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¡Plagienme, que es gratis!

31 Ago
(AVISO: este post es estrictamente personal. Con ello quiero decir que el autor es también el protagonista del mismo. Creo conveniente advertir de ello para no encontrarme luego con acusaciones de egocentrismo o, peor aún, de aburrimiento. Sigan leyendo bajo su responsabilidad).

a_running_duckPaula Gosling es una escritora estadounidense de novelas policiacas, entre las que se cuenta A running duck, publicada en 1974. A grandes rasgos, su argumento cuenta cómo una ejecutiva de publicidad se convierte en el objetivo de un asesino en serie, del que debe escapar con la ayuda de un policía duro y silencioso, el teniente Mike Malchek. La lucha contra el criminal se combina en la trama con  el progresivo enamoramiento de protector y protegida.

Esta novela ha sido llevada al cine dos veces, ambas con bastante mala suerte: en 1986, Sylvester Stallone la utilizó para perpetrar Cobra, el brazo fuerte de la ley, y diez años después, con el título Caza Legal, sirvió como pretexto para intentar convertir a Cindy Crawford en actriz. Lo único que ambas películas toman de la novela es la idea de una mujer civil protegida por un policía; en el engendro de Stallone, es una modelo a la que persigue una banda de psicópatas que se dedican a matar personas mayormente porque lo dice el guión, y en Caza Legal, una abogada perseguida por antiguos miembros del KGB reconvertidos en mafiosos.

El resto de las dos películas no tiene nada que ver con la novela. Ya puestos, ni siquiera aprovecharon los nombres de los personajes. Podría pensarse que la idea original es tan vaga que ni siquiera tendrían que haberse molestado en comprar los derechos del libro. Pero lo hicieron, pagaron y pusieron en los títulos de crédito “Basada en la novela The Running Duck”, de Paula Gosling”.

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Ahora pasemos al tema personal. En 2007, publiqué un libro titulado Es cosa de hombres. El machismo en la publicidad española 1939-1975, que creo que a día de hoy sigue siendo el único íntegramente dedicado a este tema. Mi intención inicial fue contar la historia de la imagen de la mujer en la publicidad hasta nuestros días, pero el editor me dijo que era mejor ceñirnos al franquismo, y tocar la democracia en un segundo libro. Estuve de acuerdo.

El libro no se vendió bien, y la segunda parte nunca se escribió. Qué le vamos a hacer. Es lo que ocurre con la mayor parte de los libros, y a este campo se viene llorado. Iba a añadir que pasó desapercibido… Pero tampoco fue exactamente así.

En 2009, Televisión Española produjo la serie documental 50 años de, donde se narraba la evolución de diversos aspectos de la sociedad en el último medio siglo. Cada capítulo estaba a cargo de un realizador distinto, e Isabel Coixet se encargó del dedicado “al tradicional papel de la mujer en la sociedad española y la repercusión que tienen en los medios los delitos por violencia  de género”, según se puede leer en la web de TVE.

El título del capítulo fue “La mujer, cosa de hombres”, y en él aparecían algunos anuncios donde se frivolizaba con la violencia de género. Alguno era muy conocido, como el de Soberano y la pitonisa; otros, como el del insecticida ZZ Paff donde se usa a la esposa como arma arrojadiza (aquí abajo lo tienen), eran algo menos populares. Todos aparecían en mi libro, de título tan similar al del capítulo de la serie. Pero en ninguna parte se le menciona; ni siquiera hay una referencia en los créditos finales.

Claro, es posible que todo fuera casualidad y que ni Coixet ni su equipo conocieran Es cosa de hombres. Pasemos a 2011. Ese año, Televisión Española emitió una serie de programas titulada Los anuncios de tu vida, presentada por Manuel Campo Vidal, donde se repasaba la evolución de la publicidad y la sociedad en España. Por supuesto, el tratamiento a los distintos sexos iba a ser uno de los temas. Esta vez no iban a pillarme desprevenido: cuando se anunció la serie, llamé a la productora y hablé con una de las responsables del programa. Quería saber si conocían mi libro para, si no era el caso, enviárselo. No esperaba con ello vender más -ya había desaparecido de las librerías- ni, válgame Dios, que me pagaran. Pero sí, por lo menos, un breve reconocimiento o una mención a la fuente.

