Los Bancos de Alimentos ayudan a los vagos

28 Nov

recogida-alimentos-madrid-noviembre-2014

Se dice que los Bancos de Alimentos cumplen una importante función social porque suministran productos de primera necesidad a personas que ya no se los pueden permitir. Gente para quienes una lata de sardinas o una bolsa de pañales se han convertido en un lujo.

Es cierto, pero eso no es todo. Lo que de verdad hacen los Bancos de Alimentos es facilitar las cosas a los vagos. A nosotros mismos.

Claro, todos queremos ayudar. La situación lo reclama día tras día: familias que lo han perdido todo, niños destinados en un principio a tener una vida segura y sin sobresaltos, y que no entienden la creciente cara de desesperación de sus padres, sus enfados, sus lágrimas. Pobreza infantil, hambre, desesperación ante el futuro. ¿Cómo no vamos a querer poner nuestro grano de arena?

Ah, pero los sitios donde ayudar están tan lejos. Y siempre andamos ocupados. No sólo para llevar cosas, sino para coger el teléfono, para abrir su página web y hacer una donación. Las buenas intenciones se van difuminando, cubiertas por distracciones, urgencias.

Y tantas veces mañana respondemos, para lo mismo responder mañana.

Pero todos tenemos que ir a la compra. Y ellos están allí. Si es en un centro comercial grande, están dentro, pero en los supermercados de pueblo, aguantan frente a la puerta, haga frío o calor, lluvia o sol de justicia. Allí están sus voluntarios con el carrito, recordándonos que no nos olvidemos de meter en nuestra compra pañales, legumbres, conservas, galletas, papillas, alimentos no perecederos, en fin. Que la ayuda popular es como echar leña a una caldera insaciable, donde por mucho que demos, cada vez se necesita más y más. Pero no podemos rendirnos. Y cuando los vemos, entonces nos acordamos de que no podemos dejar de meter algo extra en nuestro carro. Que no nos cuesta nada en esfuerzo, y muy poco en dinero. Porque nosotros aún podemos dar; ellos, después de pasar horas recogiendo, dedicarán más tiempo aún a organizar y repartir.

Si no fuera por estos voluntarios, los vagos como yo ni nos acordaríamos. Pero sé que mañana estarán allí. Y allí será cualquier punto donde uno se acerque a hacer la compra del fin de semana.

Su objetivo para estos días es recoger, si no he oído mal, dos millones de kilos de alimentos y artículos de primera necesidad.

Y gracias a esos voluntarios, estoy seguro de que entre todos los vagos les enseñaremos que se han quedado cortos en sus estimaciones.

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