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La web de Carmena, y la fina piel de los periodistas

17 Jul

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Si para algo ha servido el lanzamiento de la web MadridVO, promovida por el Ayuntamiento de Madrid con el fin de desmentir las informaciones erróneas o malintencionadas que se publican sobre él, ha sido para demostrar hasta qué extremos de victimismo e hipocresía estamos dispuestos a llegar los periodistas españoles cuando alguien nos enmienda la plana.

Si de algo se puede -y, en opinión de este bloguero, se debe- acusar a esta web es de ser un error monumental. Lo es porque usurpa las tareas que deberían corresponder a un gabinete de prensa cuya profesionalidad y reflejos, de momento, están dejando mucho que desear. Es muy fácil quejarse de ser víctima de campañas como la que unos medios no excesivamente moderados han montado con los presuntos cambios del callejero de Madrid, cuando se han tardado días en dar una respuesta coherente. Los primeros posts publicados en la web se refieren a asuntos que en algunos casos llevaban semanas dando vueltas. Textos que se podrían y debían haber publicado en la propia página de prensa del  Ayuntamiento, que por lo demás cuenta con armas antiguas pero efectivas para luchar contra los errores y los ataques: comunicados, ruedas de prensa, declaraciones, comparecencias.

La web MadridVO es algo innecesario, puesto en marcha por un Ayuntamiento no cómo acción de difusión informativa, sino como reacción ante un comportamiento de algunos medios que habrían debido prever. Eso es lo que es. Ahora vamos a repasar lo que NO es: NO es una web contra los periodistas, NO es una maniobra totalitaria, NO es un heredero del Gran Hermano de Orwell, NO es una web que se crea en posesión de la verdad, NO es, de ninguna manera, un ataque a la libertad de expresión de la prensa española.

Alfonso Rojo, todo moderación como en él es habitual.

Alfonso Rojo, todo moderación como en él es habitual.

El chavismo, que no falte, por favor.

El chavismo, que no falte, por favor.

Ni es una web antiprensa, ni ha "denunciado" a ningún medio.

Ni es una web antiprensa, ni ha “denunciado” a ningún medio.

Algunas de las salvajadas que se han dicho contra esta web asustan. Y no hablo de las más esperables -Marhuendas, Rojos y Losantos, ya saben- sino las que han llegado de medios presuntamente más moderados: en la SER llevan días atacándola en sus informativos, mezclando datos y opinión sin pudor ninguno, afirmando como argumento principal que “no admite comentarios y por tanto no da derecho de réplica”, cuando el derecho de réplica lo están ejerciendo día tras día a través de la cadena de emisoras con más audiencia del país; El confidencial digital, la acusa de “estar financiada con dinero público”: obviamente, como todo el Ayuntamiento; lo que no dicen es que abrir una web de texto sobre plataforma de WordPress es absolutamente ínfimo. Pero la que sin duda se ha lucido ha sido la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, Carmen del Riego,afirmando que esta web “es un intento de poner en marcha un pensamiento único”.

No sé si da más rabia que pena que un periodismo paupérrimo, desprestigiado y enfrentado en luchas cainitas como el nuestro encuentre un enemigo común en el canal de comunicación de un ayuntamiento. Insisto en mi opinión de que nunca debió ser creado, pero una vez que está en marcha, sus presuntos efectos como heredero del Tribunal de Orden Público, la verdad, se me escapan. Es una excelente muestra, desde luego, del amateurismo de los encargados de la comunicación municipal. Pero también lo es de lo finita que tienen a veces la piel, y lo dura que tienen la cara, muchos autodeterminados defensores de la libertad de expresión.

Guillermo Zapata, la hipocresía y los niños malcriados

14 Jun

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Si Guillermo Zapata hubiera mantenido una actitud antisemita, racista, xenófoba o de enaltecimiento del terrorismo de forma continuada durante años en las redes sociales -o donde fuera- uno entendería, e incluso estaría de acuerdo, en que se planteara su idoneidad para ocupar un cargo electo en el Ayuntamiento de Madrid. O donde fuera.

Que esa presunta actitud se haya manifestado únicamente en dos tuits publicados en la misma fecha de hace cinco años, y que hayan aparecido justo el día en que el nuevo gobierno municipal de Madrid tomaba posesión, me hace pensar que la cosa es, en efecto, muy grave. Pero no en el sentido que muchos quieren darle.