La responsable me dijo que no hacía falta, porque no sólo lo conocían, sino que lo estaban utilizando generosamente y era una de las principales fuentes para ese tema. Muy bien, en ese caso le pedí que no se olvidaran de mencionarlo, aunque fuera brevemente en los títulos finales. Me aseguró que así lo harían, e incluso me tanteó con la posibilidad de ir al programa.

No ocurrió ni una cosa ni otra. Los invitados eran famosos, no periodistas del montón, y en ningún momento apareció ni una sola mención a aquel libro que habían utilizado con tanto entusiasmo.

¿Y por qué les largo todo este rollo ahora? En los últimos días, el documental de Coixet parece haberse puesto de moda de nuevo, y algunos amigos me lo han hecho saber (“¡pero si hasta el título es igual!”). Yo les explico que la historia tiene ya sus añitos, y que desde entonces estoy acostumbrado a que Es cosa de hombres aparezca de vez en cuando, siempre como fuente anónima, en libros, artículos y programas de radio o televisión.

Y estoy acostumbrado. Pero también estoy hasta las narices.

Puede que la comparación del principio con las películas sea desafortunada. No es igual una novela que un libro de no ficción, ni una película que un documental televisivo. Pero cuando uno piensa en que como periodista ha procurado siempre no dejar ninguna fuente sin citar (a menos, lógicamente, que pidiera un off the récord), sorprende la facilidad con la que algunos colegas no consideran necesario agradecer el trabajo que se tomó en su día otra persona, y que tanto ha contribuido a facilitarles el suyo a la hora de buscar información.

Se dice que, cuando se filmó Cobra, Stallone propuso a Paula Gosling reeditar su novela, pero figurando él como autor, oferta que la escritora rechazó. Podría pensarse que hay que tener cara, y un ego desbocado, para hacer semejante sugerencia. Y sería verdad.

Pero por estos pagos mucha gente hace lo mismo, y ni siquiera se molesta en preguntar.

La web de Carmena, y la fina piel de los periodistas

17 Jul

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Si para algo ha servido el lanzamiento de la web MadridVO, promovida por el Ayuntamiento de Madrid con el fin de desmentir las informaciones erróneas o malintencionadas que se publican sobre él, ha sido para demostrar hasta qué extremos de victimismo e hipocresía estamos dispuestos a llegar los periodistas españoles cuando alguien nos enmienda la plana.

Si de algo se puede -y, en opinión de este bloguero, se debe- acusar a esta web es de ser un error monumental. Lo es porque usurpa las tareas que deberían corresponder a un gabinete de prensa cuya profesionalidad y reflejos, de momento, están dejando mucho que desear. Es muy fácil quejarse de ser víctima de campañas como la que unos medios no excesivamente moderados han montado con los presuntos cambios del callejero de Madrid, cuando se han tardado días en dar una respuesta coherente. Los primeros posts publicados en la web se refieren a asuntos que en algunos casos llevaban semanas dando vueltas. Textos que se podrían y debían haber publicado en la propia página de prensa del  Ayuntamiento, que por lo demás cuenta con armas antiguas pero efectivas para luchar contra los errores y los ataques: comunicados, ruedas de prensa, declaraciones, comparecencias.

La web MadridVO es algo innecesario, puesto en marcha por un Ayuntamiento no cómo acción de difusión informativa, sino como reacción ante un comportamiento de algunos medios que habrían debido prever. Eso es lo que es. Ahora vamos a repasar lo que NO es: NO es una web contra los periodistas, NO es una maniobra totalitaria, NO es un heredero del Gran Hermano de Orwell, NO es una web que se crea en posesión de la verdad, NO es, de ninguna manera, un ataque a la libertad de expresión de la prensa española.

Alfonso Rojo, todo moderación como en él es habitual.

Alfonso Rojo, todo moderación como en él es habitual.

El chavismo, que no falte, por favor.

El chavismo, que no falte, por favor.

Ni es una web antiprensa, ni ha "denunciado" a ningún medio.

Ni es una web antiprensa, ni ha “denunciado” a ningún medio.

