¿Debemos borrar nuestras broncas en Twitter?

13 Ene

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Si el autor de este blog, que es un pedazo de pan bendito, se las ha tenido cuadradas en Twitter con más de uno y más de dos, no quiero ni pensar lo que habrá vivido alguno de los que me leen, que ya nos conocemos y sé que son ustedes una mezcla de Lobezno y Fernán-Gómez. Hablando en serio, nunca está de más recordar que a Twitter se entra llorado, y que las discusiones o enfrentamientos pueden empezar, obviamente si uno se las busca, pero también por los motivos más absurdos (un poco a la manera de aquél chiste tan viejo y tan malo “Oye, tú…” “¡Pues anda que tú”!).

Las broncas en las redes sociales no se diferencian demasiado de las que podemos tener en la vida real: en ambas se nos queda el mismo mal sabor de boca de habernos dejado arrastrar por la calentura que lleva a la confrontación, y de no estar seguros de haber tomado la decisión correcta al publicar aquella respuesta o aquel comentario. Al mismo tiempo, sentimos un cierto orgullo por no habernos achantado y haber plantado cara con firmeza al que nos ha atacado con groserías, insultos o faltas de respeto. Pero el resultado final nunca es bueno.

En una cosa sí se diferencian: que quedan ahí. Y, aunque la mayoría de las entradas sobre peloteras en Twitter se refieren a las protagonizadas por tuiteros famosos, no hay que pensar que las que hayamos tenido nosotros, en nuestra modestia, van a pasar desapercibidas. Se harán muy presentes cuando optemos a un puesto de trabajo y la agencia de empleo, o el departamento de Recursos Humanos, rastreen sobre nosotros toda la información que la web y las redes sociales pueden ofrecer. Los tuits se convertirán entonces en oscuras golondrinas, esas que siempre vuelven.

No sirve de nada poner en nuestro perfil “¡Empezó él!”, aunque sea verdad, porque como mínimo, apareceremos como una persona susceptible a las provocaciones, característica no muy recomendable para según qué puestos. Y si se nos ha calentado la boca, o el teclado, la imagen que podemos dar es bastante peor. Los comentarios que peor pueden sentar, según el estudio del enlace superior, elaborado por CareerBuilder, son los que ofenden en temas como raza, sexo o religión o- sin duda, lo peor de todo- los que incluyen información confidencial o negativa sobre empresas donde hemos trabajado. Lo cual no quiere decir que las broncas o discusiones sobre asuntos menores, iniciadas de modo más intrascendente, nos vayan a hacer bien.

Si lleva usted tiempo en Twitter y repasa su TL, probablemente encuentre muchos enfrentamientos de los que ya ni se acordaba, y cuyo origen y desarrollo le parecerán absurdos. Es más, puede que la persona con quien los mantuvo ni siquiera tenga activo su Twitter, o los tenga por ahí, relegados al olvido. Si de vez en cuando conviene hacer una limpia en nuestro TL –tuits desactualizados o sin repercusión, bromas que no hicieron gracia, temas que no tienen relación con nuestro perfil- las broncas quizá debieran estar entre las primeras cosas a borrar. No se trata exactamente de camuflar cómo somos; sino de trasladar al mundo digital la misma intrascendencia que estos episodios tienen en el mundo real. Lo pasado, pasado. Y ya veremos mañana –o quizás hoy mismo- con quién y sobre qué empezamos una nueva discusión. Total, siempre nos quedará Willy Toledo.

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