Quiere decir más bien que hay gente que se ha molestado en rastrear pacientemente la cuenta de Twitter de Zapata -y es de suponer que también la de todos los componentes del equipo municipal de Manuela Carmena– en busca de cualquier cosa que sirviera para comenzar a atacar a los nuevos gobernantes antes de que tuvieran tiempo de dictar una sola ley, prometer un solo cargo, tomar una sola decisión. Que hace tiempo que tenían descubiertos y preparados esos tuits, como demuestra la ferocidad de los ataques recibidos por Zapata, mientras hay verdaderos nazis que mantienen abiertas cuentas en las redes sociales con plena impunidad, o guardas civiles haciéndose fotografías ante la estatua de un dictador responsable de miles de muertes. Y, desde luego, que no piensan prestar la menor consideración a los intentos de este por defenderse o explicar el motivo y las circunstancias en que los publicó.

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Quiere decir también que un pensamiento de fondo sigue muy activo en la peor derecha -que, obviamente, no es toda la derecha- de España: la izquierda no tiene derecho a gobernar. Aunque gane unas elecciones, o llegue al poder mediante acuerdos de coalición. No pueden admitirlo. Si lo admitieran, ejercerían una oposición basada en la crítica de las acciones de los nuevos equipos de Gobierno, en vez de centrarse -es un decir- en buscar motivos de condena que justifiquen su idea de que no son dignos. De que unos muertos de hambre no pueden arrebatarles el poder, que es suyo por derecho, o por naturaleza. Por eso cuando lo pierden buscan el desprestigio y la calumnia, y critican desde lo que pretenden ser altas cimas morales, cuando lo que son es cumbres de la hipocresía. Reparten carnets donde deciden quién es un demócrata o un totalitario, un amigo de los terroristas o un buen español.

Ese es el verdadero trasfondo del caso Zapata. Lo hemos visto otras veces. Lo seguiremos viendo; en el fondo, es una estrategia que, tanto para quienes la ponen en marcha como para quienes la creen, no deja de tener mucho de rabieta infantil, propia de niños malcriados que intentan vengarse chivándose de las cosas que hizo Pepito o Juanito cuando nadie le miraba. Por eso hay pocas esperanzas de que algún día lleguen a abandonar estas técnicas detestables. Para eso tendrían primero que crecer.

Cómo puede afectarnos tuitear sobre política

15 Feb

Censura-Twitter

A veces es divertido contraponer noticias o tendencias. Por citar dos: hace ya un tiempo que se ha implantado la idea de que tener una vida activa en las redes sociales es bueno para conseguir un trabajo. De hecho, puede resultar imprescindible, ya que nuestro índice de Klout parece estar siendo un elemento de importancia creciente para distinguirnos de otros candidatos al puesto.

Sin embargo, por otra parte, es un hecho que las empresas de selección realizan un repaso exhaustivo en las redes sociales de todo lo que pueden encontrar sobre los candidatos. Quizá lo que levantó la liebre en este sentido fue el informe de Eurocom Worldwide publicado en 2012 donde se indicaba que uno de cada cinco candidatos a un puesto no había sido elegido por el perfil que mostraba en sus redes. Dos años en términos digitales son una eternidad; podemos y debemos pensar que esta tendencia ha aumentado desde entonces.

Así que la consecuencia parece ser: mantente activo en las redes, pero ten cuidado con lo que pones en ellas. El material sensible es, en su mayoría, bien conocido: insultos, faltas de respeto, racismo, sexismo. Incluso el fanatismo deportivo –o de cualquier clase, pero limitémonos al fútbol para no complicarnos- cuyos enfrentamientos se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban. Esto es fácil de entender, como lo es la norma de no tuitear jamás en caliente.

Lo que quizá sea más difícil de comprender y controlar es la opinión política. ¿Qué precio podemos tener que pagar por tuitear sin miedo sobre nuestra ideología, aunque lo hagamos respetuosamente, sin insultar a los demás y sin contestar cuando estos nos insultan? ¿Podemos estar seguros de que no es un factor de peso a la hora de seleccionarnos o rechazarnos para un puesto de trabajo?