Algunas de las salvajadas que se han dicho contra esta web asustan. Y no hablo de las más esperables -Marhuendas, Rojos y Losantos, ya saben- sino las que han llegado de medios presuntamente más moderados: en la SER llevan días atacándola en sus informativos, mezclando datos y opinión sin pudor ninguno, afirmando como argumento principal que “no admite comentarios y por tanto no da derecho de réplica”, cuando el derecho de réplica lo están ejerciendo día tras día a través de la cadena de emisoras con más audiencia del país; El confidencial digital, la acusa de “estar financiada con dinero público”: obviamente, como todo el Ayuntamiento; lo que no dicen es que abrir una web de texto sobre plataforma de WordPress es absolutamente ínfimo. Pero la que sin duda se ha lucido ha sido la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, Carmen del Riego,afirmando que esta web “es un intento de poner en marcha un pensamiento único”.

No sé si da más rabia que pena que un periodismo paupérrimo, desprestigiado y enfrentado en luchas cainitas como el nuestro encuentre un enemigo común en el canal de comunicación de un ayuntamiento. Insisto en mi opinión de que nunca debió ser creado, pero una vez que está en marcha, sus presuntos efectos como heredero del Tribunal de Orden Público, la verdad, se me escapan. Es una excelente muestra, desde luego, del amateurismo de los encargados de la comunicación municipal. Pero también lo es de lo finita que tienen a veces la piel, y lo dura que tienen la cara, muchos autodeterminados defensores de la libertad de expresión.

Guillermo Zapata, la hipocresía y los niños malcriados

14 Jun

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Si Guillermo Zapata hubiera mantenido una actitud antisemita, racista, xenófoba o de enaltecimiento del terrorismo de forma continuada durante años en las redes sociales -o donde fuera- uno entendería, e incluso estaría de acuerdo, en que se planteara su idoneidad para ocupar un cargo electo en el Ayuntamiento de Madrid. O donde fuera.

Que esa presunta actitud se haya manifestado únicamente en dos tuits publicados en la misma fecha de hace cinco años, y que hayan aparecido justo el día en que el nuevo gobierno municipal de Madrid tomaba posesión, me hace pensar que la cosa es, en efecto, muy grave. Pero no en el sentido que muchos quieren darle.

Quiere decir más bien que hay gente que se ha molestado en rastrear pacientemente la cuenta de Twitter de Zapata -y es de suponer que también la de todos los componentes del equipo municipal de Manuela Carmena– en busca de cualquier cosa que sirviera para comenzar a atacar a los nuevos gobernantes antes de que tuvieran tiempo de dictar una sola ley, prometer un solo cargo, tomar una sola decisión. Que hace tiempo que tenían descubiertos y preparados esos tuits, como demuestra la ferocidad de los ataques recibidos por Zapata, mientras hay verdaderos nazis que mantienen abiertas cuentas en las redes sociales con plena impunidad, o guardas civiles haciéndose fotografías ante la estatua de un dictador responsable de miles de muertes. Y, desde luego, que no piensan prestar la menor consideración a los intentos de este por defenderse o explicar el motivo y las circunstancias en que los publicó.

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Quiere decir también que un pensamiento de fondo sigue muy activo en la peor derecha -que, obviamente, no es toda la derecha- de España: la izquierda no tiene derecho a gobernar. Aunque gane unas elecciones, o llegue al poder mediante acuerdos de coalición. No pueden admitirlo. Si lo admitieran, ejercerían una oposición basada en la crítica de las acciones de los nuevos equipos de Gobierno, en vez de centrarse -es un decir- en buscar motivos de condena que justifiquen su idea de que no son dignos. De que unos muertos de hambre no pueden arrebatarles el poder, que es suyo por derecho, o por naturaleza. Por eso cuando lo pierden buscan el desprestigio y la calumnia, y critican desde lo que pretenden ser altas cimas morales, cuando lo que son es cumbres de la hipocresía. Reparten carnets donde deciden quién es un demócrata o un totalitario, un amigo de los terroristas o un buen español.

Ese es el verdadero trasfondo del caso Zapata. Lo hemos visto otras veces. Lo seguiremos viendo; en el fondo, es una estrategia que, tanto para quienes la ponen en marcha como para quienes la creen, no deja de tener mucho de rabieta infantil, propia de niños malcriados que intentan vengarse chivándose de las cosas que hizo Pepito o Juanito cuando nadie le miraba. Por eso hay pocas esperanzas de que algún día lleguen a abandonar estas técnicas detestables. Para eso tendrían primero que crecer.

