Guía para (no) orientarse en la Feria del Libro

2 Jun

flmSin ánimo de despreciar el esfuerzo de los compañeros que han trabajado para publicarlos, no hay nada que a este bloguero le atraiga menos que esas guías “para orientarse en la Feria del Libro” que publican los suplementos de todos los grandes periódicos cuando se acerca la Feria del Libro de Madrid. Me da pereza abrirlos, me da pereza hojearlos, y la idea de que vayan a recomendarme algo interesante ni se me pasa por la mente. Para mí, es como ir a la Feria con un plano que va a condicionar todos los pasos de mi visita.

Justo lo contrario de lo que siempre me ha movido a ir desde que la pisé por primera vez.

No es que uno vaya a pasearse entre las casetas con la cabeza completamente vacía de intenciones; siempre hay algún volumen que sabes que te vas a llevar. Uno que no has tenido tiempo de comprar hasta ahora –no creo que se me escape Campo de Retamas, de Sánchez Ferlosio ni alguna de las recomendaciones de Jose María Goicoechea-, o el último escrito, o editado, por algún amigo. (También hay amigos cuyos libros no tienes intención de comprar; el truco está en hacerlo sin que dejen por ello de ser tus amigos. Otro día se lo cuento).

Pero uno, personalmente, va a la Feria del Libro a descubrir. La idea de “hurgar en las casetas” se asocia sobre todo con otra Feria, la del Libro Antiguo y de Ocasión, o con los puestos de la Cuesta de Moyano, donde la paciencia y el olfato nos pueden premiar en alguna ocasión con alguna joya: una edición rara, un ejemplar firmado. Algo parecido, pero en otro plano, ocurre en la Feria del Libro en cuanto uno esquiva las novedades –promocionadas hasta la saturación- y mira más allá de autores mediáticos, entiéndase por tal cualquier figura o figurón televisivo que ponga su rostro (en todos los sentidos de la expresión), en un volumen presuntamente escrito por él.

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La verdad, uno no ve mucho el sentido de ir a pasar calor y apretones para comprar los mismos libros que abarrotan las estanterías de novedades del VIPS, o del Alcampo. Porque la Feria, tan mediática ella, con tanto acto paralelo, tanto patrocinador coreano y tanta firma, es también una estupenda oportunidad para hacer descubrimientos. Para ello, basta con ir dispuesto a remirar con algo de atención: en las casetas de las editoriales, tanto grandes como pequeñas, porque se tiene la oportunidad de acceder a publicaciones de su catálogo que en su día nos pasaron desapercibidas, por aquello de que no se puede estar en todo. Y en las librerías, porque muchas de ellas encuentran huecos entre esos bestia seller que tienen que colocar en primera fila –hay que comer- para resaltar una obra inadvertida, pequeña en volumen y en pretensiones y grande en interés, al menos para ellos, y en alguna ocasión, también para nosotros; Pero no nos servirá de nada que nos esté esperando si no nos molestamos en fijarnos en ella.

Por eso no hay que hacer demasiado caso a las guías; si recuerdo lo que he comprado en pasadas ferias, yo creo que quizás sólo una cuarta parte estaba pensada de antemano. El resto me fueron llamando con títulos o portadas atractivas que me llevaron a abrir, a hojear y en algunos casos, tras muchas dudas, a comprar. Ninguna de estas compras me ha decepcionado. Por eso este año iré con las mismas intenciones, no de compra, sino de búsqueda más o menos aleatoria.

Y por eso este post es una guía para que intenten desorientarse todo lo posible en la Feria del Libro.

 

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