La presencia de la política en Twitter es creciente, aunque no crezca de la misma manera para todo el mundo. Aquí merece la pena citar este artículo sobre el informe del Pew Research Center sobre medios y politización que demuestra, una vez más, que cada usuario se hace su propio Twitter: Si tuiteamos sobre política y seguimos a políticos, la gente que nos siga e interactúe con nosotros será en su mayoría de la misma cuerda. Y como consecuencia, nuestra cuenta estará mucho más plagada de contenido político que si tuiteamos sobre el cultivo de geranios. Esto es una obviedad.

FT_14.11.12.Social.Media_.Politics2 Lo que no es tan obvio es que incluso los no interesados en política tampoco se libran. Entre los usuarios de Twitter que sentían que más de la mitad del contenido que leían estaba relacionado con este tema se contaba un 9% de los no interesados en política, un 23% de los poco interesados y un 41% de los muy interesados. Otro detalle: se habla más de política en Facebook que en Twitter, quizá porque nos seguimos creyendo, y ya son ganas, que en esta red social nuestras publicaciones no pasarán del ámbito de nuestros contactos. Es sólo una opinión (¿para qué están los blogs si no?) pero es posible que en el subconsciente de muchos usuarios yazca la idea de que la política sigue siendo un tema del que es mejor hablar discretamente, en pequeños círculos.

No todo el mundo actúa así; tengo amigos que, sin ser políticos profesionales, tuitean sus opiniones a los cuatro vientos. Pero en muchos casos, son personas con un trabajo fijo, y con varios años de antigüedad en él. En cambio los autónomos, los freelance, los que andamos perpetuamente a la caza de trabajos y encargos, no podemos evitar preguntarnos si aquél comentario, aquel chiste o aquella bronca de la que ya nos olvidamos pueden haber sido decisivos a la hora de perder una buena oportunidad. Cuánto nos está costando nuestra libertad de expresión en Twitter. Sería una pena que los únicos que pudieran tuitear cualquier cosa sin miedo a su futuro laboral, fueran precisamente los políticos.

La nueva amenaza de Teresa Romero

21 Oct

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Está limpia de Ébola. Eso no quiere decir que esté curada. Los estragos que el virus ha dejado en su cuerpo tardarán en cerrarse. Deberá enfrentarse, como ya se ha apuntado, al choque de salir del hospital en el que entró como una desconocida, convertida ahora en el nombre más popular de España. Recuperar su vida anterior le será imposible; e iniciar una nueva, nada fácil. La ignorancia y el miedo la perseguirán adonde vaya. Es sencillo imaginar las caras de recelo de quienes se crucen con ella por la calle, la protesta de los vecinos cuando quiera regresar a su piso, el pavor más o menos disimulado de los comerciantes de su barrio cuando entre a comprar. Ni hablemos de las peluquerías.

Hay otra cosa más: los que llevan días esperándola. Los que se llenan la boca declarando su alegría ante su curación, pero en el fondo la ven como un testigo molesto. Los que temen el momento en que empiece a hablar y acusar. Los que ya han intentado hundirla presentándola como responsable de haberse contagiado. No pensemos que porque se han callado no van a volver al ataque.

Tienen a quienes les harán el trabajo sucio, y la munición lista. Ya la han empleado otras veces. Sólo necesitan que llegue una entrevista, unas declaraciones, una aparición en televisión. Entonces empezarán. La acusarán de afán de protagonismo, de querer enriquecerse con su enfermedad, de roja, de simpatizar con el PSOE, con Izquierda Unida, con Podemos, con los tres juntos. De albergar en su alma un odio profundo al Gobierno (¡cuánto recurren a esta palabra los que más hacen por sembrarla entre sus lectores y espectadores!), al Partido Popular, de ser un instrumento de quienes quieren hundir a Ana Mato desde los tiempos de la Gurtel.

Ahondarán en su pasado, desenterrarán trapos sucios; si no los hay, ellos los crearán. Agrandarán anécdotas nimias de hace muchos años hasta presentarlas como faltas imperdonables que anulan su credibilidad y su autoridad moral como testigo, como denunciante, como persona. Intentarán destruir su reputación de la misma manera en que el Ébola intentó destruir sus órganos internos.