¿Volverá el periodismo en 2015?

29 Dic

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Dicen que 2015 no sólo será el año de la recuperación en general, sino también el del resurgimiento del periodismo en viabilidad y beneficios económicos. Si lo primero no me lo creo, menos lo segundo. Por supuesto que los medios de comunicación, tarde o temprano, acabarán encontrando alguna forma de recuperación que empiece a compensar la masacre de puestos de trabajo de los últimos años. Lo cual será una buena noticia tanto para los más de 20.000 insensatos (¿lo fuimos menos nosotros en nuestro día?) que se siguen matriculando cada año en España para intentar ganarse la vida con esta profesión, como para los dinosaurios que hemos huido de la glaciación hacia pastos más verdes. Pero una cosa es que los medios resurjan; y otra, más distinta de lo que parece, que con ellos resurja el periodismo.

La crisis no sólo ha hundido medios y puesto en la calle a miles de profesionales –2.400 sólo este año, casi 12.000 desde 2008-; también ha deformado el concepto de periodismo hasta dejarlo irreconocible. Lo que consumimos hoy es un sucedáneo hecho con pocos medios, a cargo de becarios sin información y sin criterio, publicado por cabeceras endeudadas y comprometidas con sus acreedores, y destinado a un público con el paladar embotado tras años por productos adulterados cuya finalidad, como describe Vargas Llosa en su última novela, “no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia”.

España tiene por delante un año clave: se avecinan cambios de envergadura en el reparto de poder, la estructura de partidos, la evolución de la economía, quién sabe si en la esencia misma de la Constitución y la sociedad. Este escenario es una mina de oro para los periodistas, no sólo por la previsible afluencia de noticias sino por las oportunidades de desarrollar trabajos rigurosos de investigación y análisis, intentando ofrecer a sus lectores una visión, no objetiva –eso es imposible-, pero sí justa y equilibrada. Informando y ayudando a comprender sin adoctrinar. Separando la información de la opinión. Huyendo del sesgo barriobajero en los titulares. Contrastando informaciones y hablando con todos los sectores implicados, no sólo con quienes nos interesan. Considerar que un debate es un escenario para plantear argumentos que hagan razonar a la otra parte antes de contestar, y reflexionar, sobre el fondo, no sobre la forma, a los espectadores. Contribuyendo a construir una sociedad más adulta.

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Todas estas cosas, no hace demasiado tiempo, eran algo sin lo que el ejercicio de la profesión de periodista no se podía concebir. Hoy se ven como una excentricidad inútil, como un lujo que no servirá para ganar clics en las ediciones digitales, para promover comentarios donde la gente ataque con la osadía que dan la ignorancia y los prejuicios. Debates que se quieren de periodismo político y no son más que circo. Diarios digitales que toman como referencia el amarillismo y la grosería que su director va enarbolando tertulia tras tertulia. Incluso cabeceras señeras de la prensa, donde dejan publicarse sandeces torticeras que en otros tiempos no se le habrían perdonado a un becario (arriba les dejo una que se ha hecho bastante popular estos días). Y se publican no porque el jefe de sección se haya quedado ciego, sino porque hace tiempo que se optó por ello; por hablar al vulgo en necio, para darle gusto.

En este ambiente es donde se supone que se tiene que reconstruir el periodismo. No me cabe duda de que surgirán nuevos medios y soportes de comunicación, y de que algunos serán rentables. Otra cosa es que recuperen los valores que en los últimos años se han ido desechando como trastos viejos, como las ruinas que se suceden a lo largo de la carretera de Cormac McCarthy. Porque el periodismo de verdad está en ellos, no en los soportes, pero ¿de qué sirven, cuando ya no lo valoran ni los lectores ni, en muchas ocasiones, los propios periodistas?

