Dejad que los creativos se acerquen a Adrià

29 Oct

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¿Qué sentido tiene visitar una exposición sobre un restaurante que ya no existe? Sobre todo si se trata de un restaurante que la mayoría de nosotros, por carencias económicas o falta de influencia, nunca hemos llegado a pisar.

La respuesta parecería obvia: ninguno. Pero si dejamos el restaurante a un lado, entonces la perspectiva cambia. La exposición Ferrán Adriá, auditando el proceso creativo, que se ha abierto hoy al público en el Espacio Fundación Telefónica, constituye un menú muy especial. Es un viaje a las interioridades de todo lo que ha significado, y significará, El Bulli, y a la mente de su principal responsable; una espectacular disección de la imaginación y del trabajo que supone. Y un festín para la vista, el oído y el cerebro.

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Pocos de los comensales habrán llegado a tales honduras sobre lo que había detrás de las creaciones que iban degustando. Porque El Bulli no se abarcaba en una comida, del mismo modo en que el cerebro de Ferrán Adrià no se abarca en una visita guiada, como la que organizó para periodistas y blogueros la multinacional LG, partner tecnológico de la exposición. En la distancia corta, Adrià es afable, cordial y divertido, sin los aditivos agrios del divismo. Pero recuerda un poco a aquel actor desenfocado de la película de Woody Allen. Está en otro plano, como varios segundos por delante de los demás, del mismo modo en que su pensamiento parece estar varios segundos por delante de sí mismo.

“Algunas de las mejores entrevistas que me han hecho, me las han hecho periodistas que no llevaban nada preparado”, nos cuenta, pero es que uno se plantea cómo se puede preparar una entrevista con Ferrán Adrià. Una primera pregunta le sirve de pistoletazo de salida, para lanzarse a una fascinante carrera de datos y razonamientos, fascinante pero difícil de seguir, salvo cuando se detiene un momento para avisar “estoy pensando ¿eh?” y tomar carrerilla de nuevo hacia una meta a la que sólo él sabe cuándo llegará. En contra de lo que se piensa, Adrià no se atropella al hablar: su verbo, que no verborrea, es sólo la presión que escapa de una olla por una espita demasiado pequeña.

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Hablábamos aquí el otro día del libro de Mason Currey donde se repasan los rituales cotidianos de escritores, músicos, arquitectos, pintores, científicos. Algunos de ellos tenían claro qué era crear; otros no consiguieron explicar por qué hacían lo que hacían. Adrià ha buscado no sólo analizarlo, sino auditarlo, de ahí el título de la exposición. Partiendo del consejo que le dio en 1987 el chef Jacques Maximin, “la creatividad es no copiar”, lo ha llevadoADRIA 8 a sus últimos extremos, buscando siempre no copiar a nadie; ni siquiera a sí mismo. de ahí la magnitud de los archivos del Bulli: 14.000 páginas de las que la exposición ofrece una pequeña parte, y que se guardaron escrupulosamente durante 25 años junto con diagramas, dibujos, libretas, instrucciones. ¿Por qué ese afán por conservarlo todo? “Para no repetirnos”.

Y por más motivos: “Nadie sabe dónde ni cuándo, se frió un huevo por primera vez. Pero sobre todo, no sabemos cómo pensaba que debía comerse la persona que lo hizo”. Adrià llevó el plato más allá de la parte comestible, estableciendo un ritual de consumo para cada uno y fabricando cada año una vajilla propia específica para el menú de esa temporada (una muestra de esas “herramientas de emplatar”, como él las denomina, está también presente), además de los bosquejos y esquemas que fueron creando cada plato, las técnicas necesarias para su elaboración y el momento y la manera de servirlo y comerlo.

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De todo ello hay documentación y ejemplos en la exposición, cartografiada como un mapa del proceso creativo, intentando explicar lo inabarcable, el esfuerzo colectivo, la negación a los límites. No es de extrañar que la culminación sea un mosaico de fotografías donde aparecen los 1.486 platos creados en los 25 años de existencia de El Bulli, como desafiando al público a que encuentre en ellos las temidas repeticiones.

El cierre de la exposición, el 1 de marzo, coincidirá con la esperada presentación, después de tres años de trabajo, de elBulliFoundation. Entre las cosas que se han ido adelantando de este nuevo proyecto está la participación, presente y futura de colaboradores de todos los campos, no sólo de la cocina, ya que, cuenta, “me interesa sobre todo la opinión de personas que no son de mi mundo”. De igual modo en que le gustan más las preguntas que las respuestas. La futura Fundación, que se presentará coincidiendo con el cierre de la exposición, responderá desde luego a muchas preguntas sobre cocina y creación. Pero siempre dejará alguna en el aire; para que el cerebro de Ferrán Adrià no pierda su punto de ebullición.

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Una de la contribuciones de LG a la exposición es este despliegue de smartphones con una aplicación específica: los visitantes pueden grabar un selfie explicando qué es para ellos la creatividad. La grabación pasará automáticamente a un servidor, y las mejores aparecerán en el “muro de la fama” multimedia que hay nada más salir del ascensor.

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