Si hemos apoyado a Teresa Romero durante su lucha, no podemos dejarla sola ante esta nueva amenaza. La intoxicación y la mentira son desde hace demasiado tiempo un virus genuinamente español. No permitamos que se cobre una nueva víctima.

¡Y me llamarás facha!

7 Sep

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Deben ser cosas de uno, pero llama la atención ver la cantidad de gente en los ámbitos políticos, mediáticos y digitales que continúa soltando una tontería vieja como la tos. Son los que se ponen la venda antes de la herida y usan como coartada la agresividad y el victimismo para decir determinadas burradas impunemente. Y, la verdad, da pereza porque es que llevamos ni sé ya los años con la misma cantinela:

– Claro, si yo ahora voy y digo que Franco fue un gran hombre, que salvó a España, que de la Guerra Civil tuvieron la culpa los rojos y los masones, y que no se fusiló en su día a los suficientes y así estamos hoy como estamos ¡ME LLAMARÁS FACHA!

– Hombre…

Vale, la mayoría de las veces no se trata de posturas tan fach… tan extremas. Es más común que las quejas sean del tipo ya no se puede defender la unidad de España, ya no puedes llevar la bandera de tu país, ya no puedes emocionarte con el himno nacional, ya no puedes estar orgulloso de nuestro ejército, ya no puedes, ya no puedes, ya no puedes… sin que te llamen facha. No sé. Personalmente, no creo que yo llamara facha a una persona sólo por oponerse al delirio secesionista de Artur Mas, por llevar la bandera de España en su coche o en una pulserita (aunque en el caso de las banderas es donde mejor se manifiesta esa “antropofagia latente” que nos atribuyó Miguel Delibes: el auténtico motivo por el que mucha gente las lleva es pasársela por la cara a los que no), por emocionarse el Día de las Fuerzas Armadas, por ir a misa, por ir a los toros. Como en todo, es una cuestión de tono, de respeto a quienes no comparten esas ideas, aunque es verdad que algunas de ellas sí pueden provocar que la palabrita de marras aparezca en los labios de determinada gente de la otra orilla. Ninguna de las dos Españas tiene el patrimonio de la idiotez.

Y eso es lo que más me extraña. No pocos de los que se vaticinan injustamente tratados como fachas, a la hora de hablar de la izquierda, -de cualquier izquierda- recurren al instante a comparaciones con ETA, Chavez, Castro, las purgas de Stalin, la quema de conventos, la cheka de Bellas Artes, los experimentos de Lisenko, Pol Pot y el sursum corda. Este radicalismo a la hora de calificar a los de enfrente contrasta con su sensibilidad extrema cuando los calificados son ellos. Como La Letra Escarlata de Hawthorne, como la flor de lis en Los Tres Mosqueteros, parece que la palabra tiene para ellos el aura de un estigma aniquilador e imborrable. Vamos, es que me los imagino en el diván del psiquiatra con los ojos desencajados:

– No duermo. Apenas como. He dejado de rendir en el trabajo; me alimento básicamente de chóped caducado, whisky y ansiolíticos; he vuelto a fumar. Dos paquetes diarios. Sufro de impotencia y ejaculatio precox, todo a la vez, y el futuro se me presenta del color de un grillo. ¡Lo mío sí que es el infierno en la Tierra, y no lo de Fernando Alonso!

– ¿Pero qué le ha ocurrido, hombre de Dios?

– Doctor… (cubriéndose la cara con las manos y estallando en sollozos)… ¡El otro día ME LLAMARON FACHA!

Uno echa de menos sus tiempos escolares, donde el enfrentamiento ideológico muchas veces no pasaba de tonterías (“Los fachas que se jodan, que tienen la sangre roja y el corazón a la izquierda”, “pues los rojos escriben con la derecha y tienen los dedos llenos de falanges”), pero seguir escuchando esta frasecita a un líder político, a un periodista de peso o a un tertuliano de profusa presencia mediática, es para pensar si este país ha madurado siquiera un poco en las últimas décadas o si vamos como los cangrejos. Usted es el que de verdad sabrá si es facha, y tanto si lo es como si no, le debería dar igual lo que piensen o le llamen los demás. Si tanto le preocupa que se lo llamen, es su problema; pero que a este paso le van a acabar llamando cansino, de eso no le quepa ninguna duda.