La nueva amenaza de Teresa Romero

21 Oct

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Está limpia de Ébola. Eso no quiere decir que esté curada. Los estragos que el virus ha dejado en su cuerpo tardarán en cerrarse. Deberá enfrentarse, como ya se ha apuntado, al choque de salir del hospital en el que entró como una desconocida, convertida ahora en el nombre más popular de España. Recuperar su vida anterior le será imposible; e iniciar una nueva, nada fácil. La ignorancia y el miedo la perseguirán adonde vaya. Es sencillo imaginar las caras de recelo de quienes se crucen con ella por la calle, la protesta de los vecinos cuando quiera regresar a su piso, el pavor más o menos disimulado de los comerciantes de su barrio cuando entre a comprar. Ni hablemos de las peluquerías.

Hay otra cosa más: los que llevan días esperándola. Los que se llenan la boca declarando su alegría ante su curación, pero en el fondo la ven como un testigo molesto. Los que temen el momento en que empiece a hablar y acusar. Los que ya han intentado hundirla presentándola como responsable de haberse contagiado. No pensemos que porque se han callado no van a volver al ataque.

Tienen a quienes les harán el trabajo sucio, y la munición lista. Ya la han empleado otras veces. Sólo necesitan que llegue una entrevista, unas declaraciones, una aparición en televisión. Entonces empezarán. La acusarán de afán de protagonismo, de querer enriquecerse con su enfermedad, de roja, de simpatizar con el PSOE, con Izquierda Unida, con Podemos, con los tres juntos. De albergar en su alma un odio profundo al Gobierno (¡cuánto recurren a esta palabra los que más hacen por sembrarla entre sus lectores y espectadores!), al Partido Popular, de ser un instrumento de quienes quieren hundir a Ana Mato desde los tiempos de la Gurtel.

Ahondarán en su pasado, desenterrarán trapos sucios; si no los hay, ellos los crearán. Agrandarán anécdotas nimias de hace muchos años hasta presentarlas como faltas imperdonables que anulan su credibilidad y su autoridad moral como testigo, como denunciante, como persona. Intentarán destruir su reputación de la misma manera en que el Ébola intentó destruir sus órganos internos.

Si hemos apoyado a Teresa Romero durante su lucha, no podemos dejarla sola ante esta nueva amenaza. La intoxicación y la mentira son desde hace demasiado tiempo un virus genuinamente español. No permitamos que se cobre una nueva víctima.

Videojuegos y cultura, mundos separados (pero no enfrentados)

28 Sep

Una buena manera de asegurarse la polémica en los medios, es opinar sobre videojuegos. No sobre un videojuego en general, sino sobre el sector en particular. Lo hemos vuelto a ver hace poco con el caso de Destiny, la mayor superproducción jamás llegada a una consola, de cuya historia ya les supongo enterados:

1. Toda la prenda mundial se hace eco del lanzamiento de Destiny, haciendo hincapié en la monstruosa inversión que ha supuesto su desarrollo: se habla de 380 millones de euros, lo cual le convierte en “el producto cultural más caro jamás fabricado”, muy por encima de la película de mayor presupuesto de la historia del cine, la cuarta entrega de la serie Piratas del Caribe, que costó 175 millones de dólares.

2. Al día siguiente, Forges publica en El País el chiste que pueden ver más abajo, donde reflexiona sobre la categoría de “producto cultural” de un videojuego de la categoría “matamuch”.

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3. Al instante, el humorista comienza a recibir aceradas críticas por su chiste… procedentes en su totalidad del mundo de los videojuegos. El mundo ajeno a los videojuegos, pues… sigue siendo eso, ajeno, y pasa tres kilos del asunto. Y algunos periodistas con bastante menos repercusión mediática que Forges, caso de un servidor, cuando opinamos sobre el asunto en una radio local donde nos dejan hablar una vez a la semana… Tampoco nos libramos de ser contestados, si bien a mucha menor escala y, de momento, con cortesía y educación.

