de la falsa autobiografía del magnate Howard Hugues perpetrada por Clifford Irving a principios de los 70. El escritor convenció a sus editores de que el reclusivo millonario le había elegido para contar la verdad sobre su vida, y además de proporcionarle abundante documentación, había mantenido con él numerosos encuentros personales, y tenía las grabaciones para probarlo.

clifford-irving-autobiografia-de-howard-hughes-7365-MLA5205182069_102013-F Irving consiguió un anticipo de un millón de dólares, y el libro salió a la calle con una tirada récord (en España lo publicó Sedmay). Su jugada se apoyaba en contar con que Hugues no rompería su silencio de años para desmentir la veracidad del libro, pero se equivocó. Aunque no se presentó en persona, sí lo hizo en una conferencia telefónica con la prensa y los editores donde no dejó duda sobre su identidad y sobre que jamás había conocido a Clifford Irving. Este tuvo que admitir que todo era una falsedad, devolver el dinero y cumplir condena en prisión.

La película levantó un cierto debate entre los que la estábamos viendo, sobre hasta qué punto puede mantenerse un engaño. Irving aguantó como un jabato durante meses, mientras escribía el libro y urdía nuevas invenciones para que la editorial siguiera confiando en él.

Y la casualidad ha querido que en la vida real nos hayamos encontrado estos días con el caso de Francisco Nicolás Gómez Iglesias, un joven embaucador que ha demostrado una habilidad diabólica para moverse –o simular que se movía- entre los círculos más elevados del Partido Popular, llegando a contarse entre los invitados a la ceremonia de coronación de Felipe VI.

El objetivo de Gómez Iglesias fue fabricarse una reputación, no de influencer, como dicen ahora quienes tratan al español como Chuck Norris a su saco de boxeo, sino, como se decía en otros tiempos, de personaje influyente. Esas personas que tenían contactos para recomendar, conseguir, agilizar. Presumía de relaciones que nunca tuvo, y aguantó su mentira hasta que -presuntamente- intentó sacar de ella réditos económicos.

En los cuarenta años que han pasado entre el caso de Irving y el de Gómez Iglesias, nos han vendido que vivimos en una generación más informada, donde la verdad sobre cualquier persona está sólo a unos pocos golpes de ratón. El joven Fran nos acaba de demostrar que no es así, y que, de hecho, las redes sociales pueden ser una herramienta muy útil a la hora de montarse una reputación sostenida únicamente sobre humo.

Y andaba uno pensando en que Fran no ha querido ser un influencer, pero de haber sido así, lo habría logrado sin esforzarse mucho. En una época donde estas figuras se convierten en el objeto de deseo de empresas y gabinetes de comunicación –un 73% los busca con pasión, según se determinó en el World Public Relations Forum– , montarse reputaciones falsas puede ser más sencillo que hacerse una foto presidiendo una reunión de FAES al lado de Aznar. Porque hay mucha gente buscando presuntos expertos para publicitar, aconsejar, promocionar en el entorno digital, y abrir el equivalente a las puertas físicas cuyo franqueo facilitaban sus antecesores. Un terreno, el de los conseguidores, donde la moneda falsa siempre ha sido cosa común.

Nada facilita tanto a un embaucador como una demanda creciente. Por supuesto que hay verdaderos influyentes (vamos a dejar el puñetero anglicismo de una vez), pero en un entorno donde las figuras surgen y se evaporan a toda velocidad, sin tiempo ni ganas de comprobaciones, es para preguntarse cuántos Franes tendremos ahora mismo sacando beneficios de una reputación digital inmerecida. Volveremos sobre el tema.

2 comentarios to “Farsantes e influyentes”

  1. Juan G. B. 2014/10/21 a 10:04 am #

    “The Hoax” es tan buena que lo hace bien hasta Richard Gere. Pero a mí la hiostoria de Nicolás me recuerda más al personaje interpretado por Leonardo DiCrapio (salvando todas las distancias , claro) en “Atrápame si puedes”, de Spielberg

    • Vicente F. de Bobadilla 2014/10/21 a 10:22 am #

      Completamente de acuerdo en las dos cosas, Juan. Lo que ocurre es que la charla surgió, precisamente, a raíz de ver The Hoax. Por cierto, (tercera casualidad) el domingo pusieron en la tele “Atrápame si puedes”, y sobre esta película hay una anécdota: cuando preguntaron al verdadero Frank Abagnale cómo se las había arreglado para engañar a tanta gente dijo que él había actuado en tiempos más inocentes, donde la gente se fiaba mucho más de la palabra de los demás. Pero el caso de Nicolás deja claro que, incluso en tiempos teóricamente más controlados y desconfiados, es posible seguir haciendo la misma jugada.

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