Raoul Dufy, sin miedo al color

9 Mar

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– Tiene cara de niño.

– Sí, es verdad, lo comentan algunos. – Me confirmó Juan Manuel López, conservador del Museo Thyssen y comisario de la exposición de Raoul Dufy– pero también había muchos que decían que tenía cara de gentleman, de caballero inglés.

Hablábamos de esto ya en la última sala de la exposición, cuando todo lo que quedaba por ver era un retrato del propio Dufy, sentado en un jardín ante su caballete, con traje y sombrero blancos, ya anciano y, en efecto, con un contundente aire británico impropio de un oriundo de Le Havre. Pero también nos miraba por encima de las gafas, como un niño esperando la evaluación de su trabajo, lleno de curiosidad por conocer nuestra opinión.

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Y es difícil saber si aquella impresión procedía de los retratos del propio Dufy o de la impresión general que deja el paseo por las cuatro secciones que, en orden cronológico, componen la muestra. Pero era imposible, al mismo tiempo, no sentir a ese niño interior después de una inmersión tan prolongada en el espíritu infantil de su pintura; infantil no en el sentido de inmadurez, sino en el de experimentación alegre, de pintar sin miedo al color. Charlábamos brevemente sobre la influencia de Dufy en Disney (no fue el único pintor en quien se basaron sus animadores), y lo hacíamos ante el cuadro de La Reja (1930), que hubiera bastado franquear para entrar en el universo de 101 Dálmatas.

Reja

Antes, habíamos pasado por veranos y playas, por calles y hoteles, por jardines y campos de trigo. El niño te llevaba de la mano por las salas, donde quedabas maravillado por las distintas muestras de talento del adulto. Y las frases del adulto encauzaban y daban sentido a las apetencias e inclinaciones del niño -“si quieCasino_PEQres pintar verde, busca el verde más bello de tu paleta, el azul más brillante”-; el niño jugaba con los colores, y el adulto les mantenía el respeto debido: “El problema de pintar al aire libre es que siempre estás persiguiendo al Sol”. Dufy lo conseguía y, tras las influencias impresionistas iniciales, llevó su pintura por su propio camino y su propia voz. 14JulioHavre_PEQY es la voz de adulto, de artista sólido, la que sorprende entre tanto color con la sobriedad de su bestiario, sus grabados y xilografías en un blanco y negro sin luz solar, pero igualmente luminoso, o la belleza de las cerámicas y telas.

Después de Hopper, López, Chagall y otros nombres que han pasado por aquí, Dufy podría ser considerado un segundón, alguien con quien ir llenando las salas temporales hasta la llegada de tiempos mejores. Pero para muchos, incluído este que les bloguea, es todo un descubrimiento. Cabe indicar que, de las 93 piezas que componen la exposición, sólo cuatro provienen de la colección del museo, y dos más de otras partes de España. El resto procede del extranjero, y es lo que convierte a esta exposición en una oportunidad única. Sorprende el calificativo de “hedonista”·con que algunos quisieron hacerle de menos; ahora que empieza a llegar el buen tiempo a Madrid, Dufy se aparece a su nuevo público como un artista que siempre llevó su propia primavera consigo.

Playa

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