Con la que está cayendo en el mundo de la cultura, suena a masoquismo que los aficionados a los videojuegos estén tan ansiosos porque su afición obtenga esta categoría. Quizá es porque piensan que estar dándole al mando todo el día les otorga una imagen de incultos, cuando no de lobotomizados y, considerando las décadas que las consolas llevan entre nosotros, y que muchos de los primeros jugadores ya son orgullosos padres de familia que juegan con sus hijos, uno pensaría que este tópico idiota (mantenido sobre todo por quienes no han jugado en su vida) debería estar ya más que superado. Pero vamos por partes:

Antes que nada, la noticia lo que me parece es un caso lacerante de periodismo de corta y pega. Los creadores de Destiny, su departamento de comunicación, o su agencia, tuvieron la idea de colocar en la nota de prensa la definición de “producto cultural”, sabiendo que muchos redactores la reproducirían sin pararse a pensar. Lo mismo pasa con la comparación con Piratas del Caribe, que puede o no ser la película más cara de la historia (depende de la fuente que se consulte, porque calcular con precisión el presupuesto de una superproducción es complicado) pero lo que no es es un producto cultural; como no lo es Destiny. ¿Algún espectador de las cuatro películas de la saga aprenderá algo sobre la historia y el mundo real de los piratas siguiendo las aventuras de Jack Sparrow? ¿O sólo pasará un buen rato disfrutando de los efectos especiales y las gansadas de Johnny Depp? La aportación que esas películas y Destiny realizan a nuestro bagaje cultural es, sencillamente, cero. Lo que proporcionan no es cultura, sino entretenimiento. Que también es algo sin lo cual no podríamos vivir.

El argumento habitual de quienes defienden el carácter cultural de los videojuegos es que, si los libros, el cine o la música son cultura ¿Por qué no pueden serlo también estos? Hay que huir del peligro de generalizar, porque muchos libros, películas y música tampoco son cultura. ¿Y quién tiene derecho a definir cuáles lo son? Hombre, los intelectuales, maestros, académicos y divulgadores están para algo más que para lucirse en las tertulias, y algunos pensamos que deberían convertirse en fuente de referencia a la hora de señalar las creaciones del ámbito artístico que nos harán crecer en conocimiento, amplitud de perspectivas, puntos de vista. Las que nos harán seres humanos más completos. Pero en todo caso, es mucho más sencillo eliminar todo aquello que, claramente, no es cultura. Siempre se puede empezar por ahí y sacar de la ecuación a las cincuenta sombras de las narices, a las películas de Los Mercenarios o a Paulina Rubio; por algo se empieza.

Con todo este rollo, tampoco pretendo descalificar a los aficionados a los videojuegos. Sobre todo porque mucho de ellos no son pirados que se pasan jugando veinticinco horas diarias, sino gente con intereses en otros muchos campos. De la misma manera, hay videojuegos que sí pueden contribuir a nuestro aporte cultural (se me ocurren los de estrategia situados en periodos históricos o mitológicos donde sus creadores han hecho los deberes… y tienen entre sus jugadores a eruditos en estos campos que disfrutan como críos), ayudar a niños con dificultades de aprendizaje, o incluso colaborar en la educación escolar. Dejando aparte el fenómeno creciente de la gamificación, donde el mecanismo de los videojuegos se traslada al entorno comercial y del marketing, buscando maneras entretenidas de atraer público y clientes.

Pero, aunque los videojuegos serán cada vez mejores, más variados, adaptados a un mayor número de plataformas, y con creaciones que irán más allá del mero del gasto millonario en su desarrollo, no creo que nunca, jamás, vayan a ser cultura. Y no lo serán porque, en ese caso, estarían contradiciendo su propio concepto de asimilación rápida y diversión inmediata. La verdadera cultura da muchas satisfacciones, pero cuesta trabajo; supone dedicación, aprendizaje y, en no pocos casos, estudio. Hay que pisar muchas exposiciones para empezar a hacerse un criterio en pintura, oír mucho jazz y mucha clásica para empezar a diferenciar intérpretes, ver mucho cine para superar a Jerry Bruckheimer y empezar a meterse en Rossellini, y maravillarse con mucha arquitectura, antigua y moderna, para comprender que los “productos culturales” de presupuesto millonario llevan muchos años entre nosotros. El Empire State Building costó 41 millones de dólares en 1931. ¿Cuánto creen que costaría edificarlo ahora? ¿Más o menos que lo que ha costado Destiny?

Las portadas de “Pronto” y sus herederos digitales

30 Jul

pronto-9 Hay una serie de fotos, originarias de la web Yo Fui a EGB, -compañera de ese libro del que tienen ustedes que haber oído hablar a menos que no les llegue el ADSL a la isla desierta- que se están haciendo muy populares en las redes: son Las Diez Portadas Más Inquietantes de la Revista Pronto, y recogen, pues eso, las propuestas más surrealistas que entre los años 70 y 80 ofrecía a sus lectores en el quiosco la considerada –vaya usted a saber por qué- cumbre del cutrerío de los semanarios, después de la retirada de Garbo, que tampoco era manca.