¡Me voy a forrar con el Canon AEDE!

23 Jul
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¡Y esto es sólo lo que he recaudado con los links del mes!

Ya les supongo enterados del tema, por lo menos a aquellos que les interese (que, aunque no se den cuenta, somos todos). El Gobierno aprobó ayer con premeditación, alevosía y una prisa loca, a través de su Comisión de Cultura, el texto del anteproyecto de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual. Para entendernos, la Tasa Google, el Canon AEDE o el Canonazo, por citar sus nombres más populares.

No les voy a aburrir repitiendo aquí sus efectos previsibles en cosillas como el derecho de cita o la acción de compartir enlaces en nuestros blogs o cuentas de redes sociales, que a partir de ahora estarán sujetos al previsible cobro de la tasa (aunque me cueste dinero, miren aquí, donde lo explican bien claro). Pero es que la historia me parece absurda: siempre que en este blog, escrito sin ánimo de lucro, he enlazado a la noticia de algún diario lo he hecho por dos motivos: por honradez profesional, indicando las fuentes relacionadas con lo que escribía, y con ánimo de facilitar el acceso a esa fuente original. Es decir, aumentar, dentro de mis modestas capacidades, las visitas al medio que la publicaba. Y ahora parece que lo que en realidad estoy haciendo es chuparles la sangre. Dios mío. ¿Cuántos EREs periodísticos provocados post a post llevo ya sobre mi conciencia?

Claro que, pensándolo bien, a esto se le puede dar la vuelta.

En la modesta historia de este blog, han tenido lugar algunos hitos significativos. Por ejemplo, que el ABC de Sevilla incluyera en su página web un post que publiqué en septiembre pasado sobre el fallecimiento de un jerezano ilustre; o que Lorenzo Silva enlazara en su blog de Terra otro post que escribí sobre el temible anuncio de la Lotería de Navidad. En ambos casos, las visitas subieron como no se pueden ustedes imaginar, y lo agradecí sinceramente. Otra cosa habría sido si hubieran metido mis textos en sus webs; pero los enlaces llevaban aquí, con lo cual hicieron subir mi número de lectores, mi autoestima, mi vanidad y mi klout.

Eso es lo que, ingenuo de mí, creí entonces. ¡Y ahora resulta que me estaban tangando, y yo sin darme cuenta! Si es que no te puedes fiar ni de los colegas. No, no tengo muy claro cómo lo hacen, pero si lo dice un anteproyecto apoyado (¡y cómo!) por el ministro Wert y refrendado por una ilustre y venerable comisión, entonces es que, sin ninguna duda, me están estafando. ¿Cómo va este humilde juntaletras a llevar la contraria a tanto prohombre como los que ayer estamparon su firma en el documento rapidito, que se les escapaba el tren? Se lo resumo en inglés, que queda más fino: We are throwing the whore into the river unless all of us can have sex with her. Aquí hay que tomar medidas.

Así que, en cuanto publique este post corro a hacerme socio de la Comisión Especializada De Recaudación Oprobiosa (CEDRO) y voy a empezar a reclamar la pasta. Si el ABC tiene que hacer un ERE y Lorenzo Silva ganar dos o tres Planetas más para pagar lo que me deben, lo siento mucho; las reclamaciones, a la Comisión, por abrirme los ojos. Y de paso, voy a llamar también a la Jaguar para que me vayan reservando el descapotable color lila. Porque me parece que es el color que mejor pega con el concepto y desarrollo de este despropósito.

Podemos, el mejor amigo de Rojo y Losantos

9 Jul

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Da igual lo que digan y lo que escriban: que a determinados medios digitales les ha venido Dios a ver en la figura de Pablo Iglesias (por raro que pueda sonar), es algo tan obvio que no merece la pena ni dedicarle un post. No me estoy refiriendo a medios de derechas (posición ideológica que de por sí no tiene, desde luego, nada condenable), ni siquiera a tertulianos como Inda o Marhuenda, que sin el líder de Podemos habrían encontrado otras materias a las que hincarle el colmillo (retorcido). Hablo de portales como Libertad Digital o Periodista Digital, propiedad mayoritaria de Federico Jiménez Losantos y Alfonso Rojo, respectivamente. Esos están que no se lo creen. Dan palmas con las orejas y ruegan porque el nuevo filón tarde un tiempo razonable en agotarse.

