Las ventajas de limpiar nuestro Twitter

25 May

Twitter-FollowersCuando comento a algunos amigos mi afición a limpiar periódicamente mi TL, tanto el de mi cuenta personal como el de las que gestiono profesionalmente, me miran raro; les debe sonar a algo así como a destrucción de pruebas, a borrar episodios oscuros de mi tortuoso pasado (o el de mis clientes), a discos duros de tesoreros que desaparecen, qué se yo. Y algo de eso hay, pero aunque al volver la vista atrás veamos la senda que nunca se ha de volver a tuitear, creo que pocas cosas hay en este mundo que no mejoren después de una buena limpieza. Twitter no es una excepción.

De entrada, me da un poco de vértigo ver que llevo seis años metiendo cosas ahí. Uno no es el mismo que era en 2009, no trabaja exactamente en lo mismo, no tiene los mismos intereses y relaciones profesionales… Ni los mismos contactos. Y si calcula el volumen de lo que, poco a poco, ha ido escribiendo en esta web de posts tan brevísimos, el resultado marea: ya conté en un post anterior cuántos tuits se necesitaban para igualar la extensión de algunas grandes obras de la literatura. Y muchos tuiteros ya hemos sobrepasado a más de un clásico. Es imposible que nos acordemos de todo lo que hemos metido ahí. Pero si alguien quiere obtener información sobre nosotros, encontrará en esos tuits una veta casi inagotable. No necesariamente de cosas negativas, que también: puede encontrar desorden, contradicciones, cambios de humor y, sobre todo, material inútil. Me explicaré mejor si hago una pequeña clasificación del material susceptible de limpiarse:

Enlaces perdidos. Aquí hay dos subcategorías: una es la de aquellos cuyo destino, por los motivos que sea, ha desaparecido. La noticia, el blog o la nota de prensa a donde queríamos conducir a nuestros seguidores, por el motivo que sea, ya no está. Aparte del 404, la segunda categoría son, simplemente, enlaces que se han quedado viejos o han dejado de interesar (por ejemplo, un informe financiero, o de usos de la web, de hace cuatro años). Muchos profesionales de agendas de la comunicación meten en su cuenta personal tuits de sus clientes, o de su agencia. Si hace tiempo que ya no tiene relación con uno ni con otro ¿qué interés tiene mantenerlos?

Tuits gatillazo. Llamados así porque le pasa a todo el mundo y no tiene importancia: son aquellos que nadie retuiteó, nadie contestó, nadie marcó como favorito. Quizá porque más de uno era una chorrada tan excelsa, o un intento tan patético de resultar gracioso, que nadie le prestó el mínimo interés. Liquídelos sin piedad. A lo mejor entre ellos haya muchos cuyo contenido es inofensivo. Bórrelos igual. Son peso muerto.

Repeticiones. La gran enfermedad cuando se manejan blogs o convocatorias. Si en su día anunció siete veces aquella nueva entrada en su blog, o tuiteó veinte convocatorias para un evento, déjelas en una. Más que suficiente para acordarse. Casi le diría que borrase todos los tuits de la convocatoria, que a fin de cuentas es agua pasada, pero si generó mucha actividad en las redes sociales, puede interesarle conservar también uno.

Tuits a famosos. Todos seguimos a alguno, y muchos a más de uno. Pero si en alguna ocasión se ha dirigido a él, y el muy malvado no ha tenido la deferencia de contestarle entre sus 3.500.000 seguidores, castíguele con el látigo de su indiferencia, para que no parezca que va por las redes mendigando la atención de gente conocida. Borre el tuit, y que se joda. Menudo es usted.

Broncas. Twitter es el reino de las broncas absurdas. Ya saben, “¡Buenos días, chicos!” “¡Serán buenos para ti, gilipollas!”. Mantener lo que soltamos cuando se nos calentó el teclado no da una buena imagen de nosotros, pero borrarlos puede plantear problemas éticos: si lo hago engaño a mis lectores, escondo lo más negativo de mí, y además, siempre quedarán los tuits de la otra parte. Eso, en todo caso, es problema de la otra parte, y le sorprendería la cantidad de otras partes que han liquidado hace tiempo sus propios tuits. Una buena solución es poner un tope de antigüedad. Si quiere, no toque los tuits de los últimos seis meses, pero de verdad, a nadie le interesa, aquel intercambio de mentada de madres que hace tres años tuvo con un tuitero del cual ya ni se acuerda.

Establecidas las categorías y los motivos, puede que le quede una pregunta: ¿Y de dónde saco el tiempo para hacer todo eso? Le voy a contestar con otra: ¿de dónde lo sacó para meter 20.000 tuits? El sistema para borrarlos es el mismo que para escribirlos: poco a poco. Selecciones un periodo de tiempo a limpiar; por ejemplo, de mes en mes si tuitea mucho. Una vez allí, seleccione todos los tuits -no sólo los destacados- u dedíquele un rato cada día. Al mismo tiempo, cree un archivo de Word o Excel y vaya apuntando los meses limpios. Sin prisa, pero sin pausa.

El resultado será una cuenta bastante más limpia, manejable y, sobre todo, coherente. Y, por cierto, una manera entretenida de concluir una estresante jornada de trabajo.

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