Un respeto para Pronto de todos modos ¿eh? Porque ni sé los años que se ha pasado siendo el semanario más vendido de España, con tiradas superiores al millón de ejemplares. Así que estas paridas les funcionaban muy bien. En mis años de preadolescencia, al volver del cole mis amigos y yo solíamos mirarla en el quiosco, a ver la burrada de la semana, y recuerdo algunas que no están en esta selección… pero vaya si podrían.

Pronto 2Lo que pasa es que enseguida se les pillaba al truco: a veces sus titulares no eran falsos (bueno, a veces sí), pero servirían para una clase de Periodismo a la hora de explicar cómo sacar las cosas de contexto. Sólo los más frikis (y vejetes) del lugar se acordarán de la serie Baretta, protagonizada por Robert Blake, pero en aquellos tiempos de televisión única fue muy popular. Pues por ejemplo, el titular de la semana era ROBERT BLAKE (“BARETTA”), CONDENADO A MUERTE POR HOMOSEXUAL. Mirabas dentro, y resultaba que a Blake le habían ofrecido un papel de homosexual en una película, y que se habla de si ello significaría la desaparición de la serie por las connotaciones negativas que ello pudiera tener (hablamos de finales de los 70, recuerden). Eran también los tiempos de Los Ángeles de Charlie, y por ejemplo soltaban: FARRAH FAWCETT, ACUSADA DE ROBAR EN LA VIDA REAL. Lo de “en la vida real” lo añadían para que no pensáramos que era el viejo truco de que aquello ocurría en una película, como en la portada de Silvia Tortosa, que encabeza este post. Y no, era cierto que la habían detenido… Cuando tenía quince años, por robar no sé qué de una tienda. Todo en este plan. (Hubo otro titular épico: STARSKY Y HUTCH: DOS HOMOSEXUALES QUE SE ACUESTAN JUNTOS, pero no recuerdo la explicación que daban al asunto, la verdad).

Pronto creó escuela; creo que en los últimos años ha suavizado sus portadas (o se ha visto superada por la realidad) y ahora se ocupa de otro tipo de famosos. Pero su testigo lo han recogido algunos diarios digitales, que siguen utilizando el mismo sistema; la revista metía titulares desorbitados para que la compraran. Y algunos presuntos medios de información con sede en la web hacen lo mismo para animar a los lectores a entrar en sus noticias. Muchas portadas de Pronto eran fotomontajes o imágenes de agencia, y sus periodistas no salían demasiado a contrastar la información; en los medios digitales se cogen noticias de agencia –o de Twitter, tanto da- se refríen y se mezcla información y opinión, buscando el sensacionalismo desde la primera palabra del titular. Sin olvidar los titulares moderados de toda la vida, como puede verse aquí mismo:

PERIODISMO

Pronto siempre ha prestado atención a los personajes más populares del momento, pues las ventas aumentaban si las portadas se referían a ellos; sus herederos de la web tienen a sus propias estrellas, famosos por derecho propio o, al menos, entre sus lectores: la familia Bardem, el juez Garzón, el Gran Wyoming, Pablo Iglesias, para unos; Esperanza Aguirre, Martínez Pujalte, Arturo Fernández (cualquiera de los dos), Rouco Varela o Aznar, para los otros. Aquí sí que hay inventiva en los titulares y retorcimiento de la realidad en los textos, convirtiendo cualquier chorrada intrascendente que hayan dicho o hecho en una ofensa imperdonable, para atizar el fuego de los comentarios, o de los insultos a sus bestias negras, que a su vez provocan insultos y discusiones entre los lectores, con lo que el número de visita no deja de aumentar.

Nos podemos –y nos debemos- reír mucho de aquellos titulares que se querían escandalosos y hoy sorprenden por lo banales e intrascendentes que eran en realidad; no está uno tan seguro de que lo de sus herederos sea cosa de risa. Está por ver si el periodismo encontrará su futuro en el mundo digital. Pero el pseudoperiodismo hace tiempo que está bien instalado.