La estrategia de comunicación de este tipo de portales está en un plano algo diferente de la mera narración de la actualidad: más bien responde al viejo lema comercial de dar al público lo que quiere. Y su público parece tener una cierta necesidad de malos, de sacos de boxeo, de personajes a los que identificar como enemigos y sobre los que descargar su bilis. Es la gente que primero pincha en la noticia, y tras leerla deja un comentario. Luego vuelve a ver qué más comentarios hay sobre el tema, y si alguien ha respondido al suyo. Y deja otro, para estar de acuerdo o, mejor todavía, para no estarlo y comenzar un intercambio de insultos que se combina con los insultos originales que estaba lanzando al protagonista de la noticia… Y el número de clics en la página sube, sube y sube.

Pero últimamente la galería de personajes andaba un poco seca. Rubalcaba se ha retirado, y los aspirantes a la sucesión no dan, de momento, demasiado juego (ni siquiera Madina, y mira que lo han intentado); Wyoming está de vacaciones, Garzón no enseña demasiado la patita; ningún Bardem ha abierto la boca desde hace semanas. Pero entonces aparece Pablo Iglesias, y en España (en la de ellos) vuelve a amanecer.

Porque lo bueno del asunto es que no sólo te puedes meter con Pablo Iglesias, sino con aquellos que defienden o hacen amago de ello. Algo en lo que se está especializando el medio de Rojo, con unos titulares torticeros donde se refleja la libertad de prensa entendida como la libertad de criticar a los compañeros de profesión que no comparten tu visión destroyer del líder de Podemos. Aquí todo vale, groserías, burlas y calificativos que deberían avergonzar no a quien los recibe, sino a quien los hace.

CAPTURA PD (2)

PANTALLAZO PD 2Hoy no ha sido una excepción; andaba todo muy tranquilo, hasta que a media mañana Podemos ha anunciado su intención de querellarse contra Eduardo Inda y Esperanza Aguirre por sus declaraciones vinculando a Pablo Iglesias, entre otras cosas, con ETA, e insistiendo en que el movimiento ciudadano y su líder apoyan en terrorismo. Bueno. Más allá de cómo evolucione la cosa, vamos a ver qué ha pasado con el tratamiento de la noticia en Libertad Digital.

CAPTURA LD 11,30

Este pantallazo, tomado a las 11:30 de la mañana, muestra la noticia tal y como apareció al principio. Comparado con los que hemos visto antes, el titular no es demasiado fuerte, aunque el antetítulo sí: “Por sus vínculos con ETA”, es decir, con el propio medio asumiendo que esos vínculos con la banda terrorista existen. La noticia acababa de ser publicada. Sólo cuatro comentarios.

CAPTURA LD 13,00

A la una de la tarde, los comentarios ya han aumentado a 130, y el antetítulo ha cambiado ligeramente: “Tras la polémica de sus vínculos con ETA”. Se entiende que lo han intentado suavizar, indicando que eso de los vínculos con los terroristas es el resultado de la polémica… Pero mientras no coloquen la palabra “presuntos” o rematen con unas comillas, se sigue entendiendo que para el diario de Federico, esos vínculos existen y están más que probados.

CAPTURA LD 18,00

Y por último, aquí tenemos un pantallazo más reciente, tomado a las seis de la tarde. La noticia ya ha caído a cuarto lugar en la portada, pero los comentarios han subido a 641, una cantidad que supera con muchísimo la media de los que reciben las noticias de este portal. En cuanto al contenido de los mismos, yo reproduciría aquí alguno, pero este es un blog para todos los públicos.

Así que ya ven. Personalmente me gustaron mucho hace unos días las palabras de otro periodista de derechas de toda la vida, Jose María Carrascal, cuando dijo que había que dejarse de tanto numerito con Podemos y montar debates pausados donde se analizaran las propuestas económicas de su programa. Tenía más razón que un santo, pero no creo que se le vaya a hacer mucho caso. Hay demasiados intereses creados en seguir alimentando a un coco que, al menos en este caso e involuntariamente, se está portando como el mejor aliado de los hermanos Grimm.